Ejercicio matutino

546 Palabras
Desperté con una pierna sobre las mías, un brazo rodeando mi cintura, con esa mano atrapando uno de mis pechos, y un pene tieso detrás de mis nalgas. Su respiración era tan profunda, que llegaba a dar ligeros ronquidos, así que definitivamente estaba dormido; al menos su conciencia, porque su cuerpo estaba listo para una ronda más. Me moví ligeramente para acoplar nuestros cuerpos, y sin preámbulos me clave en su rigidez, disfrutando una vez más el deleite de tenerlo dentro de mí. Sebastián gimió con desenfreno, abrazándome con intensidad e intentando hundirse más, como si hubiera querido partirme. Sus movimientos parecían desesperados, besaba con descuido mi cuello y daba ligeros mordiscos sobre mi hombro. –Bebé, me estás volviendo loco – dijo entre jadeos. Se alejó de mí, tomándome de las manos. –¡Ven! ¡Quiero verte! Arriba bebé – me senté sobre él, sintiendo de nuevo su longitud abriéndose paso en mi interior. Llevaba el ritmo, mientras Sebastián se deleitaba acariciando mi cuerpo a placer, paseando desde mi cadera, mis muslos, mi cintura, mi pecho, mi cuello; hasta que no pude contenerme más, aumenté el ritmo para alcanzar el clímax. –¡Mírame Alex! –Escuché en la lejanía, y abrí los ojos para encontrarme con la mirada dulce de Sebastián. –¡Te amo! –Me tomó de las caderas, para tomar el control de los movimientos, hasta que vi en él todas las señales de su orgasmo. Me dejé caer sobre él, tratando de abrazarlo. –Te amo Sebastián – le dije al oído, para sentir sus brazos rodeándome. Se giró conmigo en la cama, siendo su turno de estar arriba y me besó; un beso dulce, romántico, cariñoso, lleno de amor y ternura. Terminó el beso, y se dejó caer a un lado de mí, para jalarme y abrazarme desde atrás. –Me encanta tenerte así de cerca – y plantó otro beso en mi coronilla. -A mí también me gusta, me hace sentir tan bien – confesé. -Tengo que decirte algo – sus palabras cambiaron por completo mi actitud, me puse en alerta. Lo escuché suspirar. –Tus amigos, Nick y Natalia, nos invitaron a una fiesta – fruncí el ceño, porque mi imaginación comenzó a armar posibles escenarios. -¿Recuerdas la fiesta en casa de Natalia? –Era momento de decirle. -Si – respondió rápidamente. -¿Recuerdas que te dije que era una fiesta exclusivamente de mujeres? -Sí, estaba indecisa y un poco nerviosa; le estaba dando muchas vueltas al asunto. Se acercó a besar mi hombro. -¿Tuviste un encuentro lésbico Alexa? –Cuestionó directamente. -No – me apresuré a darle una respuesta. –Pero… - y me quedé callada. Me dio la vuelta con prisa y sus ojos miel se clavaron en los míos, expectantes. -¿Pero? –Preguntó. -Bueno… Creo que… Quisiera probar – abrió la boca, sin poder disimular su sorpresa y a la vez su excitación. -Esa fiesta sería algo distinto, pero creo que vale la pena que vayamos, ¿estás de acuerdo? –Y sin saber con exactitud en qué me estaba metiendo, acepté. La sola idea me fascinaba, aun cuando la mayor parte de las veces, en tu mente las cosas son mejores que en la realidad.
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