Alaric frunció el ceño y observó fijamente a Selene por un largo momento. De repente, tomó el puño apretado de ella y, tras mucho esfuerzo, lo abrió, mostrando una palma sangrienta y llena de heridas, lo que irritó aún más a Alaric. —¡Dios mío, sí que lo hizo con valentía! —exclamó Lucas, sorprendido al ver la palma de Selene manchada de sangre y carne expuesta. —Oye, por mucho que quieras matarlo, espera a que la cure primero. Alaric se apartó en silencio mientras Lucas se apresuraba a tratar las heridas. Cuando terminaron de limpiar la sangre, las heridas en esa delicada palma se veían aún más espantosas. —Qué pena... no sé si quedarán cicatrices —suspiró Lucas. Alaric ya estaba a punto de estallar de ira; si Dante estuviera presente, no dudaría en descuartizarlo. —Menos mal que se

