—¿Te he dado permiso para contestar el teléfono? Ivy, ya te advertí que no hicieras cosas a mis espaldas, o te castigaré por ello. —Lucían, lo siento… Perdóname. Es porque te amo demasiado y estoy celosa de que Selene te llame. Solo quise enfadarla un poco. No lo volveré a hacer… Lucían resopló con fastidio y tiró el cigarrillo apagado a la basura. En ese momento, la palma de Ivy temblaba de dolor, enrojecida por una quemadura. —¡Fuera! Ivy se vistió en silencio, conteniendo el dolor y mordiendo su labio con la cabeza agachada. Sus labios, hinchados y rojizos, contrastaban con la palidez de su rostro. Aun así, forzaba una sonrisa trágica, buscando lucir como una figura frágil y conmovedora. Ella sabía cómo explotar su belleza de forma calculada. —Me voy —dijo con voz suave, deteniénd

