Me levanto temprano. A las siete. Sin hacer ruidos, para no despertarlo. Voy hasta la pieza donde está mi ropa y busco en mi bolso una calza y una remera de deporte. Cómo me conoce mi amiga. Sabe que cuando estoy triste me descargo con los deportes. Me visto, bajo las escaleras y salgo de la propiedad. Voy a correr por el vecindario. Me pongo los auriculares y al ritmo de “Hacelo por mi” de Ataque77.
Mientras estoy trotando, voy recopilando en mi mente las imágenes de ellos dos besándose. Siento rabia, bronca, dolor, pero sobre todo decepción. Acelero el ritmo. Trato de relajar la mente y de cantar lo que escucho en mis oídos.
“Yo no sé lo que sentí
esa tarde que te vi,
yo pensaba en otras cosas,
fuiste mucho para mí...
Yo creía en tus palabras
tu mirada me engaño,
ahora sé que no sos mía
la culpa la tuve yo...”
La música me serena y después de cuarenta minutos de un buen ejercicio físico, llego a la entrada de la casa. Ingreso caminando por el camino y entro a la estancia. Lo encuentro a Gabriel furioso, con los puños cerrados y la boca apretada.
-¿Dónde estabas?-me dice tratando de no perder el control.
-Salí a correr. Era temprano y no quería despertarte.
-No podés salir así, sin avisarme, me preocupé, pensé que...
-¿Qué? ¿Pensaste qué?- pregunto desconcertada
-Que te habías marchado- dice con la voz apagada.
-¿Por qué habría de irme?
-No sé. No quiero que sufras ni quiero perderte.
Me quedo mirándolo. Se acerca a mí para abrazarme, un poco más calmado.
-Por favor, no vuelvas a irte sin decirme. No me gusta perder el control de las cosas.
Me conduce a la cocina y me encuentro con el desayuno listo. Estoy tan hambrienta. Me siento en la banqueta frente al desayunador y me dispongo a atragantarme con todo, Gabriel solo se sirve un café.
-¿No tenés que ir al trabajo hoy?
-No, cancele todo para quedarnos juntos.
-Pero ¿Las reuniones y compromisos?
-No te preocupes, hoy sólo estoy para vos.
-Gracias –sueno sincera
Durante el día lo acompaño a varios lugares. Hacemos compras para él y me regala algunas cositas para mí. Me mima y se esfuerza por no pasar la línea, por mantenerse dentro de mis límites.
Por la tarde vamos al lugar donde Andrés y Ana dejaron la lista de casamiento. Gabriel elige un hermoso juego copas de cristal, una lámpara de pie muy delicada para la sala y un televisor enorme.
-Lo último le encantará a Andrés- ríe por lo bajo.
-Yo no sé qué comprarles. Aca las cosas tienen precios carísimos. Además no los conozco tanto como para que el regalo sea significativo.
-¿Qué te parece esto?- me muestra un juego de cubiertos de platas
-Preciosos, pero no puedo.
-No te preocupes. Yo lo pago y vos pones el nombre en la tarjeta.
-¡No! Eso es deshonesto, no quiero aprovecharme de la situación. Mejor le regalo esa cafetera. Se ve muy bonita y puedo costearlo.
-Si vos lo decís.
Nos acercamos a la caja y cada cual abona su regalo.
Cuando terminamos, nos sentamos en un café del centro a tomar algo. Pocos minutos después suena mi móvil. Miro la pantalla y me empiezan a temblar las manos. Los ojos comienzan a enrojecerse y mi respiración se entrecorta. Gabriel me saca el teléfono de las manos y atiende.
-Hola.- su voz es dura.
-Hola ¿Quién habla?
-¿Con quién querés hablar?
-Con Sofía. Este es su número.
-Mira Sofía no puede atenderte se está probando unos vestidos para ir a una fiesta esta noche ¿Querés que le diga que te llame?
-Por favor, podrías darle el celular a ella ahora. Es muy urgente.
-Podes decirme a mí. Me encargaré de que llegue el mensaje.
-No, déjalo, la llamo más tarde.
Corta la llamada sin decir nada más.
-Voy a cambiarte el número, así ése idiota no te molesta más.
-Está bien, lo hago yo el lunes.
-¿Por qué esperar al lunes? Vamos.
Nos levantamos y entramos a una casa de celulares. Me compra un nuevo chip y agenda en mi teléfono su número como el primero de llamado rápido. También se agenda en el suyo el nuevo número.
-Ahora que ya tenés número nuevo, decime ¿Qué vestido te vas a poner para la boda de Andrés?
-Aún no lo pensé. Con todo lo que pasó, se me había olvidado. Pensaba ir a comprar uno con Pao. Ella tiene muy buen gusto.
-Entonces, a comprar un vestido-dice mientras me toma la mano.
Saca su móvil, marca un número y avisa que lo esperen, que preparen vestido de fiesta, que llegará en pocos minutos.
Subimos al Camaro, mira que me coloque el cinturón, pone música en el estéreo y nos conduce por la autopista hacia el norte. Yo voy tarareando la canción de la radio, un reggeton.
“te estaba buscando, por las calles gritando,
como un loco llamando.
Es que yo sin ti y tú sin mí,
dime quién puede ser feliz
esto no me gusta, esto no me gusta”
Gabriel me escucha y sonríe.
Llegamos a una casa muy elegante. Realmente muy elegante. Nos están esperando una señora y una chica con varios modelos de vestidos en un perchero, en una mesa una botella de champagne y varias copas.
-Hola querido, ¿tanto tiempo sin vernos?
-Hola Elsa, sí ha pasado mucho tiempo. Te presento a una amiga muy especial, Sofía.
-Hola linda. Mucho gusto.
-Hola, gracias por recibirnos.
-Es un placer. Ven te he preparado unos vestidos que te quedarán para deslumbrar.
Me hace pasar a un guardarropa y me pasa el primer vestido. Es de color azul eléctrico, entallado hasta las caderas luego algo más suelto, largo, sin breteles. Me lo pruebo y salgo para mostrarle a Gaby.
Con un gesto de la cabeza me dice que no.
Entro al probador y me pongo el segundo, un vestido cremita con corsé, amplio y acampanado desde la cintura, con detalles exquisitos de piedras sobre toda la falda. Me queda realmente lindo. Salgo, doy una vuelta y lo miro.
Nuevamente el gesto con la cabeza.
Después de probarme tres vestidos más, uno rojo muy sexi, uno verde agua muy suelto y caído y otro n***o con cuello vote, sin mangas, ajustado y hasta las rodillas, Gabriel me pasa un vestido color plata, de seda, muy sencillo. Lo miro con desaliento pero me lo pruebo igual.
Realmente tengo que reconocer que sabe elegir. Salgo, doy una vuelta y me indica que es el vestido perfecto. Es largo hasta los pies, con espalda descubierta hasta la cintura y un escote no muy pronunciado. La tela se ajusta a mi cuerpo. Tengo que admitir que es el más lindo y que mejor me va.
Me cambio, le agradezco el regalo y le doy un beso casto sobre los labios. Se sorprende. Es claro que no esperaba esta reacción de mi parte.
Volvemos a su casa caso a las síes de la tarde. Al ver el reloj caigo en la cuenta que por la mañana fue el civil de Andrés y Ana.
-¡No fuimos al civil!-digo mientras me detengo en la puerta de entrada.
-Le avise a Ana que estabas mal y que de seguro verla contrayendo matrimonio no sería bueno para tu estado emocional. Me comprendió. Le prometí que si estaremos en la iglesia.
Son las ocho de la noche del sábado, la música suena y Ana ingresa con su vestido blanco. Parece una princesa de cuentos de hadas. Va caminando del brazo de su padre que la lleva hasta el altar, donde la espera su futuro esposo.
La ceremonia se celebra con armonía y la fiesta se realiza en una quinta. Todos los invitados saludan a los recién casados en la entrada de la recepción.
Ana está emocionada y alegre, al igual que Andrés. Después de una velada rodeada de risas, alegrías y diversión, se preparan para partir a París a su luna de miel. Me siento mal por mí pero estoy feliz por ella.
Casi amanece y los invitados comienzan a irse. Gabriel me lleva a su casa, no quiere que me quede sola en la mía. En tanto le demuestre que estoy repuesta de mi angustia. No puedo evitar sentirla, pero en cierta forma me alegra, porque estoy cada vez más cercana a Gabriel y empiezo a entender muchas cosas de su mundo.
Al mediodía del domingo, me despierto en mi cama, sola. Siento un vacío atroz. No sé qué me pasa pero necesito estar con él, sentirlo, besarlo y tocarlo. Me levanto para salir en su búsqueda pero me detengo, no puedo hacer esto. Estoy tan confundida. Mi celular suena, respondo sin pensar, son pocas las personas que tienen mi nuevo número.
-Hola.
-Hola Sofía, por fin podemos hablar. Necesito que nos veamos, te extraño. Lo que viste en lo de Susy no es lo que crees, puedo explicarte todo. Por favor, no me cortes. Escúchame.
Alcanzo a balbucear una palabra entre sollozos.
-No.
-Por favor, cariño, no podes tirar dos años de relación por una confusión.
-Sé muy bien lo que vi- digo casi sin voz-. La besabas como nunca me besaste a mí. Además fuiste vos el que termino conmigo antes. No tenés nada que explicar.
-Ése mensaje fue un error. Estaba confundido, nada de lo que te escribí ese día es verdad. Pero el saber que estabas con tu jefe sola me mortificó.
Golpean a mi puerta, sé que es Gabriel. Entra y me ve con lágrimas en mis ojos. Se apresura a llegar a mí y me saca de la mano el teléfono.
-Escúchame idiota. No vuelvas a llamar o me encargaré personalmente. Cuelga y voltea para verme.
-¿Por qué lo atendiste?-dice con furia.
-No sabía que era él, no sé cómo consiguió mi número.
-No quiero que hables con él. Cada vez que lo haces terminas más destrozada que antes.
-Perdona.
-No pidas perdón, te lo digo por tu bien- me abraza.
-Tenés razón. Tendré más cuidado.
-Ya preparé el almuerzo, te espero abajo. Vestite.-suena más calmado
Me desconcierta sus cambios repentinos de humor. Es como si fueran dos personas en uno. Una que puede ser dulce, alegre y comprensible y otra osca, mal humorada, mandona y recelosa.
Bajo a comer y lo encuentro esperándome en la puerta de entrada con una canasta. Me toma de la mano y me lleva hasta un pequeño patio. Todo está dispuesto para que tengamos un hermoso almuerzo.
Lo disfruto tanto. Me olvido del mal trago que pasé antes. Cuando terminamos, su teléfono suena. Al mirar el visor y su cara se vuelve seria. Se para y se aleja un poco para que yo no escuche la conversación. Mientras habla veo que por el camino de la entrada se acerca un auto.
Gabriel me pide que me quede aquí, para que él pueda atender a su visita inesperada. Me asegura que solo será un momento. Se acerca a la entrada y saluda a un hombre algo mayor que descendió del vehículo. Entran en la casa sin presentármelos.
Me recuesto en la manta y pienso que no hablé con mi papá desde que pasó lo de Javier, ni con Pao. Cuando entre a la casa llamaré a ambos para dejarlos tranquilos. Como Gabriel tarda mucho decido ir a recorrer el lugar. Es muy grande. Hay una hermosa pileta de natación en la parte de atrás. Hace un poco de calor. Miro para todos lados y como no veo a nadie me saco la ropa y me tiro a nadar un rato. Al salir del agua me acuesto al solcito para secarme. Cierro un ratito los ojos pero me quedo dormida.
Unas manos me acarician los brazos, me despierto de un salto. Al ver los ojos de Gabriel que me observan muy cerca de los míos, me tranquilizo. Se aproxima a mis labios y me besa con suavidad. Recibo su boca sin resistirme. Rodeo con mis brazos su cuello y profundizo el beso. Cuando nuestros labios se separan, me lleva en brazos hasta una reposera que está junto a la pileta. Se sienta a mi lado. Su cara expresa algo que no logro descifrar. Algo raro pasa.
-No quiero que te enojes ni que pienses que te estoy echando, pero me acaban de avisar que van a venir unas personas para hacer un negocio. Como debo estar atento a ellos no podré estar con vos..
-Pero puedo quedarme y asistirte, para algo soy tu secretaria.
-En este asunto te prefiero lejos. Ya te pedí un taxi que te llevará a la casa de tu amiga o a tu casa.
-Entraré a recoger mis cosas- mi semblante se endurece.
-No hace falta. Ya te traje todo.
-¿Y pretendes que me valla mojada y en ropa interior?
-¡No, qué locura! Ahí hay un toilette en donde puedes bañarte y cambiarte- señala un cuarto junto a la casa.
-¿Por qué no querés que entre en la casa? ¿Te avergonzas de mí?
-No, no es eso. Sólo quiero mantenerte lejos de estas personas.
-Cómo gustes, me iré a cambiar y esperaré el taxi en la puerta- digo con enojo- Adiós- lo dejo sentado con angustia en sus ojos.
No entiendo nada. Me trata con cariño, me cuida, me cela de los demás y se presentan unos extraños y soy un estorbo. Qué haga lo que quiera. No sé por qué todavía no aprendo a no confiar en los hombres. Gabriel amaga a seguirme pero desiste.
Al tomar el taxi, él está en la puerta de entrada, ni siquiera vino a despedirse. Subo sin siquiera saludarlo. Pero mientras el auto avanza giro para verlo. Mis ojos no creen lo que ven. Otra vez no.
Llego a casa. Me siento extraña. Me duele la panza, de seguro mi período está por venir. Tengo que consultar con la ginecóloga por la inyección anticonceptiva de éste mes. Me recuesto en la cama y prendo la tele para distraerme un poco. Tengo la cabeza en él y no consigo entender nada de la programación.
Los dolores son tan fuertes que necesito algo para calmarlos. Mientras estoy buscando un calmante tocan el timbre de mi casa. ¿Quién podrá ser? Nadie, excepto Gabriel, sabe que estoy en casa. Mi curiosidad es más fuerte y contesto
-¿Quién es?
-Sofía soy yo Javier. Abrime para que podamos conversar.
Me quedo helada. Es la última persona que pensé que podría ser. No sé qué hacer. Si le abro puedo perdonarlo o no. Si no lo hago seguirá tocándome el timbre hasta que lo haga.
-No, no quiero hablar y menos verte.
-Por favor serán sólo unos minutos. Prometo que mantendré la distancia.
-Está bien, pasa- digo resignada.
Abro la puerta del edificio por el portero. Luego de unos minutos escucho los golpes en mi puerta. Me mentalizo para afrontarlo. Abro y lo veo tan bonito como siempre, con su pelo lacio y sedoso, su postura segura y sus labios carnosos que me tientan. Pero recuerdo que ésos labios estuvieron sobre los de mi supuesta amiga Susy y mi sangre bulle.
-Pasa ¿Vienes a buscar tus cosas?
-No, vengo para que hablemos. Quiero explicarte lo que crees que viste el otro día.
-Sé muy bien lo que vi y no vas a convencerme de otra cosa.
-Cariño, sólo fui a lo de Susy para hablar de vos.
-No mientas. No sabía que ahora hablas con los labios pegados a los de ella y la lengua dentro de su boca.
-Por favor no sea necia. No estaba besándola. Solo muy cerca de su rostro.
-Mira Javier, ya me hiciste mucho daño. Sabía que las cosas no estaban bien entre nosotros pero tenía la esperanza que fuera algo pasajero. Pero el otro día al verte con ella, ver cómo la mirabas, cómo la tomabas de la mano, cómo la besabas, me di cuenta que ya no me amas, y no sé si alguna vez lo hiciste. Te pido que terminemos con esto ahora y que ya no me lastimes más.
-¿Quién es el hombre que atendió tu celular? ¿Es tu nuevo amante? ¿No será que vos ya me cambiaste por otro y querés convencerme que yo tengo la culpa?- su tono se vuelve agresivo.
¿Qué le pasa? ¿Ahora soy yo la culpable? ¿Cuándo se dio vuelta esta tortilla?
-Mira no me vengas ahora con celos. Ese hombre es mi jefe y no pasa nada con él ni con nadie. No quieras ponerte en víctima y dejarme a mí como la mala de la película, cuando en realidad sos vos el que cometió un error.
-Tenés razón, cometí un error. Perdóname-su tono se vuelve afectuoso de nuevo- Pero puedo remediarlo si me das una oportunidad.
-Javier me conoces muy bien y sabes que no soy de perdonar, que cuando pierdo la confianza en alguien no vuelvo a creer en esa persona. Me engañaste.
-Te propongo que me dejes volver a conquistarte y si en un mes no lo logro no te molesto más.
-No Javier. Algo entre nosotros se rompió y es la confianza, no sé si pueda recuperarla.
-Igual lo intentaré, no voy a perderte.
No entiendo por qué el empeño en retenerme a su lado, si yo no estoy con él, puede hacer su vida con quien le plazca. ¿Para qué tenerme y ser infeliz?
-Hace lo que quieras, pero no cuentes con que suceda. Discúlpame pero necesito prepararme para mañana.
-Sí, sí, ya me voy.
Lo acompaño hasta la puerta, lo despido sin ningún contacto físico. No quiero caer en tentaciones, y cierro la puerta. Me quedo pegada a ella con la frente por unos instantes. Respiro profundo y contengo unas lágrimas. No voy a llorar, ya lo hice bastante por estos días.
Suena mi teléfono, es Gabriel.
-Hola, ¿Cómo te fue con tu visita?
-¿Qué hacías con él en tu departamento?
-¿Qué?- me sorprendo ¿Me está vigilando?
-Lo que oíste. Contestame- dice con furia en su voz.
-Nada, sólo vino a conversar pero ya se fue.- digo y pienso cómo es que sabe que Javier estuvo aca-¿Me estás vigilando?
-¿Por qué lo dejaste entrar? Te dije que no quiero que tengas nada que ver con él.
-No tengo que darte explicaciones. No somos más que amigos con derechos, o si lo preferís jefe y empleada.
-¿Así lo querés?-dice y su tono es cada vez más grave.
-No, claro que no, pero...
-Abrí la puerta- me ordena y corta.
Abro la puerta de mi departamento y lo encuentro parado, con la cara roja de bronca, la respiración agitada y su mirada prendida fuego.
-¿Qué haces acá? ¿Qué sucedió con los visitantes?- estoy confundida.
Entra, me toma la cara con ambas manos y me besa con desesperación, al tiempo que con el pie cierra la puerta. Yo no puedo reaccionar a su sorpresivo ataque. Me estrecha contra él y me aferra por la cintura quedando nuestros cuerpos totalmente pegados. Su beso se hace más desesperado, más hambriento y comienzo a reaccionar. Lo tomo por el cuello con mis brazos y respondo a sus exigencias. Me levanta con mis piernas entrelazadas a su cintura y me lleva hasta mi cama. Sin perder el control de sí me quita la remera y luego el pantalón. Quedo vestida sólo con mis prendas íntimas. Se toma un momento para mirarme y luego se quita sus ropas, quedando desnudo. Miro todo su cuerpo bien formado, musculoso y perfecto. Su erección se abre paso ante mis ojos, lo veo y me mojo los labios. Me olvido de todo lo que acabo de pasar, de Javier, de sus palabras y del dolor. No sé qué me sucede frente a los arrebatos de éste hombre, que al llegar y tocarme hace que pierda noción de tiempo, espacio y de mi juicio. Él puede apreciar mis ansias.
-Hoy como te portaste mal, sos vos la que debe complacerme- Se acuesta en mi cama boca arriba y se acomoda.
Me subo a la cama por sus pies, acaricio sus piernas y comienzo a besar sus muslos hasta llegar al objeto de mi deseo. Lo tomo con una mano mientras me paso la lengua por los labios. Comienzo a mover mi mano arriba y abajo. Siento como se estremece, lo pongo en mi boca, lo succiono, lo lamo, lo devoro con fervor. Puedo notar como a cada pasada de mi lengua por su prepucio su m*****o se endurece y agranda. Levanto la vista y nuestras miradas se cruzan. Su cara denota el deseo por mí. Mis atenciones son controladas, lo saboreo, lo disfruto. Vuelvo a poseerlo con mi boca. Toma mi cabeza con una mano y quiere detenerme, pero estoy decidida a brindarle mucho placer.
Sigo mi camino por su abdomen hasta su pecho con besos delicados. Tomo uno de sus pezones en mi boca y lo muerdo con suavidad. Se tensa. Me siento a horcajadas sobre él y me quito el sostén frente a su atenta mirada. Toma mis senos entre sus manos, juega con ellos, los acaricia, pellizca mis pezones haciendo que todo mi cuerpo reaccione a su tacto. Salgo de la cama y rápidamente me quito la única prenda que me separa de lo que va a calmar mi fuego interno. Parada junto él me masturbo y me acaricio los pechos. Gimo de manera silenciosa. Él me observa con ojos codiciosos. Me subo otra vez a su cuerpo, me introduzco su pene y me muevo en círculo. Después subo y bajo en movimientos lentos que van aumentando a medida que mi cuerpo me pide más. Pongo mis manos en sus pectorales, los acaricio, él permanece quieto con un total control de todo. De pronto en mis entrañas se empieza a vislumbrar la llegada de la explosión del clímax. Al sentirme tan mojada y apretada se sienta, me abraza por la espalda y se mete un pecho en su boca. Lo chupa con ánimo, me estira el pezón con los dientes y eso causa un efecto inmediato en mi entrepierna, me levanta y me separa de él. Se pone de pie y me invita a seguirlo, cosa que hago sin pensar. Me pone de frente a la pared, me pide que ponga las manos en ella y que separe las piernas. Obedezco. Se arrodilla y mis nalgas quedan frente a su cara. Me las separa con las manos y comienza a pasar su lengua por mi v****a y por mi ano. Me derrito. Gimoteo. Suplico en silencio por más. Introduce un dedo en mi hendidura y me masturba con ganas. Muerde los cachetes y los besa, haciendo temblar mis piernas. El placer es indescriptible. Se para, me toma de la cadera con una mano y con la otra se sujeta su pene y me lo mete de una estocada certera y precisa.
-¿Te gusta?- gruñe
-Si- digo casi sin voz.
-No te escucho- dice y se empuja con más fuerza.
-Si me gusta.
-¿Quién te llena más?- reclama
-Vos.
-¿A quién le perteneces?
-A vos
-Sí, sólo a mí. Recuérdalo. Sólo a mí- dice enfatizando las últimas palabras- No serás de nadie más, repetilo
-Seré solo tuya- digo entre gemidos ahogados.
Mi cuerpo está a punto de liberar todo el placer contenido, aferro las manos en la pared, bajo la cabeza, cierro los ojos y saco hacia afuera el culo para que me penetre más.
-Quiero que digas mi nombre cuando tu cuerpo llegue al clímax. Quiero oír tus gritos de placer.
Yo no puedo cumplir esa petición, mis palabras se ahogan en mi garganta.
-Si no lo haces no dejo que llegues, no te dejo acabar.
Su advertencia me obliga y cuando exploto digo su nombre, al oírlo se deja ir y con unos movimientos más acaba unos segundos después, con mi nombre entre dientes.
Poco a poco nuestros cuerpos vuelven a su estado de quietud y la respiración se suaviza. Me besa la espalda, la base del cuello, los hombros y se retira de mi cuerpo débil. Me toma de la cintura y me lleva a la cama. Nos acostamos sin decir nada y nos abrazamos. Mi cara sobre su pecho y sus brazos rodeando mi cuerpo.
-No quiero que vuelvas a verlo- dice más como una orden y me besa el pelo.
-Está bien ¿Pero qué hago si él me busca?
-Lo ignoras y me avisas. Yo me encargaré.
-Gabriel ¿Qué haces conmigo?
-Amarte- dice y me besa la cabeza- Como nunca ame.
-¿No crees que es muy pronto?
-No sé, pero sé que te amo.
Su declaración me sorprende. Yo no sé si lo amo. Todo va tan rápido. Estoy tan confundida Sus continuos cambios, sus idas y venidas, Javier y sus pretensiones. ¿Qué voy a hacer?
-Mañana iremos a otro lugar- afirma- Decidí que quiero que conozcas todo sobre mí, que no haya secretos. Tus ojos al marcharte hoy me mostraron que necesitas confiar en mí, y para ello tengo que mostrarte todo de mí.
-No estás obligado a revelar nada, no tenés que hacerlo.
-Sí, quiero hacerlo. Quiero que empecemos una relación forjada en la confianza y el respeto.
-Yo te respeto y confío en ti.
-Lo sé, por eso lo hago.
Después de un rato, me levanto para ir a bañarme, Gabriel me sigue y se ducha conmigo. Me enjabona, me lava el cabello y luego disfruto de su cuerpo pasando por él mis manos para lavarlo. Una vez listos, pedimos algo para comer. La cena es amena y relajada. Me ayuda a juntar y se acuesta a mi lado para dormir.
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Narrador omnisciente
Javier sale del departamento y se cruza con Gabriel, el que lo reconoce por algunas fotos que vio antes en la casa de ella. Javier no tiene idea de quién es el hombre con el que se acaba de intercambiar miradas.
Baja del ascensor, sale a la calle, camina hacia la derecha dos cuadras y se sube a un auto que permanece estacionado en la oscuridad de la noche. En él hay una mujer, delgada, rubia y de piel blanca.
-¿Y? ¿Cómo te fue?- interroga.
-Creo que bien
-¿Pero te perdonó?
-Aún no, pero le pedi un mes para volver a conquistarla.
-Es importante que la enamores de nuevo. Necesitamos lo que ella tiene
-Lo sé, lo sé, pero ya busqué por toda la casa y no lo encontré en todo éste tiempo que estuve con ella. De seguro debe de tenerlo en una caja fuerte en el banco.
-Es nuestro boleto a la riqueza.
-La conozco, volverá conmigo y lograré que me diga dónde lo tiene. Es un objeto de un valor incalculable, ella no tiene idea. Cuando lo haga me lo llevaré, lo venderemos y nos iremos lejos.
-Yo ya no puedo ser su amiga, no puedo soportarla más. Ella y toda su personalidad simpática, radiante y dada. Me repugna. Todo el mundo la quiere y la tratan como si fuera especial.
-Tranquila, después de vernos juntos no quiere saber nada de vos, y si no insistís en su perdón no tendrás que verla. Pero por otro lado si mi táctica falla, vos como una de sus mejores amigas podrías sacarle información.
-Por favor no me pidas eso.
-Pensá que es por nosotros y nuestro futuro.
-No me gusta, pero lo intentaré, pero sólo una vez, si no quiere perdonarme no insistiré.
-Es lo mejor cariño.
-Espero que no tengas que llegar más allá de unos besos, no quiero que disfrute de tu cuerpo.
-Nunca lo hizo, yo sólo me divertí con ella. Nunca hicimos el amor como te lo hago a vos.
-¡No me lo digas! La sola idea me da vuelta el estómago.
-¿Celosa?- dice mientras toma su cara en sus manos
-No, claro que no.
-Entonces dame un beso como tanto me gusta.
Sus labios se juntan y un beso profundo e insaciable se apodera de ellos. Después de unos momentos deciden irse.
-Vamos a mi departamento y te mostraré lo que es hacer el amor.
-Cómo no aceptar esta propuesta- la sonrisa asoma por sus labios.
Luego enciende el auto, se dirigen por la calle hacia el sur, hacia la casa de Susy.