CAPÍTULO DIECISIETE Kyle se apresuró a bajar la escalera, hacia el interior de la cárcel de Venecia, al llegar a los niveles más bajos, notó que era exactamente como la recordaba. Había un techo arqueado bajo, como una bodega y, a uno y otro lado, había docenas de celdas, detrás de gruesos barrotes de hierro. Había mucho ruido allí, cientos de manos de los presos salían a través de los barrotes, lo hombres le gritaban a Kyle mientras caminaba por el pasillo. Kyle no perdió el tiempo. Arrancó las barras de hierro con sus propias manos, y el hierro cedió inclinándose hacia atrás con un gemido, lo suficiente para que el recluso pudiera escurrirse. Lo hizo con cada una de las celdas a su paso, abriendo, una tras otra y, en unos momentos, el pasillo se llenó de prisioneros que se veían encan

