Primer encuentro
Eran aproximadamente las dos de la tarde, un día espectacular de primavera, Leonardo Mancini hijo menor del poderoso e imponente rey de la mafia en Italia; se encontraba como siempre muy bien vestido, debido a que hoy sería su matrimonio.
Más que nada se encontraba bastante ansioso, todo por el regalo que iba a recibir por parte de su padre, ya que luego de obtener matrimonio lo iba a nombrar como el sucesor de aquel trono. Sus hermanos no eran lo suficientemente aptos para ocupar ese lugar tan importante y eso era realmente favorable para Leonardo.
La boda se celebraba a las afueras de la ciudad, en una imponente y majestuosa casa perteneciente a la familia Mancini, por decisión de Leonardo todo se encontraba listo en el patio trasero.
Era el lugar en donde su madre se había casado y él más que nadie sabía lo relevante que era esto por el significado que tenía para su padre.
Leonardo miró todo, tomó una copa de vodka y lo bebió todo mientras admiraba a su alrededor como todos le rendían pleitesía.
Allí se encontraban presentes sus dos hermanos, cada uno con sus respectiva esposa e hijos, su padre, unos pocos amigos de la familia, socios. Lo más importante con esta boda eran las alianzas que iba a hacer Leonardo, todo con tal de sacar ventaja en el futuro con sus negocios ocultos, esos que tenía sin que ni un solo m*****o de su familia se dieran cuenta.
Leonardo es un hombre que actúa de manera minuciosa, siempre oculta sus sentimientos y más si se encuentra en público, dio unos cuantos pasos acercándose a su padre, quien lo observaba con aquella mirada a la cual todos temían.
—¿Qué sucede Leonardo?, todas estas personas están en espera, sí eso es ahora como será después, con el paso del tiempo todos se van a burlar de ti y nadie te va a tomar en serio.
Si no eres capaz de manejar a tu esposa, ¿qué puedo pensar de los negocios que van a quedar en tus manos?
»Recuerda que esta es la maldita imagen que vas a dar de ahora en adelante. No quiero tener que anunciar que me equivoqué escogiendote… porque si eso llega a pasar, haré como si estuvieras muerto.
—Vendrá pronto, lo aseguro padre. No me presiones, ninguno de mis movimientos son con pasos en falso. ¡Ya es suficiente con que me hagas casar!
—Eso espero Leonardo, un Mancini jamás se equivoca y espero que tu no seas el primero.
Leonardo al ver que su padre se aleja, no puede dejar de observar a sus hermanos que se ríen con ironía. Él tensa todo su cuerpo, queriendo ponerlos en su lugar; su padre tiene razón, ningún Mancini se equivoca y él no será el primero.
Mientras tanto, a unos cuantos metros del lugar donde se encontraba Leonardo, se encontraba Matteo, la mano derecha de Leonardo, quien desde un principio mostró su lealtad al hijo menor del rey de la mafia, desde entonces trabaja para Leonardo día y noche. Él está dispuesto a dar la vida si es necesario, con tal que Leonardo esté bien.
Uno de sus esbirros se acercó a Matteo, tratando de ser cauteloso con la información que iba a dar inclinando su rostro para hablarle en su oído.
—La camioneta donde ella venía ha sido emboscada, ha volado en mil pedazos y ninguno de los que venía en su interior ha quedado con vida —Matteo de inmediato escupió el trago que había en su boca, debido a que sabía perfectamente lo que iba a suceder una vez Leonardo se enterara de lo sucedido.
—¿Qué mierda estás diciendo, acaso no tomaron la ruta que con anterioridad les informé? Saben que tenemos a unos cuantos detrás y hoy no podían confiarse.
—Sí. Ella junto a sus padres tan solo quedaron en pequeños trozos, siendo casi imposible de recoger. Había una nota en medio del escombro, en donde especificaba que cualquiera que intente hacer feliz a Leonardo volará en mil pedazos.
Matteo conectó la mirada con aquel hombre y luego él inclinó la cabeza.
—¿Quiénes estaban a cargo de la seguridad para que ella estuviera aquí?
Matteo sabía que debía acabar con la vida de aquel hombre que estaba a cargo de tan importante responsabilidad, porque de lo contrario Leonardo acabaría con su vida sin importar que fuera su mano derecha.
—Fueron acribillados todos, han acabado con todos asegurándose de que no quedaran testigos.
—¿Me estás queriendo decir que más de dos docenas de hombres fueron liquidados sin dejar el más mínimo rastro? —aquel hombre asintió. Mientras que Matteo sonrió agriamente.
Con un gesto en su cara Matteo le indicó que se marchara; luego le hizo señas a Leonardo para hablar con él.
—¿Qué sucede? ¡habla de una vez! —exclamó tensando la mandíbula mostrando su enojo.
—Está muerta —Leonardo dio un paso adelante quedando muy cerca de Matteo, bajando la mirada debido a que él era un poco más alto que su mano derecha.
—¿Estás hablando de la mujer con la que me iba a casar? —Matteo asintió levemente sintiéndose incapaz de responder con una palabra.
Leonardo pasó la mano por su barbilla, todo esto hacía que su sangre hirviera.
—Mira Matteo, llevas muchos años a mi servicio, me conoces muy bien y también sabes perfectamente que no tengo límites, y en donde esto sea una maldita broma, te hago añicos.
—No es broma, se encargaron de calcinarla… Ya están buscando cual de los bandos fue, quien mierda se atrevió, pero no dejaron muchas pistas.
—¡Debo casarme, maldita sea! esto no es un maldito juego. Tienes unos cuantos minutos para conseguir una mujer para que esta ceremonia continúe —de inmediato Matteo levantó la mirada y la fijó en él quedando completamente sorprendido—. Porque el que tiene ganas de calcinar en estos momentos a alguien soy yo.
»No hagas esa maldita cara, porque donde no lo hagas te juro que voy a acabar con toda tu familia, tanto así que llegaré a picar hasta el maldito perro y te lo haré comer a ti antes de acabar con tu mugrosa vida —Matteo pasó saliva ante la advertencia de su jefe, sabía perfectamente que él no bromeaba.
»Por tú bien, espero que encuentres a la mujer indicada, recuerda que será una boda no una maldita broma, yo de ti ya me hubiera marchado, porque cada minuto que pasa es un minuto menos de vida de tu familia.
Matteo asintió y salió de lugar como perro regañado en búsqueda de aquella mujer, siempre solía andar muy bien escoltado debido a que era la mano derecha de Leonardo, pero en esta ocasión dada las advertencias tan solo salió en una camioneta blindada con cuatro de sus mejores hombres.
Yendo a toda prisa en búsqueda de una mujer joven y que por lo menos fuera apuesta era la prioridad que tenía Matteo en estos momentos, el destino conspiraba en su contra ya que no encontraba a aquella mujer digna de ser la esposa de Leonardo.
Una mala decisión al llevar a la mujer equivocada conllevaría a fuertes calamidades sobre él y su familia. Atravesando el cementerio central, Matteo logró ver que venía desde el interior dando pasos cortos una mujer joven con cabello castaño y su cuerpo delgado.
—¡Alto! La hemos encontrado —Matteo sonrió, era perfecta para su jefe.
La reacción de Matteo al igual que de los hombres que lo acompañaban fueron tan eficientes que ni siquiera le dieron la más mínima posibilidad a aquella mujer en reaccionar.
La subieron a la camioneta mientras que ella se encontraba inconsciente, en el rostro de Matteo ya no había tanto temor como en un principio. Le pusieron una venda en la boca y la amarraron en sus manos y pies.
Yendo de regreso se detuvieron frente de una tienda de vestidos de novia, el hecho de llegar de manera imprevista a aquella mujer le colocaron un vestido de exhibición, el cual no le quedaba nada mal, todo lo contrario resaltaba el tono de su piel.
Amaranta, en un descuido luego de que le pusieran el vestido logró soltar una de sus manos, ella intentó defenderse con algunos golpes que fueron en vano.
—Quietos todos, recuerden para donde es que ella va y un golpe en su rostro quedaría muy mal para las fotografías —dijo Matteo fríamente, haciendo que ella sintiera escalofríos.
—Detengan la maldita camioneta ahora mismo, se han equivocado de persona —ella dice en un sollozo—, si lo que quieren es dinero les informo que no tengo ni siquiera un centavo donde caer muerta.
—No estamos interesados en tu mugroso dinero, estás aquí por un motivo completamente diferente —ella giró la cabeza fijando la mirada en Matteo—. Dentro de muy poco tiempo vamos a llegar a un lugar donde van a ver muchos invitados, así que te vas a comportar a la altura porque de lo contrario la pagarás muy caro. Somos expertos en matar zorras.
—Me comporto como a mí me plazca, no tengo que comportarme de ninguna manera en que un desgraciado me lo diga, déjame ir ahora mismo, porque esto es un maldito secuestro. Y si no me sueltan, se darán cuenta de lo que es capaz una zorra como dicen.
Matteo sonrió, nada le daba más temor que Leonardo. Él sacó un pañuelo e hizo que ella inhalara cloroformo dejándola inconsciente.
Sus pupilas se dilataron, dejándola inconsciente, al menos por el tiempo en el que tardaron en llegar. La camioneta se detuvo frente de la entrada principal, fueron todos directo al patio trasero.
Luego de unos cuantos minutos, ella comenzó a recuperar la consciencia, aunque no mucho porque aún se sentía perdida.
Matteo tomó la mano de aquella mujer y la colocó en su antebrazo, dando pasos cortos fueron directo al altar. Ella se sentía mareada, no sabía que estaba pasando, pero por inercia caminó.
Leonardo abrió los ojos admirando la eficiencia de su hombre, finalmente podría casarse. Era hermosa, debía admitirlo. Sin embargo, no le daba la talla, no era nada comparada a la mujer con la que se iba a casar en un inicio.
—Jefe, perdón por la demora, su nombre es Amaranta Lorusso, el resto de la información se la daré luego de su boda. Solo puedo decir… felicidades —Leonardo curvó una sonrisa y luego asintió.
—Buen trabajo Matteo, recibirás una buena recompensa.
Al dar inicio la ceremonia Amaranta comenzó a despertar en una realidad que no esperaba, de inmediato Leonardo se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, claramente debía hacer algo antes de que aquella mujer arruinara todo lo que había planeado. La boda se iba a efectuar en contra de su voluntad si era necesario.
—¿Dónde estoy? ¿Quién es usted? —preguntó mientras intentó soltarse de la mano de Leonardo.
—Escúchame muy bien, te encuentras aquí porque vas a ser mi esposa, te sugiero que hagas todo lo que te indique, porque de lo contrario acabaré con todas las personas que conozcas y yo no me ando con rodeos —él dijo tan cerca que ella sintió náuseas—. Estoy armado, como cada maldita persona aquí, tu haces alguna estupidez y te haré agonizar mientras vez como toda tu vida se va a la basura.
—Pero… ¿por qué debo casarme? esto es una broma, una pesadilla ¿verdad?
—Vas a hacer lo que te pido y no hay marcha atrás, ni respuestas ni nada —él afirmó con severidad, mientras conectaba su mirada fría y espeluznante en la dulce mirada de ella provocando que todo su cuerpo se estremeciera.
—Lo haré, solo no me haga daño, ni a mi familia.
El cuerpo de Amaranta temblaba por completo, no lograba comprender cual había sido su error para que hubiera terminado de esta manera, no cabía duda alguna que este era el peor lugar en el cual ella pudo haber llegado.