—¿Dónde estabas? —me preguntó Edmond, sin embargo, no dejó de mirar a Grayson con advertencia—. Te he estado buscando desde que llegué. No quería, juro que no quería hacerlo, pero lo hice. Me las apañé para sonreírle sarcásticamente sin pensar en las consecuencias de lo que iba a decir. —Parecías concentrado en tu conversación. No quise interrumpir. Entonces sentí la mirada de Edmond, pero enseguida evité mirarlo. —Edmond Hudson—intervino Grayson con una gran sonrisa—. ¿Cómo estás? Escuché que te casaste. Grayson me miró, con los ojos brillándoles de algo ilícito seguramente. —Ella es Leah Spencer, mi esposa—Edmond me señaló con su mano. Por alguna razón sentí como que fue una señal para hacerle entender que no debía acercarse a mí, así como sucedió con el mesero. Sin embargo, es

