La noche ha caído como un manto pesado sobre el chalet, envolviéndonos en su oscuridad. El fuego de la chimenea sigue crepitando, lanzando destellos de luz que dibujan sombras en las paredes de madera. La calidez del ambiente contrasta con la tormenta interna que siento entre los tres. Es una mezcla de deseo y tensión, como si algo grande estuviera por suceder, algo que los tres sabemos que no podemos seguir ignorando. Brandon y Patric están a mi lado, y sus presencias llenan el espacio de una manera que me hace sentir vulnerable y poderosa a la vez. Brandon, con su imponente físico de atleta, se inclina hacia mí, sus ojos oscuros brillando con una intensidad que me hace sentir el calor subir por mi cuerpo. Su mirada es fuego puro, llena de deseo, pero también de esa actitud desenfadada y

