Cada vez que intentaba hacer las cosas bien, ella arrugaba la nariz y todo el esfuerzo y autocontrol que siempre pretendo tener frente a mi familia y enemigos se derretía como hielo al sol. Hace un mes, esa noche en el club nocturno no estaba bien, en la tarde mi abuelo me había dado el ultimátum más trillado, pero él sabía que esa única regla sería difícil de cumplir para mí porque no quería y tampoco necesitaba compromisos, mucho menos ahora que estaba tan cerca de conseguir lo que quería. Sin embargo, me equivoqué con Leah Spencer. Y lo supe desde que la vi, desde que me rechazó esa noche en el club, porque ella desprendía ese aire de inocencia y rebeldía que estaba seguro le encantaría a mi abuelo, pero en consecuencia me volvería loco a mí. Y no conté con que dos días serían suficie

