—Esto lo vamos a arreglar ahora mismo, no puedes ir con el viejo actuando así, se dará cuenta. De nuevo queriendo engañar a ese pobre anciano y su familia. —Edmond, te detes… Cerré la boca y corregí mis últimas palabras cuando vi a Hinata entrar en la cocina. —Te dije que no debías tomar leche. Los lácteos son dañinos cuando no hay equilibrio. ¿Cómo harás con tus gases? Vi a Edmond fruncir el ceño con desconcierto por mi repentino cambio, sobre todo por lo que dije sobre él. Estuvo a punto de reclamarme, pero Hinata se adelantó. —Aquí están. ¿Edmond está bien? Lo miré fijamente, haciéndole entender que me siga la corriente o no me comportaré. Los labios de Edmond se tensaron junto a su mandíbula. —Parece que tengo gases—dijo, volviéndose hacia Hinata. Me acerqué a Edmond y m

