Capítulo 7 Conociendo su alma

3845 Palabras
      Es lunes por la mañana, el despertador suena a las seis treinta. Me levanto me voy a bañar sin hacer ruido para no despertarlo. Salgo después de ponerme mis cremas, de perfumarme y de secarme el pelo. Me encuentro con unos ojos azules mirándome con intensidad. -Buen día mi reina. -Buen día ¿Dormiste bien? -Como un bebé ¿Vos? -También, dormí como hacía rato no lo hacía.    Me doy cuenta que desde que empecé a tener esta relación con Gabriel no volví a tener mis sueños eróticos. Y si me pongo a pensar detenidamente el hombre de mis sueños se asemeja mucho al que está en mi cama por estas noches. ¿Será Gabriel el amante de ensueño?    Se levanta, me besa con pasión y se mete en el baño. Voy hasta el guardarropa para elegir un pantalón de vestir gris claro, una blusa rosa pálida y unos zapatos a tono. Me dispongo a vestirme cuando sale del baño, me dice que espere, que él quiere elegirme la ropa hoy. Me parece interesante, por eso lo dejo.    Se acerca mira toda la ropa y me pasa un vestidito muy veraniego, con flores, algo corto para ir a trabajar. En realidad no es muy apropiado para el trabajo. -Ponete esto. Vamos a otro lugar hoy. -¿A dónde? Hay mucho por hacer. -No te preocupes, mañana nos encargaremos. Quiero que conozcas otro de mis socios y mi negocio con él. -Como gustes-¿de qué será todo esto? -¿Tenés tu moto acá? -Sí, ahí están las llaves ¿Vamos con mi moto?-eso me entusiasma. -Sí, pero manejo yo- replica en tono firme sin opción a queja.    Mientras él se baña me termino de cambiar. Llevo conmigo una carterita con algunas cosas y salimos. Al llegar a la calle no veo su auto. -¿Dónde está tu auto? ¿O viniste en taxi? -Ahí,  el Mercedes. -¿Y el Camaro? ¿Cuántos autos tenés? -Tengo varios. Son mis bebés. Vamos a buscar tu moto.    Cuando no quiere contar algo rápidamente cambia el tema.  Tengo la idea de que no quiere que sepa mucho más de él que lo que está dispuesto a decir. Al llegar al estacionamiento y ver mi moto se queda con la boca abierta. -Decime, por favor, que no andas sola en esa máquina. -¿Verdad que es muy linda? – digo emocionada-. No sabes lo bien que anda y lo rápido. Tiene muy buen agarre en las curvas, en alta velocidad ni se siente como el motor ronronea -¡Tendrás que vender esta cosa! ¡No es segura y no quiero que te lastimes o algo peor! -Vamos hombre. No sea anticuado. Manejo motos desde que tengo memoria. Sí me di mis buenos porrazos pero nunca fueron tan graves. -Ya veremos- su gesto es de desconfianza.    Se sube a la moto pero antes se asegura que lleve bien puesto el casco. Me subo, lo agarro por la cintura y me apoyo en su espalda un momento para inhalar su perfume. Me encanta.    Salimos camino a panamericana. El día esta hermoso, soleado y la temperatura empieza a subir. Típico de estos meses de primavera.    Luego de un largo rato de andar por la ruta llegamos a Tigre. Nos acercamos a los lancheros. Gabriel habla con uno y me indica que suba, mientras él sube la moto. Navegamos río arriba por unos treinta o cuarenta minutos hasta llegar a una de las islas de la zona. Atracamos, Gabriel baja la moto, le paga al hombre y emprendemos viaje de nuevo. No por mucho tiempo. Llegamos a una casa de dos plantas, estilo mansión. Desde afuera se aprecian la gran cantidad de cuartos que hay en ella. Estacionamos al frente, me toma de la mano y entramos. Hay mucho movimiento de gente dentro de la casa.    Al principio miro sin ver detenidamente, pero unos gemidos que provienen de una sala cercana atraen mi atención. Me quedo estática. Gabriel me observa y un lado de su boca se curva en una media sonrisa, sus ojos le brillan, Conozco ésa mirada. -Vení, quiero que conozcas a Moretti, mi socio- tira de mi mano hacia la escalera. -Pero… - me quedo con la palabra en la boca. -Sihh. Todo a su tiempo- me toma de la mano y me lleva escaleras arriba, luego por el pasillo hasta una puerta de madera muy trabajada. Pasamos sin golpear. Dentro hay un hombre leyendo unos papeles en un cuarto amplio y elegante. No parece una oficina, más bien es como una biblioteca hogareña pero sin la biblioteca. -¡Ciao amici! Por fin llegaste. -Hola Giuseppe- le pasa la mano para saludarlo. -Si guarda bene. -Gracias. Quiero presentarte a mi novia Sofía. -Ciao bella ragaza. -Hola, mucho gusto- y le paso la mano, pero el hombre me abraza con fuerza -Tomemos algo- dice en italiano. -Ella será parte de mi negocio de ahora en más. -¿Será tu testaferro? -No, sólo será parte de todos mis negocios. Pronto será mi mujer con todas las de la ley y quiero que conozca todo de mí.    La cara del hombre se torna de asombro. Va a decir algo pero calla.    Ellos hablan en italiano, por lo que yo no entiendo nada de lo que dicen, salvo algunas palabras sueltas. Gabriel se da cuenta que no entiendo y le pide a su socio que hablen en castellano. Lo que el hombre trata, pero su español no es muy bueno. -¿Ya están los documentos para que firmemos?- pregunta Gaby -Sí, sí, voy por ellos- y el hombre sale del cuarto.    Gabriel me apoya una mano en mi pierna. Lo miro sorprendida sé lo que pretende. Hace una media sonrisa y se humedece los labios. Yo quedo prendida de sus ojos y su tacto en mi piel me hace entreabrir los labios. Comienza lentamente a subir su mano por mi muslo hasta llegar a su objetivo, elevando mi temperatura. Le detengo la mano con la mía. Me mira con el ceño fruncido. Le indico que no con la cabeza. Pero no conoce límites, se libera de mi mano y sigue su recorrido al tiempo que me va diciendo cerca de mi boca: -Los gritos de allá abajo me calentaron y tengo ganas de tomarte acá mismo sobre este escritorio- y su mano se introduce por mi ropa íntima. -No Gabriel, tu socio va a entrar en cualquier momento- dijo entre jadeos. -La otra oficina está lejos. Puedo entretenerme por un rato con vos- susurra a mi oído al tiempo que un dedo se desliza por mi hendidura. -Por favor- gimoteo. -Por favor ¿Qué?- comienza a moverlo dentro mío. -Que pares. Esto me da mucha vergüenza- suplico. -Entonces si querés que pare lo hago, pero antes quiero sentir cómo te humedeces en mí mano- y sus movimientos se hacen más rápidos y profundos.    No puedo resistirme a sus atenciones y mi cuerpo me exige la liberación, mientras sigue con su danza en mi interior me toma un pecho por dentro del vestido y pellizca con suavidad mi pezón derecho, lo que hace que llegue a mi entrepierna una ola de calor tan repentina que todo mi cuerpo se electriza. Arrimo la cola más al borde de la silla para que su dedo llegue más hondo. Ahora  no quiero que pare. El placer se apodera de todo mí ser. Él puede ver la respuesta de mi cuerpo a sus caricias e incrementa el ritmo. -Vamos reina. Te quiero toda mojada. Quiero que me des el jugo de tu placer para saborearlo en mi boca.    Sus palabras hacen que me encienda aún más causando un estruendo en mí que llega con sacudidas y temblores que no puedo controlar. Jadeante y con la respiración entre cortada lo miro a los ojos. -Si amor, así- me contempla mientras recibo mi orgasmo como un rayo que me atraviesa.    Retira su mano, se lame el dedo que estaba en mí y luego me besa. -Me encanta tu sabor. Sos como una fruta fresca y perfumada. Luego te recompensaré como te mereces.    Aún estoy agitada cuando el socio entra sin llamar con los papeles en la mano. Me pongo roja de la vergüenza. Gabriel sonríe satisfecho.    Después de unas horas de leer varios documentos. Corregir algunos, desechar otros, ambos firman todo. Se dan la mano. Brindamos por el acuerdo y la sociedad. Conversan por rato y quedan en juntarse para la cena.  Giuseppe se disculpa por no poder quedarse más. Tiene otros negocios que atender y poco tiempo para ello. Me saluda con afecto y se marcha.    Gaby espera que cierre la puerta.  Voltea hacia mí. Sin mediar palabra me levanta el vestido, rompe la tanga y me levanta para ponerme sobre el escritorio. Yo me sorprendo pero luego me relajo. Llega mi recompensa. -Ahora a cumplir lo que te dije antes. Te tomaré sobre este escritorio. Es mi turno de saciar la sed de ti.    Se quita los pantalones y el calzón, quedando totalmente al aire su pene erecto y perfecto para mí. Se aproxima, abre mis piernas, me acomoda entre las suyas y me penetra sin la menor cautela. Aún estoy mojada por sus anteriores caricias por lo que entra con facilidad. Sus palabras encienden mi lívido y el deseo no se hace rogar. Abrazo con mis piernas su cuerpo y acaricio su pecho. Juego con sus tetillas. Aprieto los  músculos de sus brazos al ritmo de sus embestidas. Suelto las piernas y él las acomoda sobre su hombro izquierdo. La sensación es enloquecedora. Su m*****o entra con mayor profundidad. Mi v****a lo recibe con espasmos, lo aprieta, lo succiona, para sentir más aún. Todo mi ser lo reclama. -Dámelo reina. Dame lo que quiero- dice entre dientes- Grita para mí    Yo emito gemidos ahogados. Presiono los labios y contengo un grito de placer -No te detengas. Grita. Decime lo que querés, cómo lo querés- replica    Su respiración comienza a agitarse, su pecho sube y baja con mayor esfuerzo, su clímax está a punto de llegar. Puedo verlo, sentirlo dentro mío. Su pene se engrosa llenando más cada parte de mi interior. Me dejo llevar y libero el mío apretando mis manos sobre el escritorio, con los ojos cerrados, la boca apretada y la respiración acelerada. Segundos después él hace lo mismo con una embestida final que lo libera y afloja. Se apoya en la mesa. Espera unos minutos antes de besar mis piernas y bajarlas de su hombro. Me alcanza un pañuelo para que me limpie y me ayuda a sentarme en el borde del mueble. Se aproxima y me besa tierno en los labios -¿Por qué no me das lo que te pido, cuando te lo pido? -¿Cómo que no te doy lo que me pedís? ¿Qué querés?- estoy confundida. -Que goces, que gimas, que grites, que disfrutes sin límites ni vergüenza -No puedo. Así es como lo hago yo- me avergüenzo y bajo la cabeza. -¿Por qué?-me pone el dedo índice en mi barbilla y me obliga a mirarlo-    Cuando te amé la primera noche gritaste, gemiste y te entregaste tanto al placer que no podía creer lo abierta y dispuesta que estabas para mí. Pero después de aquella vez, cuando te pido que me dejes sentir tus gemidos, cómo gozas, tu voz desesperada al llegar al orgasmo no querés dármelo. No sé por qué- apoya su frente en la mía. -Él me acostumbro a callar.-Comienzo con voz apagada-. No quería escuchar mis gemidos, ni mis palabras de amor, ni nada. Sólo estaba dispuesto a amarme si escuchaba su propia respiración, sus propios latidos, sus propios gritos y gemidos de placer. Con el tiempo su dominio de mí se volvió tan grande que me olvide de mí placer para satisfacer el suyo. Sólo cuando estoy alcoholizada pierdo la capacidad de controlarme y me dejo llevar sin restricciones. Perdón. -Maldito ¿Cómo pudo castigarte de ése modo? ¡Qué egoísta mal nacido!- cierra los puños y se tensa-Yo voy a hacer que cambies eso y que te entregues en totalidad para mí. Ya te dije que sólo quiero darte placer. Tendré paciencia, poco a poco lo iré logrando. -Gracias. Sos tan bueno y atento conmigo- lo beso suave en los labios.    Responde dulce en mi boca y me ayuda a pararme. -Vamos quiero mostrare de que se trata todo este negocio con Moretti. Espero no salgas corriendo. Tenés que tener la mente abierta ¿Lo prometes? -Lo intentaré -Prometelo- me ordena -Lo prometo ¡Qué sensible!- ¿Qué le pasa? -Así está mejor. Vamos.    Me paro en seco: -No puedo salir sin ropa interior- me paralizo. -No te preocupes, no se nota y así te ves más linda- Sonríe con malicia.    Me toma de la mano y me lleva a la planta baja hacia la sala de donde provenían los gemidos que escuchamos al entrar. El lugar está decorado con luces, un sillón rojo, una mesita ratona, como cualquier otro sitio, pero lo que me sorprendió fue ver dos mujeres sentadas en el sillón, semis desnudas, acariciándose y besándose. Unos hombres las observaban mientras otros acomodan luces, muebles y preparan ropa. -De esto se trata el negocio.- Afirma- Filmamos películas triple x. Todo es legal-dice con seriedad- Contamos con los permisos, la seguridad e higiene que se requiere. ¿Qué opinas?   No puedo contestar, mi mandíbula está en el piso y mi asombro no me deja salir de mi estado catatónico. -Tranquila. Respira. No hay nada malo. Nadie hace nada que no quiera hacer y se gana muy buen dinero. -¿Filmas películas porno?- digo con sorpresa -No. Las financio y Giuseppe las distribuye. -Pero, son peli... -Sí, sí son películas porno-dice reboleando los ojos- ¿Acaso me vas a decir que nunca viste una?    Salgo de mi estupor y me digo que es un trabajo como cualquier otro, pero no me convenzo de ello. Gabriel al darse cuenta que fue un fuerte impacto me toma de la mano y me lleva a la cocina para comer algo. Agarra mi mano para salir del lugar pero mis ojos no pueden dejar de ver a esas dos mujeres acariciarse y besarse. Se percata del morbo que eso me causa. -Vení, observemos desde acá. Así conoces un poco más de todo esto.- nos ponemos junto a una pared, en un rincón desde donde se puede ver con claridad y no molestamos a nadie.    Él apoya su espalda en la pared y la mía sobre su pecho. Abraza con la mano derecha mí cintura y desliza la izquierda por debajo de mi falda en busca de mi centro húmedo. Yo me remuevo con vergüenza de que alguien pueda vernos. Se acomoda detrás de mí y apoya su cabeza en mi hombro para quedar más sujeta. -¿Te gusta lo ves?- su alieno suave sobre mi cuello me calienta. -Si- respondo casi sin que me escuche. -¿Te gustaría estar entre ellas?- sus dedos mayor e índice comienzan su ingreso. -Sí. No- rectifico rápidamente- No sé- mi respiración se agita y recibo sus dedos con anhelo. -Imagina que sos vos la que está sobre el sillón recibiendo las caricias acá- y apoya su palma justo en mi clítoris- Imagina que vos estás siendo besada por ella, que sus lengüetazos están en tu piel, que tus pezones recibes sus manos cálidas y se endurecen.    Empiezo a respirar entrecortado. Voy imaginando todo lo que me dice y mi cuerpo se enciende. -Algún día cumpliré esta fantasía para vos. Sentirás en tu piel, en tus labios y acá- mueve con prisa sus dedos dentro mío- la piel, la lengua y los dedos de una mujer que te llevarán al más explosivo de los placeres.    Estoy tan excitada. Los gemidos de las mujeres y verlas disfrutar tanto, me dan ganas de interrumpirlas y dejarme hacer por ellas todo lo que les plazca. La mano derecha de Gabriel se va metiendo por la tela hasta llegar a mi pezón izquierdo el que sujeta y tira con delicadeza. Conoce tanto mi cuerpo que sabe que lo que acaba de hacer pronuncia el estallido entre mis piernas y no puedo refrenar lo que se acerca. Incrementa el movimiento y yo me muerdo una mano para que no salgan de boca los sonidos que quieren estallar. Con la otra lo tomo por el cuello, cierro los ojos y en mi mente me imagino allí, entre sus manos delicadas, sus cuerpos calientes y el deseo que irradian. Froto mi culo contra su erección insinuándolo. No puedo más. El orgasmo llega tan arrasador que todo mi cuerpo tiembla, las piernas se me aflojan y Gabriel tiene que sujetarme para que no caiga de rodillas al piso. -Si mi reina, así me gusta. Buena chica. Serías una excelente actriz porno. -¡Gabriel!- dijo escandalizada- Moriría de la vergüenza. -No creo. Cuando te entregas al placer casi perdés la conciencia de dónde y qué hacen con vos- retira su mano de abajo de mi vestido y acerca sus dedos a sus labios- Nunca me cansaré de tu sabor.    Luego me da un beso profundo y apasionado que me enciende de nuevo. No sé por qué me domina de éste modo. Es como si tuviese un manual de mi cuerpo que le dice dónde y cómo apoderarse de mí.    Salimos de la sala en silencio para no molestar a nadie. La filmación continúa sin que nadie se percate de lo que acabamos de hacer.    Nos dirigimos a la cocina. Allí busca algo para comer y me sienta sobre la encimera que hay ahí. Me sirve una cerveza y él toma otra. Acerca unas empanadas. Lo que agradezco. Estoy hambrienta.     Hablamos de muchas cosas Mi familia, mi anterior empleo, mi infancia, pero cuando comienzo a indagar por su pasado suena su celular. Mira el visor y se pone nervioso. Puedo notarlo aunque trate de disimular. Sale de la cocina para atender la llamada. Alcanzo a escuchar que dice en un tono serio. -Te dije que no me llames.    Mientras se aleja, como una rica empanada de jamón y queso. Agarro la cerveza y salgo al patio que da al exterior desde donde estoy. Camino un poco apreciando la belleza del lugar. El suave viento que llega a mi piel me da una sensación de frescura y paz. Me encuentro con una de las chicas que estaba en la sala, en el sillón más específicamente. Me pongo colorada al mirarla a los ojos. Ella nota mi timidez. Se acerca y me ofrece un cigarrillo. -¿Querés?- me extiende el paquete. -No gracias. No fumo. - Tara- dice-¿Nueva en el negocio? -No. Solo vengo con el señor Rossi por unos negocios. Soy Sofía. -Mientras el negocio no seas vos Sofía. -¿Por qué lo decís? -Porque por lo que pude ver de vos allí adentro sos muy buena candidata para el negocio.    Me pongo más colorada. ¿Qué está diciendo? ¿Qué me vio en aquel sitio cuando Gabriel me masturbaba? ¡Qué vergüenza! Pero tengo que saber, así que a un lado la timidez. Tomo aire. -¿Puedo preguntarte algo? -Sí, lo estás haciendo- sonríe -¿Cómo haces para dejarte llevar, expresar y hacer todo lo que haces sin pudor? -Lo disfruto.-dice sin más-Mira, las cámaras son solo eso, cámaras. La gente que está detrás de ellas son profesionales. Hacen su trabajo. En cuanto a mí el sexo siempre me gusto, por qué no hacer lo que me gusta y ganar dinero. -No me refiero a eso. Quiero decir- me quedo pensando estoy a punto de confiarle algo a una extraña, pero es la persona que tal vez pueda ayudarme a complacer totalmente a Gabriel- Te explico. Vengo de una relación en la que a él sólo le importaba él. Nunca me permitió liberarme del todo. No se gemir ni gritar ni nada de eso, porque él no me lo permitía. Siempre me tapaba la boca o mordía algo para evitar hacerlo. -¡Qué horror!- dice asombrada. Agacho la cabeza- Mira yo puedo enseñarte a gemir, a gritar y hasta fingir en la cama si querés, pero si en verdad lo que buscas es liberarte totalmente al sexo, tenés que hacer lo que te plazca, sin restricciones. Si querés gritar, no te muerdas la mano.    Abro los ojos. Me doy cuenta que efectivamente nos vio. -Si los vi y lo que vi me calentó más-dice sin miramientos- Escucha. Déjate llevar. No pienses. Disfruta de cada caricia, de cada atención que recibe tu cuerpo. No temas expresarte o pedir lo que querés. Recordá que el otro hace lo que hace con vos porque piensa que eso es lo que queres. -Gracias. La verdad es que después de estar casi dos años con un único hombre me es difícil abrirme a cosas nuevas. -Si tenés ganas podríamos pasar tiempo juntas en la cama. Te enseñaría muchas cosas- sonríe con malicia. -Gracias. Creo que debo aprender de a poco. Sola. Pero tendré en cuenta tus concejos. -Cuando quieras linda- me guiña un ojo. Me toma por detrás y me levanta dando vueltas. -Acá estas.-dice y me besa. Saluda a Tara. Ella le sonríe y noto entre ambos un gesto de complicidad. -Vamos quiero mostrarte el lugar. Caminamos un rato entre la arboleda hasta llegar al borde del río. -No traje mi caña, sino ya estaría sacando unos buenos ejemplares de éste lugar -¿Te gusta pescar?- dice asombrado. -Sí. Es una actividad que compartimos con mi papá desde pequeña. Creo que me pegó todos sus gustos. La pesca, las motos, las carreras, los motores, la comida y los deportes. -¡Guau! Me sorprendes a cada rato. -¿Puedo saber quién te llamó? -Una clienta, que insiste en que me necesita para llevar adelante un negocio, pero yo pongo mucho en juego para salvarla a ella del fracaso. -¿Por qué simplemente le dices que no y ya? -Porque no es tan sencillo. Ella me salvo de la quiebra una vez y se lo debo. -Comprendo- me guardo mis pensamientos. -Sofi prométeme que veas lo que veas, confiarás en mí. Aunque que creas que mis decisiones y actos te lastiman. Aunque los hechos te demuestren lo contrario. Por favor confía plenamente en mí. Te amo con locura. ¿Lo harás?    Lo noto desesperado. Como si fuera a hacer algo que sabe que me hará mal y se justifica por anticipado. -Yo confió en vos plenamente-¿Sí?-pero te pido una cosa. -¿Qué? Lo que quieras-toma mis manos entre las suyas. -Nunca me engañes. No podrías soportarlo. Puedo entender tus misterios, tus reservas, tus silencios, tus secretos pero jamás podré soportar otro engaño. Mi corazón no lo resistirá. -Lo prometo- su gesto no es sincero.    Allí sentados en la orilla del rio nos besamos como dos adolescentes. Nos quedamos allí por un largo rato, abrazados. Su calor me da seguridad y confianza. Creo que estoy empezando a enamorarme.
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