—Sharon, si no te conociera diría que me estás tomando el pelo —le dijo con cara de asombro total. —Sí, ¿no es asombroso? —le dijo con franqueza— Yo jamás me dejé llevar por mis instintos (Que me parece que estaban muertos), pero ahora no puedo sacarme esas imágenes de mi mente, hasta el roce de la cucharilla en mis labios me recordaban el roce de los de él. —¡Sharon! —Ahora fue Abigaíl la que no pudo contener la expresión— Me dejas abismada. —Me imagino que sí, estoy sonando más como tú —dijo con una risa irónica en su rostro— Pero no voy a negar la realidad, yo me fuí anoche con él porque no pude evitarlo o no quise hacerlo. pero hoy me iría con él si me lo pidiera de nuevo y esta vez estoy muy consciente de ello. —¡Diablos, Sharon! —dijo Abby— ¡No puedo creer lo que estoy oyendo! La

