Reunión Swinger

1809 Palabras
La semana pasó a gran velocidad, para cuando me di cuenta el día que debíamos ir a casa de Nick, había llegado. Sebastián me esperaba al pie de la escalera, con un pantalón de vestir café, y su camisa de manga larga que era cubierta por una sudadera rojo vino; todo se le ajustaba al cuerpo, resaltando su complexión y haciéndolo lucir más alto. Yo decidí usar un vestido de cuero n***o, de mangas largas pero con cintas en toda la extensión de los brazos, sin escotes y ligeramente por encima de la rodilla, ajustado al cuerpo; tenía un cierre a lo largo del vestido en la parte posterior, que lo hacía lucir extremadamente provocativo. Recogí todo mi cabello en una coleta de lado; sin maquille, sólo use labial, así como tampoco utilicé joyería; y terminé por usar unas zapatillas de piso, porque la velada prometía muchas cosas en mi mente, no quería terminar perdiendo algún objeto valioso. -¡Luces increíble! –El tono de voz que utilizó, me hizo saber que estaba cautivado. Me acerqué para besarlo en la mejilla, y me quedé ahí un poco más de lo necesario. –Sebs, me mojé cuando te vi – me apretó contra su cuerpo, riéndose. -¿Quieres que nos quedemos? –Comenzó a besarme por el cuello y sus manos se deslizaban sobre el vestido. -No lo sé – admití con los ojos cerrados, mientras me dejaba llevar por sus besos y caricias. Se escuchó mi celular sonar, y supe que era un mensaje; Sebastián se apartó de mí, sonriendo. Saqué el celular del bolso, para ver que el remitente era Nat: **Natalia: ¿A qué hora llegarás? ** Le mostré el mensaje a Sebastián, y ambos sabíamos, que de no haber sido por ella, ya estaríamos con destino a alguna de nuestras habitaciones. Respondí el mensaje, haciéndole saber que íbamos de salida, sería cuestión de minutos para que arribáramos. Llegamos a una zona residencial, había una amplia variedad de fachadas, pero los amplios jardínes al frente me encantaron. La casa de Nick, tenía un estilo toscano; lo supe, porque era mi favorito. Una vez que atravesamos la puerta, una persona nos recibió, ayudándonos con los abrigos y mi bolso. -¡Qué bueno que pudieron llegar! -Encontramos a Nick, quien de inmediato nos recibió con una sonrisa. -Nat anda por ahí - dijo despreocupado, señalando todo el lugar. -Están en su casa -Sebastián y yo nos apresuramos a agradecerle. -En unos minutos más comenzaremos unos juegos, por lo pronto, allá está el área de bebidas y aperitivos - apuntó hacia el lugar. -¡Diviértanse! -Terminó de hablar, colocando una mano sobre el hombro de Sebastián. -Ahora, si me disculpan - se excusó y se retiró tan rápido, como había aparecido frente a nosotros. Caminamos juntos hacia las bebidas, observando todo a nuestro alrededor. Había parejas conversando, grupos de un solo sexo también hablando, y de nuevo me percaté que sólo había alcohol en esa reunión. Ambos elegimos beber vino tinto, mientras seguíamos observando cómo era la dinámica del lugar. -¡Alexa! -La conocida voz se escuchó en la distancia, Natalia venía a mi encuentro para abrazarme sin reservas. Le correspondí el abrazo y besé su mejilla para saludarla. -¡Ven! -Tomó mi mano jalándome. -Te la voy a robar, mézclate - le dijo a Sebastián. Me arrastró a un grupo de mujeres, que estaban expresándose deshinibidamente de los hombres más atractivos de la casa; pero antes de que pudiera presentarme, las luces de la habitación se apagaron y encendieron como aviso. Rápidamente todas las mujeres se movilizaron hacia un solo lado, mientras los hombres caminaban hacia el otro, quedando separados por género. Los focos se volvieron a apagar, para que la música comenzara y unas tenues luces se encendieron, dejando ver en penumbras al grupo de mujeres bailando sensualmente. Sentí a alguien que se pegó a mi cuerpo desde atrás, giré mi rostro y para mi sorpresa era Natalia. -Eres muy atractiva Alexa - dijo en mi oído, mientras sus manos estaban en mi cintura, atrayéndome hacia su cuerpo, sintiendo como sus enormes pechos estaban aplastándose en mi espalda. -Siempre me has parecido muy hermosa - me giré completamente para verla, con una mezcla de incertidumbre, incomprensión y miedo; mientras la mirada de ella era de deseo. -No quiero, que lo que va a pasar en las próximas horas interfiera con nuestra amistad. - -¿Qué va a suceder Nat? -Pregunté pretendiendo ingenuidad, porque muy dentro de mí sabía lo que me estaba proponiendo. Sonrió con condescendencia, ladeando su rostro. -Lo sabes; pero quiero que nuestra amistad siga intacta. Si prometemos que esto sólo se quedara aquí, me encantaría llevarte a otro lugar - tragué saliva, mi corazón se aceleró y a pesar del pánico que me invadió, no me dejé dominar por él. -Lo prometo - sonrió con complacencia, y se lanzó a mis labios. El beso no era como los de Sebastián, ese era más sucio, dejaba saliva por todas partes y su lengua exploraba mi boca hasta lo más profundo. No sabía lo que intentaba, pero me hacía dar ligeros pasos hacia atrás, hasta que en algún punto choqué contra un hombre, lo supe porque sentí la erección. En ese momento, Natalia terminó el beso, dándome oportunidad de girar mi rostro, para percatarme que era Sebastián quien estaba detrás de mí. Me cargó como princesa, y repentinamente Nick ya estaba cargando a Nat en su hombro, burlándose. -¡Idiota! -La escuché decir, mientras Sebastián los seguía. Llegamos a una habitación, que a decir verdad no pude reparar en detallarla, porque fue el turno de Sebastián para tener mis labios. Sentí algunas manos sobre mí, y concentrándome conté 4, para después escuchar el cierre de mi vestido. Sebastián dejó de besarme, para tomar un par de pasos de distancia de mí, mientras era Natalia la que me desvestía, Nick le quitaba la ropa a ella y yo veía a Sebastián frente a mí, desnudándose por completo. Sebastián se acercó a mí, y en un movimiento me tenía sobre la cama en cuatro; deslizándose en mi interior, tomó mi cabello, forzándome a hacer la cabeza hacia atrás. -¡Cómetela Bebé! -Me dijo al oído, mientras veía a Natalia acomodándose frente a mí. Su piel era tan blanca, que los tatuajes resaltaban haciéndola lucir extremadamente seductora; y entendí porque siempre los tenía cubiertos con la ropa. La tenía enfrente, abierta de piernas, y sin saber a ciencia cierta qué hacer, toqué con mi lengua su clítoris. Levantó sus caderas y la escuché jadear. Dejando a mi instinto actuar, jugaba con mi lengua sobre ella, mientras saboreaba la salinidad de su interior; en ese instante me pregunté: ¿cómo se sentiría tocar sus pechos? Y entonces, lo hice. Natalia era de pechos grandes, mientras que yo apenas si llegaba al promedio; descubriendo que tocarla en medio de todo el acto, me provocó un placer inexplicable. Levanté mi rostro para verla, pero frente a mí estaba Nick de lado, que metía y sacaba su m*****o de la boca de Nat. Sebastián nos obligó a un cambio de posición, salió para acostarme boca arriba; mientras Nick volteaba a Nat, colocándola en cuatro a un lado de mí; y ambos continuaron penetrándonos desenfrenadamente. Nick le pasó algo a Sebastián, supongo que un condón, porque escuché el sonido metálico rasgándose, y en cuestión de segundos habían cambiado; sería Nick quien tendría sexo conmigo. Le dediqué una mirada fugaz, para observar con un poco de temor a Sebastián, esa sería la primera vez que alguien que no fuera él, me tocaría de aquella manera. Cerré los ojos tan pronto sentí el m*****o de Nick conociendo mi interior. -¡Oh Bebé! -Escuché a Sebastián, haciéndome abrir los ojos y verlo. Sus ojos color miel destilaban deseo sobre mí. Nuestro contacto visual duró poco, porque Natalia se acercó, besándome con lujuria, y ambas tocábamos nuestros pechos. Me estaba dejando llevar por el deseo y el placer, que sin preverlo, el orgasmo se adueñó de mi cuerpo. Abrí mis ojos de súbito, sintiéndome culpable, Nick me había hecho terminar. Nick levantó mis piernas, colocándolas sobre su hombro, y sus movimientos se hicieron más salvajes; mientras yo, seguía debatiéndome con el hecho de que había alcanzado el clímax. Dejé de sentir a Nick; preste atención y era Sebastián jalando de mi mano. Lo vi quitándose el condón, y sentarse en la cama. -Ven acá Bebé, móntame - me dijo con su voz llena de lujuria. -Yo... - dudé, mientras era él quien me acomodaba sobre su falo. Me dio una mirada de duda. -Soy yo Bebé, siénteme - sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, esas manos que sabían dónde tocar, cómo provocarme. Alcanzó mis labios, para besarme con ternura, arrastrándome de nuevo al placer, a lo carnal, y me dejé ir una vez más. Tomé el ritmo, sintiendo en lo más profundo de mi cuerpo formarse el remolino de sensaciones, de placer y las sustancias que mi cerebro liberaba durante el orgasmo; para mi sorpresa, Sebastián me hizo alcanzar otra vez el éxtasis. Abrí los ojos, regresando a la habitación, los brazos de Sebastián me sujetaban de la espalda, y sus manos de los hombros, penetrándome con fuerza; que a decir verdad, duraron poco, porque sus palpitaciones las sentí casi de inmediato. Se quedó abrazándome unos segundos, al fondo escuché los jadeos y gemidos de Natalia y Nick, parecía que aún no terminaban. -¡Te amo Bebé! -La voz de Sebastián me llevó hacia él. Me separé para tomarlo de sus mejillas. -¡Y yo te amo a ti Sebs! -Dije viéndolo a los ojos. Me dio una sonrisa y nos levantó a ambos, para sumergirnos en otro beso lleno de amor. Cuando Sebastián terminó el beso, Natalia y Nick estaban boca arriba sobre la cama, con sus respiraciones agitadas, supuse que habían culminado. Comenzamos a vestirnos, y ellos se levantaron para hacer lo mismo, para salir de la habitación entre risas. -¡Vamos! La noche apenas comienza - nos dijo Natalia muy animada. -Creo que para nosotros es suficiente por hoy - pero Sebastián la desalentó al instante, mientras yo me abracé a su cuerpo, sonriendo. Natalia hizo una expresión de terror, pero Nick la abrazó por lo hombros. -Volverán, ¿cierto? –Fue el turno de Nick de cuestionar. -Esperemos que sí - respondió Sebastián, y eso tranquilizó a Natalia. -¿Salimos a comer en estos días? -Me preguntó Nat, con esa expresión que ya conocía. -Sí, te hablo - dije como si nada, y Nat se lanzó a abrazarnos a ambos. Salimos de la casa con una nueva experiencia en nuestras mentes y cuerpos. No sabía que había pasado con exactitud, pero en definitiva algo en mi interior necesitaba ser resulto.
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