—Comienzo yo—anunció—. ¿Por qué llegar tan lejos para conseguir esa herencia? —Paso. Arrugó las cejas, y por consiguiente la nariz, como si fuera uno de esos conejos salvajes. —Nunca estipulamos que podía haber un paso—objetó. —Nunca lees entre líneas. —Porque tú creas esos entre líneas a tu conveniencia y cuando quieres. No es jus… —Es importante para mí—le aclaré finalmente, casi a regañadientes—. Eso es todo lo que te diré. ¿Suficiente? —Por ahora—asintió con una sonrisita y me señaló—. Es tu turno. Lo reflexioné por un momento, no había muchas cosas que no supiera de ella. La había mandado a investigar, por lo que demostró ser buena para el papel; una dedicada e inocente maestra de carácter fuerte que proviene del campo, no era el tipo de mujer que ellos esperaban que yo e

