Por la tarde el chofer me recogió otra vez para llevarme al bufete del abogado de Fabrizio, así que me puse mi mejor traje para verme formal y adecuada. Conocí al agradable y apuesto Dorian Lagos, quien me contó que era uno de los mejores amigos de mi futuro esposo y que me había visto bailar en el Paradis. Yo me puse roja hasta las orejas, lo supe por el calor de mi cara, pero el tema no volvió a ser mencionado. Me explicó que él llevaría todo nuestro proceso matrimonial y posteriormente el divorcio. Fue minucioso al explicarme todos los parámetros y fundamentos legales de los contratos y se aseguró de que no tuviera ninguna duda. Mis manos temblaban cuando me tendió los documentos oficiales para que los firmara, pero tomé la elegante pluma y estampé mi rúbrica en ellos, esperando

