capitulo 19

1364 Palabras
—¿Me dirás que te acongoja? —Jonas no quería soltar el tema. —Fue un momento inoportuno en el que llegaste, solo eso —aseveró Cassie y le dio otro sorbo a su café. Llevaban en la cafetería más de media hora, bebía café y miraba furtivo a todos a su alrededor. Cassie, en definitiva, no se sentía a gusto con personas desconocidas a su alrededor. Parecía un ratón de biblioteca sacado a comer helado. —Nadie llora desconsoladamente en su carro por ningún motivo, Cassie. —Intentó tomar su mano, pero ella la retiró con brusquedad. —No soy un experimento social. No necesito tu análisis ni mucho menos tu compasión. Una noche de sexo no debe hacerte pensar que te contaré todo lo que me suceda. —No tienes ni la más remota idea de lo que opino de ti, Cassie Blake, y compasión no es lo que siento ahora mismo entre mis piernas. —Jonas… —¿Tu sobrino vive contigo del todo? —Su cambio de tema fue la luz en el túnel. «Gracias, Jonas, por ser tan bueno». No podía negar el reconocimiento interno. —Solo de vacaciones. Y ya… pues… No supo qué más decir y sus ojos volvieron a llenarse de agua. —¿Cuándo se va? —La miró con esos enormes ojos azules. Cassie se dejó abrazar por su mirada, su calor y su cercanía. Inhaló profundo. —Se va dentro de tres días. —Lo siento. No es divertido estar solo después de que te acostumbras al ruido de los demás. Cassie supuso que se refería a sus sobrinas. No sabía nada de él, ni dónde vivía antes de tener la custodia, ni cómo falleció su hermano. Solo le hincó el diente a los dos días de conocerlo. «Eres excepcional, Cassie». Su martirio personal era su consciencia. Esa loca era como tener otra persona en su cabeza. —Cassie, ¿sigues ahí? —Persie estaba en la otra línea. Esperaba alguna respuesta a algo que ella no escuchó. Vagó al día anterior y repitió cada detalle. Procuró notar en el momento exacto cuándo sus sentimientos cambiaron de claros “00” a turbios. —¿Qué decías? —No encontraba la concentración desde que llegó al trabajo. —El señor James quiere verte en su oficina. «Genial, Cassie, ahora el lobo quiere revancha». Sus ideas se esfumaron nada más llegar a la oficina de Jason. Se puso en guardia y se ajustó la falda negra tipo lápiz que llevaba puesta. Su camisa azul cielo destacaba su piel blanca y el cabello se aseguró de tenerlo arreglado a la perfección. Después de todo, un ex no debía verte como la mierda y menos cuando era tu jefe, incluso sin sentir nada por él más que el infinito desprecio de haberla engañado con Jenine. Cassie se preocupaba porque no la viera descolocada. Ambos se conocían bastante bien. Las preguntas incómodas por parte de él debía evitarlas a todo costo. —Adelante —expresó Jason detrás de la puerta cuando tocó con los nudillos. Cassie caminó con una confianza que recién recuperó. Le resultaba imposible no pensar que se debía al tiempo que pasó con Jonas. Ese hombre le retornó lo que una vez perdió cuando encontró a Jason siéndole infiel: la confianza en sí misma. —¿Me necesitas? —cuestionó ella sin rodeos. —Directa como siempre. —Sonrió y le indicó que tomara asiento. —Prefiero estar de pie si no te molesta. —Como gustes. —¿Para qué me llamaste? —formuló de otra manera la pregunta, cuestión que el encuentro acabara lo más pronto posible. Cierto era que debían verde siempre por cuestiones de trabajo, pero no podía tolerar aún sentirlo tan cerca. —Nos ha surgido una excepcional oferta y la he tomado —informó entonces. —Dime qué necesitas y me pongo a ello de inmediato. —Tranquila, fiera. —Esbozó una sonrisa. Jason James era un hombre bastante apuesto, pero lo que lo hacía tan atractivo era su confianza en sí mismo, en saber con certeza que podía conseguir lo que se propusiera con esfuerzo y sacrificio. —No me gusta tu silencio, Jason, ni cómo le estás dando vueltas, así que déjalo salir. —Es en Washington. «Vaya, eso no me lo esperaba». —¿Cuando te vas? —¿Por qué asumes que me voy yo? —Cruzó sus cejas y la miró con sus ojos sonrientes. Esos ojos azules penetrantes y que tanto amor le ofrecieron una vez. —¿Por qué no he de pensarlo? Eres el encargado. Eso lo asumiría cualquiera con dos dedos de frente. —¿Y si te dijera que en verdad quien asignaré el trabajo es a alguien más capacitado y con más tiempo en la empresa que yo? Después de todo, buscamos lo mejor para la compañía ahora que Frédéric no está dirigiéndola. —Si de tiempo hablamos… Jason la observó y sonrió por completo. —No. —Sí. Necesito que vayas y te hagas cargo de ello. Está de más decir que eres lo mejor que posee la empresa. Solo será cuestión de un mes, máximo dos. Podrás viajar semanal en caso de que lo necesites, aunque ambos sabemos que nadie te necesita en casa. El comentario fuera de lugar no hizo más que empeorarlo todo. La oficina le pareció pequeña y ya no estaba tan confiada. ¿Cómo podía negarse? ¿Quién enviaría entonces? Le prometió a Frédéric que ella ayudaría en todo lo posible a la compañía. Comenzó a molestarle hasta la alfombra que adornaba la oficina, el traje elegante que tan bien le quedaba a Jason y su mirada petulante y realizada. Se sentía su dueño. —Te parece gracioso, ¿verdad? —susurró. —No puedo negar que me causa cierto placer hacer este viaje juntos. —No, definitivamente no. Si quieres que vaya, será sola. Sin ti. Nada de ti en mi estancia en Washington. No vas a joderme más de lo que ya lo hiciste. —Caminó en círculos por toda la oficina. Estaba enojada. Se sentía obligada a aceptar y tentada a renunciar. —¿Qué mejor forma de aprender de este negocio que viéndote trabajar al menos una semana? No digo que vaya a durar el mes contigo allá, pero quiero… necesito involucrarme con esta reconstrucción. Hablamos de miles de dólares. No es poco dinero que estoy poniendo en tus manos, Cas. —No me interesa que cantidad sea, el dinero es lo menos importante aquí. Mi trabajo no radica en cuánto me pagan, sino en darle al cliente lo que sueña. —¿Entonces aceptas? —Se acercó a ella. —Acepto. Ella no sabía cómo era lo que tenía con Jonas, pero no se debía a la responsabilidad de comentarle que se iría y que deseaba que no se enfadara por irse con su ex a un viaje de trabajo. Sentía el pesar de no contarlo. Era algo que se prestaba para malas interpretaciones. —Muy bien. —Jason se acercó tanto que Cassie pudo oler su perfume, el cual le trajo tantos recuerdos que creía haber olvidado. Él subió una mano con intención de tocarla. —No te atrevas. —Se movió. —Es tiempo de perdonarme, cariño —susurró más cerca. Se hacía el tonto y obviaba el hecho de que ella intentaba evitar su contacto. —¿Cómo puedes pedirme perdón? No pensé que fueras tan cínico de acercarte a mí y querer tocarme. —Casi temblaba por la furia. Sus ojos cafés chispeaban de enojo y dolor. Él se detuvo—. Que tenga que trabajar junto a ti no significa que me guste estar a tu lado. Caminó hacia la puerta y movió la cabeza incrédula con lo que acababa de suceder. —Serás mía. Ya lo fuiste una vez. No puede resultar tan difícil volver a enamorarte —soltó Jason. Cassie no perdió su tiempo respondiendo. Su Jasonlímetro llegó a su máximo nivel. Cerró la puerta de un portazo, el cual retumbó en el edificio completo. Primero se mataría antes que caer en sus brazos de nuevo. «Maldito iluso».
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