Capitulo 2: Encuentro

1463 Palabras
Habían pasado unos días desde que Lazciel desapareció y el jefe no sabía nada de ella, ya la daban por muerta en el lugar, o eso creía; mientras que por otro lado ella estaba trabajando en una cafetería en la cual se encargaba de la contabilidad del local. -Emma, estas son las facturas del día de hoy, supongo que ya te falta poco para que las termines de contabilizarlas- -Sí, es cierto Araceli, muchas gracias por pasarme las últimas facturas, supongo que como ya terminó tu turno te vas... Cuídate mucho- mencionando lo último sonriéndole a la chica. Lazciel, o mejor dicho Emma, comenzó a usar su alías, o mejor dicho el nombre que su madre quiso que tuviera cuando nació, y que nadie sabía para poder proteger su identidad, además que se cortó el cabello, cambió totalmente su apariencia, se había pintado el cabello de n***o, con algunas puntas moradas sin dejar su esencia sacando su verdadera forma de ser; cualquiera que la viera no la podría reconocer. Después que logró escapar, utilizó el dinero que tenía ahorrado y el que le dio Iván para poder cambiar su estilo, también conseguir así un trabajo digno, fuera de lo malo. Pero había algo que a ella le inquietaba: la intriga de quién fue aquella persona que disparó, para que ella pudiera escapar. Por otro lado... -¿Alguien sabe algo de ella o pudieron ubicar su paradero?... ¡Necesito su paradero ya!- Dijo aquel joven hombre. -Jefe, no la hemos encontrado por ningún lado... esa chica ya debe estar muerta, sería mejor que dejemos de buscar, ya que últimamente tenemos mayor clientela que otros dí...- Un puñetazo interrumpió al mayor de los guardias, el jefe le dirigió la mirada al trabajador y este ya se había dado cuenta de el error que había cometido de poder creerse con potestad de que hacer o no con las órdenes del jefe, solo se dignó a bajar la mirada. -Pero bueno, al fin y al cabo tienes razón mi querido colega, dejaremos de buscar a esa maldita, sin embargo cualquier dato de ella estaremos alerta y deberán informarme si saben algo, mientras tanto yo tengo unos asuntos que tratar con mi querido Iván...- decía con una sonrisa maliciosa mientras que agitaba la mano haciendo que los guardias se retiraran. Un hombre de edad ya avanzada, con bastantes canas y el semblante medio acabado, unos ojos negros pero una cálida mirada dijo: - Tu sabias que nuestra querida Lazciel planeaba dejar nuestro hogar ¿no es así Iván? El anciano solo se quedó callado, aceptando la culpa. - Ay Iván, Iván... pero qué te pasó, ¿esa pequeña m****a te sedució con sus encantos para que no me digas nada sobre su plan de largarse de nuestro querido hogar?- en su mismo sitio golpeaba una y otra vez con la punta de su bastón el suelo con un ritmo constante, haciendo que Iván vaya recordando a su pequeña niña de hace años. Se encontraban dos personas en un campo, al frente de la casa de madera que habían alquilado, un hombre y una pequeña niña que estaban haciendo un picnic. -¡Papá! trajiste la torta que más me gusta, ¡¡sii!!- Daba gritos de felicidad y corría alrededor de la manta donde comería. -Mi pequeña Celeste, no corras que ensuciaras tu preciada torta y el pollo al horno que tanto nos costó cocinar- dijo mientras terminaba de colocar los refrescos. Era un ambiente totalmente agradable, pura alegría, las risas de Celeste acompañadas de Iván, su padre, contando uno que otra anécdota, las sonrisas de la niña que parecía nunca desaparecer. Ya habían terminado de comer, estaban guardando los platos para que puedan ya entrar a la casa, pero cuando Iván se regresó de dejar algunas cosas en la casa, no encontró a su hija. - ¿Papá? ¡¿Estás ahí?! -Decía una pequeña de unos 8 años de edad, de cabellos castaños, ojos cafés y de tez clara, hermosa sonrisa y una voz muy melodiosa; con sus pequeños pasos se acercaba aquel verde pastizal. Aquel señor de cabellos negros y tez clara, volvía a buscar una y otra vez. Mientras que por otro lado, la pequeña gritaba el nombre de su padre, para que este la encontrará, sin obtener un buen resultado. Ya habían pasado por lo menos dos horas, la niña seguía caminando con la esperanza de que su papá la encontrara sin darse cuenta que más se adentraba en el pastizal que la cubría por completo, haciéndole difícil las cosas que veía. -¡CELESTE!, ¡¡¿¿HIJA DONDE ESTAS??!! Mi pequeña dónde estás...- Decía el hombre cada vez con menos energía. Las horas pasaban y el hombre no encontraba a la niña aun cuando ya había avisado al guardabosques, a la policía de la zona y a la madre de la pequeña, su esposa, a quién no había visto hace tiempo debido a que él era quien tenía la patria potestad de Celeste; su madre solo cumplía con la manutención y la venía a ver cuando se le daba la gana, pero Iván no podía negarle el hecho de saber cómo estaba su hija, porque eso le podría traer problemas ante el juez, aunque el hecho de haber perdido a la pequeña ya lo ponía contra las cuerdas. A Celeste la dieron por perdida los policías, guardabosques, todos... completamente todos la habían dejado de buscar, excepto su padre que regresaba una y otra vez a ver si encontraba a su pequeña. Sus esperanzas de encontrarla no se agotaban, hasta su madre la dio por muerta dejando a la deriva la búsqueda. Fueron 10 años de incesante búsqueda, Iván no quería aceptar que su pequeña había muerto. Para él era imposible eso, pero no podría sobrevivir al mundo en el bosque donde predomina la selección del más fuerte y ella solo era una pequeña niña, bueno ahora solo era una adolescente. Todos esos momentos se desvanecieron cuando volvió a la realidad que se encontraba ahora, pero él solo pensaba en su pequeña. -¿Qué pasó? ¿Te comió la lengua el gato o que?- Iba pronunciando el hombre mientras se ponía unos guantes negros y dejaba su bastón a un lado -Eras mi hombre de confianza, llevamos 13 años siendo colegas, siempre te cubrimos la espalda... te ayudamos cuando perdiste a tu familia, te ayudamos... te ofrecimos cobijo, un plato de comida, te dimos trabajo, con nosotros lo tenías todo, te aceptamos con nosotros aun cuando lo habias perdido todo... Pero porque lo tuviste que perder por esa mocosa... ¿¿¡¡Por qué te hizo cambiar de parecer si estábamos tan bien entre nosotros!!??- durante el pronunciamiento de estas palabras, un golpe se propiciaba al cuerpo endeble de aquel viejo. -Tú solo me tenías contigo porque era útil para ti, a ninguno de nosotros los que estamos aquí le tienes aprecio alguno y eso te lo puedo asegurar- Decía mirando desafiante mientras intentaba pararse. -Pero que coño... ¡TRATAS DE DECIR MALDITA RATA DE PORQUERÍA Y DONDE CREES QUE TE PARAS! Asi-Asi que solo Te-te tengo Por-Porque me eres útil- mencionaba al propiciar cada vez golpes más fuertes Ya había pasado una hora desde que se encontraban ambos hombres dentro del cuarto del cual hasta se podía escuchar los golpes que eran propiciados al anciano, después de unos minutos el jefe salió con las manos llenas de sangre diciendo: -Llévense a este m*****o traidor y busquen cuanto antes a mi pequeña- Se limpiaba las manos en una servilleta -Donde estarás mi niña, no sabes cuanto te extraño... esos cabellos marrones que combinaban tan bien con esos ojos negros y penetrante mirada de la cual parecía que podías ver el alma de quien miraras a la cara, tus piernas bien formadas, tus muslos bien desarrollados, esos senos cual diosa griega; que hacían realidad esa jodida excitante forma de tu cuerpo que tanto adoro, cada centímetro de tu piel, desde tus piernas, tu vientre, tus pechos y hasta tus labios; pero más que todo ...tu cuerpo, extraño tu puta forma de ser, esa rebeldía que era notoria en tu rostro, esa mirada intensa que ponía cuando te ordenaba algo que no te gustaba...- Aquel hombre sentía duro su m*****o, pero no notase que se levantará cosa que hizo recordara lo que Lazciel le hizo -Pero no pensaba que llegarías a hacerme lo que me hiciste, aún así te amo, te necesito, te d***o, quiero que te mantengas a mi lado aun después de todo esto, claro que tendrás tu castigo... de ahí volveremos a ser felices... Mi gatita...- Los hombres ya se habían llevado el cuerpo de Iván y lo arrojaron a un basurero donde lo dieron por muerto.
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