Capítulo 2

1305 Palabras
Anto llega puntual, como si su vida dependiera de esta cita conmigo y mi futuro sentimental. Son las siete en punto cuando escucho el timbre, y apenas abro la puerta, aparece ella cargada con dos botellas de vino y una sonrisa tan amplia que me da miedo. - ¡Prepárate, amiga! Esta noche se acaba tu celibato emocional y digital - anuncia, dejando las botellas sobre la mesa. Yo solo ruedo los ojos y le muestro la comida que preparé: una tabla con quesos, frutos secos y algo de pan artesanal. Nada demasiado elaborado, pero suficiente para sobrevivir a la noche. - ¿Lista para crear el perfil de la nueva Lisa? - pregunta mientras sirve dos copas. Suspiro, pero asiento. Creo que ya me estoy arrepintiendo un poco, ya que, no sé si lista sea la mejor palabra para definir todo lo que viene, pero dispuesta, sí. Nos acomodamos en el sofá, mi teléfono en la mano, y ella se adueña de él como si fuera su proyecto de tesis. Empieza a revisar las fotos que tengo en la galería, seleccionando con precisión quirúrgica. - No, esta no. Muy seria...- dice Anto eliminando una fotografía que a mi me parece de lo mas bien -...Esta tampoco. Pareces enojada con el mundo - la miro ofendida - Esta… ¡sí! Esta es perfecta. Estás riéndote y se te ve feliz - Me río al verla tan concentrada. Anto es de esas personas que viven como si el amor fuera un deporte extremo, y yo… bueno, yo soy la que mira desde las gradas. - ¿De verdad crees que alguien se va a interesar solo por una foto? —pregunto, algo escéptica. - Amiga, bienvenida al siglo XXI. Las fotos son el nuevo currículum. Si pasas la primera ronda visual, recién te dan la entrevista - me carcajeo con sus palabras. - Qué romántico - suelto sin dejar de ver las cosas que esta haciendo. - El amor moderno, querida...- dice brindando -...O al menos, su versión beta - niego con la cabeza. Empieza el proceso de llenar mi perfil. Edad, profesión, intereses. Me sorprendo al darme cuenta de que no sé qué poner en “qué buscas”. Me quedo mirando el campo vacío, como si ahí estuviera escondida la pregunta existencial de mi vida. - Pon “conocer gente”...- dice Anto al ver mi duda -...Es lo suficientemente ambiguo para no espantar ni atraer a los intensos - Asiento, obediente. Ella sabe mas que yo. - ¿Y si pongo “algo serio”? - suelto y su casi atragantamiento bebiendo vino me dan a entender que es una respuesta incorrecta. - No, no, no...- dice alzando una mano -...Eso espanta a los hombres. Diles que buscas algo “genuino” o “real”, pero nunca uses la palabra “serio”. Les da alergia - dice con un rostro que da risa. - ¿Y tú qué pones? - pregunto divertida. - Depende del día...- responde riendo -...A veces “aventuras”, a veces “conexiones”. Todo es cuestión de marketing - Reímos las dos. Y mientras ella sigue ajustando mi perfil, me doy cuenta de que estoy… emocionada. Nerviosa, pero emocionada. Cuando por fin terminamos, Anto aplaude. - ¡Listo! La nueva Lisa está oficialmente en el mercado - suelta y me siento de inmediato como una vaca en el ganadero lista para ser vendida al mejor postor. - No me digas “mercado”. Me siento como una oferta de supermercado - un escalofrió me recorre el cuerpo. - Oh, por favor. Si fueras una oferta, serías de lujo: edición limitada, con empaque elegante y fecha de vencimiento indefinida - Suelto una carcajada. Y entonces… empieza la parte más surrealista: deslizar. Anto me explica cómo funciona: si me gusta alguien, deslizo a la derecha; si no, a la izquierda. En cuestión de minutos, mi pantalla se convierte en un catálogo humano. Al principio me siento incómoda, pero luego me relajo. Entre fotos de torsos sin cabeza, hombres posando con peces y otros con frases tipo “busco a mi reina”, la experiencia se vuelve casi cómica. - ¿Por qué todos creen que posar con un pez es atractivo? - pregunto, riendo. - Símbolo fálico, amiga o complejo de pescador: atrapar y mostrar trofeos - dice dándome su análisis. - Qué asco - respondo, mientras deslizo a la izquierda. Después de varios intentos fallidos, aparece uno que llama mi atención. No es un modelo, pero tiene una sonrisa sincera y unos ojos que transmiten calma. - ¿Y este? - pregunta Anto, notando que me detuve. - Se ve… interesante y tiene gustos parecidos a los míos. Le gusta viajar, leer, caminar, el café, la música de los 80… - digo enumerando lo que me llamo la atención que hasta yo me sorprendo. - Y está buenísimo - añade ella, tomando el teléfono y dándole “me gusta” sin dudar. - ¡Anto! - la regaño por lo que acaba de hacer. - Tranquila, solo te adelanté el destino - dice guiñando un ojo. Seguimos revisando perfiles, riendo, comentando, descartando. Y de repente, vibra mi teléfono. *It’s a match!* Ambas gritamos como si hubiéramos ganado la lotería. - ¡Hizo match contigo! - dice Anto emocionada. Siento el corazón acelerarse, aunque intento disimular. - Bueno, ahora qué… ¿le escribo? - casi que grito lo ultimo por los nervios que me dieron. - No, espera que te escriba él...- responde con autoridad -...Las reglas son simples: si te interesa, juega misteriosa. Si no te escribe en 24 horas, tú tomas el control - Asiento, aunque por dentro muero de curiosidad. Seguimos conversando, comiendo, bebiendo. Anto me da una especie de “manual de supervivencia moderna”: 1. No respondas de inmediato. 2. No te ilusiones con palabras bonitas. 3. Si te dice “no busco nada serio”, cree en él. 4. Si desaparece, no preguntes por qué. Y aunque parece una guía para la decepción, algo en mí se siente lista. - Amiga...- dice de pronto, poniéndose seria -...Solo prométeme algo: que vas a disfrutar. No analices tanto, no te castigues si algo sale mal. Permítete sentir otra vez - Su mirada sincera me desarma. - Lo prometo - respondo sin saber lo que sucedería mas adelante. La noche se alarga entre risas y copas. Anto se va pasada la medianoche, y cuando cierro la puerta detrás de ella, me quedo sola, con el corazón latiendo más rápido de lo normal. Me acomodo en el sofá, abro la app… y ahí está. Él. *El cuarentón con sonrisa de calma.* Un mensaje nuevo aparece en la pantalla: > “Hola, Lisa. Me encantó hacer match contigo. ¿Cómo estás?” Mi estómago da un vuelco. Respiro hondo y sonrío como una tonta. - Hola...- escribo -...Estoy bien, gracias. ¿Y tú? - presiono enviar. A partir de ahí, la conversación fluye. Hablamos de viajes, libros, películas, comida. Me cuenta que le gusta el jazz y cocinar los domingos; yo le digo que me relaja caminar sin rumbo. Se ríe de mis comentarios sarcásticos, y eso me gusta. El tiempo se diluye. Cuando miro el reloj, son casi las dos de la mañana. Me recuesto en el sillón, todavía sonriendo. Anto tenía razón: algo dentro de mí se reactivó. Una chispa. Pequeña, pero real. Sonrió como tonta a la nada, porque jamás espere que algo como esto sucediera o que YO estaría realizándolo. Apago la pantalla, apago la luz y me quedo en silencio. Por primera vez en mucho tiempo, siento que el corazón me late distinto. Quizás sea solo una conversación más. O quizás… el comienzo de algo que aún no sé nombrar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR