Mi corazón latía tan rápido como podía, debía elegir, debía escoger la elección correcta. Poco a poco comencé a correr hacia la puerta principal, no estaba muy lejos, pero aquellos segundos que tardé en alcanzar el oxidado pomo de hierro. Escuchaba objetos romperse, cuerpos caer al suelo, gritos, llantos, suspiros. Sin embargo, no podía detenerme, ya había tomado una decisión y rezaba porque fuera la correcta. Abrí aquella pesada y chirriante puerta. Pensé en perderme por el bosque, seguir la carretera no sería una gran idea cuando quieres perder de vista a alguien. Entonces alguien rompió la ventana, que acababa de pasar, volando así un par de metros. Miré indecisa, cuando me percaté de quien era. —¡Abuelita! —Aullé preocupada por ella. —¡Lia, corre! —Respondió repitiendo las mismas p

