James se relaja... demasiado

1009 Palabras
—¿Nunca habías estado en un sitio así? —le preguntó extrañado— ¿Acaso no sales de tu casa? Ella se rió un poco, su risa tenía algo que le hacía dar una extraña sensación en su estómago, era como si tuviera una extraña resonancia como de campanadas, no estaba seguro, pero su risa conmovía algo dentro de él que no podía explicar. —Si te digo la verdad no me vas a creer —le dijo ella— Pero la verdad es que no salgo mucho, mis padres son muy estrictos. —Eso lo puedo entender, pero eres muy joven… y bonita —le dijo él en un impulso. Ella levantó la vista y se le quedó mirando con algo de curiosidad, era como si fuera la primera vez que alguien le decía que era una mujer bonita, ella se sonrojó y le dedicó una dulce sonrisa que curvó un poco sus labios de un rojo intenso, parecían una flor abierta e invitaban a ser besados. —No recuerdo que alguien me haya dicho eso —Sharon trataba de pensar con claridad, porque los vapores del alcohol que había tomado le hacían mirar las cosas con otra perspectiva. Se sentía desinhibida a pesar de que ella era de una naturaleza tímida y formal a la vez. Sus padres nunca habían tenido que llamarle la atención porque estuviera haciendo algo fuera de lugar. Había sido criada bajo las más estrictas normas morales de su familia, que era una de las más antiguas y nobles de toda Escocia. Y ella hacía honor a esa crianza, en realidad ella era muy formal y nunca le gustaron los comportamientos veleidosos de sus amigas, ni en el colegio ni mucho menos en la universidad. Mientras la mayoría de ellas se la pasaban tonteando con los chicos, besándose en los pasillos y jardines oscuros, ella se dedicaba a estudiar en su cuarto, le gustaba mucho ir al cine, pero casi siempre iba con amigas, o sola, porque los chicos lo primero que hacían era tratar de tocarla en las oscuras salas del cine. Nunca le habían dado un beso en los labios, y ella era muy capaz de defenderse a sí misma, de eso podía dar testimonio Alistair McNair, un chico que competía con ella en equitación, y que al felicitarla por motivo de su primer lugar en la competencia había tratado de besarla en los establos. Ella lo abofeteó y luego le dió golpes como si fuera otro hombre. A Sharon le habían enseñado boxeo, Taekwondo y Aikido y sabía cómo utilizarlos. Por supuesto que todos los chicos que la conocían le temían, y a los que iba conociendo, su fama se le anticipaba, por lo que la mayoría de los chicos simplemente la evitaban, de todas maneras sabían que con ella no iban a comnseguir sexo gratis y fácil. —No puedo creer eso, Sharon —le dijo James casi al oído, todavía bailando la suave melodía— Eres muy hermosa como para que nadie te haya dado un beso en esos labios tan hermosos. Sharon no sabía si era el tono de voz, o el hecho de que le hablara tan cerca del oído (algo que nunca nadie había hecho) o el alcohol que estaba influyendo demasiado en ella, porque sus palabras hicieron que se erizaran los vellos de la nuca y le hicieran estremecerse un poco. Un extraño calor le llenó el pecho y sus pezones reaccionaron endureciendose contra el fuerte pecho masculino. Ella levantó la vista de nuevo, porque se había casi enterrado en el cuello masculino después de mirarlo a los ojos. —De verdad me dices todas esas cosas porque las sientes o es que quiere conquistarme, señor Taylor —le dijo con cierta coquetería natural. —Pues… sí, me gustaría conquistarte y que nadie más se te acercara, sino que estuvieras conmigo toda la vida —de pronto se quedó callado como si hubiera hablado de más, incluso le dio algo de pena porque él nunca era así de lanzado, sino todo lo contrario para disgusto de JJ. Pero la reacción de Sharon fue abrazarlo con fuerza al escuchar esas palabras, como si le hubieran calado en el alma misma, se sintió como si alguien se interesara por ella como nunca antes y lo peor del caso era que se sentía casi completamente desinhibida, no le daba pena alguna manifestar lo que sentía. Aunque algunas alarmas estaban encendidas en su mente, pero gracias al alcohol que tenía en el cuerpo las ignoraba. Su mente le decía que no se pegara tanto del cuerpo masculino, que era un extraño, que no conocía sus intenciones. Pero su razonamiento le decía que era un hombre confiable. Antes habían hablado de ellos y ella supo que era un importante comerciante, dueño de una poderosa corporación comercial, así que no podía ser ningún loco, ¡Y ella se sentía tan a gusto con él! James la sintió pegarse completamente a su cuerpo y no pudo evitar la reacción natural, su virilidad comenzó a despertarse para su bochorno, porque pensaba en qué iría a pensar la chica. Pero ella no estaba al tanto de eso sino más bien de lo que ella misma sentía. —¿Por qué me dices esas cosas? —le preguntó mientras lo miraba a los infinitos ojos grises de él. —No lo sé —le dijo queriendo ser completamente franco— Usualmente tampoco vengo a estos sitios y nunca le he dicho algo parecido a una mujer. —¿De verdad? —ella era consciente de que podía estar engañándola, pero quería creerle, lo que es más: le creía porque se escuchaba tan sincero. Ella estaba siendo sincera con él y esperaba lo mismo en cambio. —Sí, Sharon —le dijo clavando su mirada en los azules ojos de la chica pero luego su vista derivó hacia los hermosos labios que se habían entreabierto como invitándolo a besarla. El aliento de ambos, cálido y sensual se entremezclaban en la cercanía de sus rostros.
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