Cinco años después, me encontraba en uno de los momentos más felices de mi vida. Hoy celebraba mi cumpleaños número veintitrés y, además de haber concluido mi carrera en Administración de Empresas, tenía a Iván, mi novio desde hacía tres años, a mi lado. Él era hijo de uno de los socios de mi papá, un joven encantador, exitoso y atento, o al menos así lo veía. Estábamos en su departamento, decorado con elegancia y minimalismo, con una pequeña mesa cubierta por velas y un ramo de flores que él había preparado especialmente para la ocasión. —Ana, estos tres años contigo han sido los mejores de mi vida —dijo, tomando mi mano con una sonrisa que parecía sacada de una película romántica. —Iván... —comencé, sonriendo mientras sentía cómo se aceleraba mi corazón. —Déjame terminar —interrumpió

