Pasaron varios meses desde lo transcurrido, el jefe seguía con sus negocios como era de costumbre, por su lado Emma continuaba con su nueva vida, pero de Iván no se sabía nada, para todos había muerto... por segunda vez en su vida.
-¡¡NO LA PUEDEN DEJAR ASÍ, DEBEN DE SEGUIR BUSCANDO!! ¡¡NO LA PUEDEN DAR POR MUERTA, ES SOLO UNA NIÑA, LOS NECESITA... NOS NECESITA MALDITA SEA, QUIÉN SABE QUÉ PODRÍA ESTAR PASANDO AHORA MISMO!!!- Vociferaba pidiendo ayuda aquel hombre el cual había perdido a su hija.
-Por eso mismo no podemos seguir gastando recursos por alguien que ni siquiera sabemos si está viva, además seamos sinceros, qué tantas posibilidades tiene una niña de vivir en un pequeño bosque que está lejos de la civilización. Seamos realistas señor, las posibilidades son casi nulas, es por eso que ...-
- ¡NO DIGA MÁS! Como acaba de decir, las posibilidades son "casi" nulas, eso quiere decir que sí hay posibilidades de encontrarla- se jalaba los cabellos al decir esto por la desesperación.
-Señor, cálmense por favor que cuando usted se altere no ayuda en nada.
-Pero señorita, mi pequeña hija... Está allá, afuera perdida en un mundo que no conoce... - mencionaba mientras se desplomaba en los brazos de la oficial.
Aquella escena era tan desgarradora, Iván lloraba desconsoladamente en los brazos de la oficial mientras esta la calmaba. Unos policías que estaban presentes le dieron al señor un vaso de agua junto con un calmante.
Sentaron al señor en los asientos que había, haciendo que se logrará dormir; todo seguía normal en la comisaría, pasaron algunas horas y el señor despertó,no dijo nada y solo se retiró.
Pasaron algunas semanas y el hombre vendió todas sus pertenencias, quedando en la ruina para pagar a detectives y hasta la misma guardia que vigilaba la zona con la esperanza de encontrar a su pequeña Celeste.
Todas esas imágenes, pasaban por mente como dándole sus últimos momentos de esperanza de vida...
-Papá, mírame, estoy bien... Ven, vamos al parque- Se le iluminaron los ojos al ver a su Celeste con un brillo tan especial, había vuelto ver a su hija, era una felicidad indescriptible, quería volver a abrazarla, quería verla sonreír para siempre, necesitaba saber que ella estaba bien y al verla se sentía tranquilo y feliz, sentía que ya podía descansar en paz. Sin embargo, no quiso hacerlo, tomó fuerza de donde no parecía haber para que pueda retomar conciencia y ayudar a su pequeña... a Lazciel, ella le recordaba mucho a su hija, aquellos mismos ojos negros y su sonrisa toda encantadora que solo tenía con él, pero no solo fue eso por lo que tomo valor para recuperarse, sino tambien porque a los ultimos instantes de dejar de ver a su pequeña, vio a Lazciel en el mismo rostro de su hija, pensaba que era una ilusión, pero no lo fue. La cara de su hija y de Lazciel era similar aun cuando la última era un año mayor; sin embargo era imposible, eran 25 años de diferencia. Como si la vida le diera su segunda oportunidad de redimirse y descubrir aquello que lo inquietaba.
-¡Ahg! Maldita sea... ¿qué me pasó?... ¿donde estoy?, m****a, me duele todo el cuerpo- flexiona un poco el brazo para incorporarse, pero no le era posible, todo su cuerpo está demasiado golpeado como para poder pararse por sí solo, aun cuando ya había pasado un día entero desde que despertó, no podía moverse del todo, así que decidió girarse quedando boca abajo donde le era más fácil ponerse de pie se demoró un poco y tras algunos intentos lo consiguió, se limpió el rostro lo mejor que pudo y fue donde la pequeña le había indicado.
Ya eran alrededor de las 2 de la tarde y la cafetería estaba algo llena, así que tuvo que dejar de contabilizar los bouchers para ponerse a atender junto con Araceli. Todos los días eran tranquilos, por la tarde trabajaba y en la mañana estudiaba, vivía en un apartamento, y en cierto modo de alguna forma u otra solo le alcanzaba para sobrevivir, ya que debido a los cambios que se realizó, gastó mucho dinero. Su rutina era siempre la misma, pero eso era algo que no le molestaba, más bien le encantaba los días en la cafetería porque eran divertidos y hasta se congenió con un cliente que era muy concurrente en el lugar; se podría decir que eran amigos.
Pensaba en todos los cambios que hubo en su vida y sobre todo pensaba demasiado en Ivan, ya que sin su ayuda no habría podido ser posible su escape, no solo pensaba en él por ese motivo, Iván era como su padre durante todo ese tiempo que estuvo en ese horrible lugar, solo a él le contaba cómo se sentía, realmente extrañaba sus palabras de aliento, los ánimos que le brindaba y las historias que le contaba de su hija perdida. Parecía extrañarlo tanto que lo vio afuera del café, se veía en un pésimo estado, pero no, no podía ser de él. Pestañeo varias veces y hasta olvidó que estaba tomando el pedido de una pareja de enamorados.
-I-Ivan... de verdad estás aquí... en serio eres tú- susurraba con un hilo de voz mientras sus ojos se le ponían vidriosos. Inmediatamente salió afuera del local -Araceli, oye cúbreme un rato por favor, necesito hacer algo urgente- se iba quitando el delantal mientras se dirigía afuera.
-¿Bueno? Está bien te cubro Emma, pero no te demores mucho ¡suerte en lo que hagas!- le decía con esa sonrisa tan comprensiva mientras tomaba el pedido de la pareja pendiente.
Finalmente estaba llegando donde mi pequeña, me había indicado claramente que solo Iván y Lazciel sabían que el mayor la había apodado así.
Se encontraba Ivan yendo a la dirección donde le había indicado, si en algún momento pasara algo y no tenia donde ir, pero pasó por una cafetería donde se podía sentir un aroma totalmente dulce que podía antojar a cualquiera, pero era imposible comer algo, primeramente porque estaba todo sucio y golpeado, además que parecía un pordiosero y no traia ningun centavo encima.
Habían jovencitas muy lindas, el cuánto hubiera añorado porque Lazciel viviera eso, que tuviera amigas y creciera en un ambiente de felicidad. Cuando de pronto una chica se le quedó mirando por unos instantes para salir hacia donde estaba él, así que decidió seguir su camino e irse del lugar, cuando de pronto lo llamaron.
-¡¿IVAN?! Viejo... ¿en serio eres tú?- mencionaba la chica con lágrimas en los ojos, trataba de limpiarlos, pero no podía ya que seguían saliendo -En serio di-dime... q-que... ere-eres t-tú po-por favor...- ya no aguantaba más, se sentía tan feliz que quería que fuera real.
-¿Pequeña? ¿Lazciel?, No sabes lo feliz que me has hecho mi pequeña... no sabes cuan preocupado estaba por ti- La abrazó con la poca fuerza que le quedaba, pero en ese momento le dió un pequeño coscorrón.
-¡Oye viejo! a qué vino eso, me dolió, en serio eso es lo primero que haces al verme; si que eres malo- Dijo deshaciéndose un poco de su sentimentalismo para ponerse un poco más tranquila y de nuevo le volvió a caer otro coscorrón para que luego el hombre la acerque mucho más.
-¿Se puede saber a quien le dices viejo?, pequeña...- En ese momento Lazciel reaccionó y lo abrazó con todas sus fuerzas y se puso a llorar en su pecho -Lo lamento disculpa...-
Iván fue perdiendo la conciencia, sólo sabía que estaba tranquilo y que se sentía bien, por fin pudo hacer lo que no logró con su hija, ahora esa chica loca de 17 años era la única familia que tenía, no consanguínea, pero familia de corazón. Era tanta la paz y felicidad que comenzó a desvanecerse, así logrando escuchar el "Lo lamento, disculpa" de su pequeña; sabia que no tenía nada que agradecer, mas bien él tenía que disculparse por no haberla sacado antes de ese burdel, pero si lo hubiera hecho de todas formas habría sido tonto, porque no tenía a donde ir.