Al día siguiente Damian dio un trago al vino y se relajó por primera vez en días. Necesitaba aquello. Una noche fuera para él solo. Las luces eran tenues, tenía un filete poco hecho en el plato. Perfecto. Ningún bebé llorando la vista. Comprender la angustia de Sharma no hacía que fuese más fácil de afrontar. Se le estaba acabando la paciencia. La niñera le había asegurado que podía hacerse cargo de la situación. Se recostó en su silla y sonrió a su esposa. —Estás muy callado esta noche —dijo Janine balanceando su copa de vino sin ni siquiera mirar la comida que tenía en el plato. Damian pensó que seria buena idea cenar juntos para disminuir las tensiones. —Disfruto escuchándote —disfrutaba no teniendo que pensar. —Ah —a Janine se le iluminaron los ojos y se inclinó hacia delante p

