Capitulo 1: Fuga

1100 Palabras
Se cumplía ya las laudes en una madrugada fría y solitaria en las calles de Sevilla, donde los días y las noches eran totalmente diferentes; en una mostraba el rostro más bello de una dama mientras que por otro lado era la más terrible pesadilla de las personas. Se encontraba ahora una chica de aproximadamente unos 17 años de edad, cabellos marrones, estatura medianamente pequeña, con los músculos ligeramente desarrollados; corriendo de unos tres hombres que buscaban para atraparla y llevarla a quien sabe donde. -¡Mocosa de m****a, mas te vale que dejes de correr ahora mismo, ¡sino te irá peor!- Gritaba el último de los hombres que la perseguía. -¡El jefe te matará si no vuelves, solo regresa y tal vez sea capaz de perdonarte!- Dijo mientras caminaba y se tronaba los dedos al ir perdiendo la paciencia. Ella solo se mantenía callada corriendo mientras tiraba lo que encontraba para poder dificultarle el paso a sus asaltantes, cada vez sus pasos se volvían mas lentos, las gotas de sudor corrían de su frente, pero no podía ceder, sabía lo que le esperaba por la traición, más aún por dejar a su jefe sin probabilidad de tener hijos. Minutos antes... -Awww mi querida Lazciel, siempre supe que eras muy lista, pero no que eras capaz de traicionarme- dijo el jefe con cara amable mientras se levantaba de su asiento hacia la chica. -Pero de qué me está hablando jefe, yo nunca sería capaz de traicionarlo, usted ha realizado mucho por mí- hizo una reverencia después de lo dicho -Yo entregaría mi vida por usted, desde que me defendió de aquellos...- Apretó los puños poniéndose en posición erguida -Tenga por seguro que nun... ¡Plaf¡ -Retumbó el sonido de la cachetada en la sala- -J-jefe... p-porque...- mencionaba la chica impresionada por la acción del hombre de unos 40 años de edad. -No hay necesidad que sigas mintiéndome pequeñaja... más bien déjame felicitarte, tuviste una buena actuación- El jefe solo dirigió una mirada a sus guardias para que se retiren y los dejen a solas, con la menor aún en shock por el golpe, pero con una ligera sonrisa en sus labios. -Así que te diste cuenta he?! Te tomó tiempo sabes, pero bueno qué más da, ya sabes que pienso dejar este m*****o lugar, no aguanto más, todos son unos asquerosos de m****a que se acuestan con aquellas mujeres que algunas no quieren, pero tienen que hacerlo por temor a ti- dijo escupiendo al piso la sangre que salió después de la bofetada. -A ver, a ver, mi querida Lazi, parece que aún no entiendes el papel que desarrollas tú aquí ¿no?- decía dejando su bastón sobre la mesa y sentándose en el sillón y abriendo las piernas ligeramente -Ven aquí gatita... Tu y yo tenemos pendientes, de paso quiero que reflexiones sobre tus acciones- -Así que mi papel he?...- decía mientras se acercaba cada vez más donde la habían llamado -en primera, yo solo me encargo de la seguridad de tus prostitutas y que una que otra vez haya tenido que reemplazarlas en el tubo, no me incluye con ellas, y a qué pendientes te refieres...- -Oh! vamos tu sabes lo que quiero... y deja ya de hablar- dijo desabrochando su pantalón y comenzando a masajear su m*****o -Esta noche vamos a divertirnos.... Ah, es cierto, tú hasta ahora sigues virgen, hasta ahora no entiendo como lograste eso... pero ya no importa...- decía el hombre comenzando a excitarse. La castañuela deslizó una navaja debajo de su manga sin que el viejo decrépito se diera cuenta, continuaba con sus pasos firmes, a unos 2 pasos la joven se arrodilló y comenzó a mirar el m*****o que ya estaba erecto. Con un hábil movimiento del brazo, le sujeta el cuello con una feroz fuerza que había ocultado siempre, mientras que con la otra mano le clava unas dos veces la navaja en los testículos haciendo que el hombre grite. -¡¡MALDITA p***a ENFERMA, QUE FUE LO QUE ME ACABAS DE HACER!! ¡¡¿¿ ESTAS LOCA O QUÉ ??¡¡- Decía el hombre tocándose su parte noble para tratar de detener el sangrado mientras que la chica se dirigió a la puerta para ponerle seguro. -Um... yo no diría una p***a, esas son las mujeres que ahora se encuentra teniendo sexo en las habitaciones continuas, pero bueno, y sobre si estoy loca... puede que sí- dijo con una sonrisa de satisfacción en los labios l******o la sangre que había quedado en la navaja -Ay pequeñito, tu no sabes con la desquiciada que te encontraste... ¿Sabes?, no sé cómo pude aguantar tantos años contigo, pero bueno, por fin me iré, así que por fin te diré adiós, pero antes...- La chica cogiendo nuevamente la navaja, cortó el m*****o y luego agarró un jarrón, primero admirando lo hermoso que era, para luego romperlo en la cabeza del hombre -Para que nunca más... vuelvas a v****r mujeres hijo de puta...- susurrando lo último. Solo se escuchó el sonido de el jarrón romperse y los golpes hacia la puerta cesaron, para cuando los guardias lograron entrar, Lazciel ya se había escapado por la ventana, su jefe estaba recién recuperando la conciencia perdida. -¡Que me hacen mirando par de imbéciles, vayan tras esa maldita! -Decía el jefe mientras se limpiaba la sangre y se suturaba con la ayuda de un botiquín. Al recordar eso, la chica sonrió un poco, no se escuchaban los pasos de los otros tres hombres, eran como si hubieran desaparecido, pero eso era imposible, ya que no es de leones dejar ir a su presa preferida. -Con que aquí estabas pequeñita...- hacía mención apareciendo por la espalda de la chica, sorprendiendo a la mencionada. -¿Qué pasó? ¿ya no puedes correr más? ¿acaso te cansaste pequeña zorra?- decía en tono burlesco mientras se iba acercando lentamente a la chica. Ella solo les apuntaba con la navaja vigilando que ninguno de ellos se acerque más de lo debido. -Yo no volveré ahí nunca más, así que o me dejan ir... o les irá peor que a su jefe- Pronunció lo último mirándolos fijamente, sin dejar de apuntarle con el arma blanca. Durante el silencio que se promulgaba en la situación, se escucharon tres disparos. Segundos después, los tres hombres estaban en el suelo tirados gritando de dolor; la menor solo aprovechó ese momento para poder correr y alejarse de ese lugar lo más rápido de ahí. Dejando a aquella persona sola con los tres hombres malheridos.
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