Sábado, seis treinta de la mañana. Gael mira el techo del living comedor en el que han dormido desde que decidió venir a visitar a Lidia. También la observa a ella, le parece curiosa la forma tan despreocupada en la que duerme a pesar de estar preocupada todo el tiempo por las cosas más intrascendentes. Desde hace un tiempo que su vida se mueve en dirección a donde la de Lidia apunte, no le costó mucho abandonar su departamento y quedarse en casa de Lidia. Necesitó menos de dos minutos para decidir venir con ella hasta esta ciudad. No está arrepentido en lo absoluto, pero tiene una duda muy incómoda sobre qué podría estar dispuesta Lidia a hacer por él, y teme que moverse como un nómade no sería una de esas cosas. No tiene idea porqué de pronto siente que debería haber algún gesto

