—¿¡Qué carajos haces arreglando esta puta mesa como si fueras una sirvienta?! —Le gritó tan endemoniado que Kalha dejó de respirar, ella se estiró para alcanzar el cuaderno y explicarle antes de que se enfureciera más, pero Tobal no estaba dispuesto a darle ni un milímetro de soltura—. ¿Por qué carajos no puedes contestar algo tan jodidamente simple? —“Déjame explicarte, por favor” —Trató de calmarlo, pero eso pareció enfurecerlo más. —¿Por qué no puedes decir unas simples palabras? —La miró a los ojos, con la ira latente en ellos—. ¿Por qué no puedes ser como los demás? —Al ver la insistencia que tenía por llegar a la libreta la alcanzó antes que ella y la destrozó en mil pedazos. —¡Eres la jodida luna de esta manada! —La tomó por los brazos esta vez para que dejara de manotear como una

