Después de todos estos años, Jorge la amaba aún más y estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. No obstante, Ivy no había recurrido a Jorge cuando ideó la trampa para Selene, porque sabía que esa carta solo debía jugarse en el momento más decisivo. —Ahora es el momento —pensó. Ivy sonrió maliciosamente, como una flor hermosa pero venenosa, y marcó el número de Jorge. —¿Jorge? ¿Cómo estás? —¡Ivy! ¡Cuánto tiempo sin llamarme! ¿Qué te pasa? Ha pasado tanto desde que nos vimos... ¿Te invito a cenar? ¿Nos vemos donde siempre? —preguntó Jorge, entusiasmado y con un tono halagador. Ivy reprimió una mueca de desprecio. No pensaba cenar con un perdedor como él, pero su voz sonó suave y dulce: —Jorge, ¿podrías hacerme un favor? —Claro que sí. ¿Qué necesitas? Ivy, sabes que te quiero

