Felipe se asustó y salió corriendo, pero Alaric llegó primero a la oficina de Selene. En cuanto la vio, corrió hacia ella y sostuvo su cuerpo entre sus brazos. —¡Selene, Selene! —la llamó ansiosamente, frunciendo el ceño al ver su rostro enrojecido. No respondía. —Alaric, ¿qué le pasa a Selene? —preguntó Felipe, alarmado. —Tiene fiebre. Hay que llevarla al hospital de inmediato —respondió Alaric, saliendo a grandes zancadas con Selene en brazos. —¡Rápido, llamen al conductor! —ordenó Felipe a su secretaria y siguió a Alaric, visiblemente preocupado. Felipe sentía un dolor profundo en el pecho al ver los labios agrietados de Selene por la fiebre. Rezaba para que no le pasara nada a su “niña”. Por otro lado, Alaric estaba inexplicablemente ansioso. El calor que emanaba el cuerpo de Sel

