Anne esperó muy ansiosa en el interior de la camioneta, miró la pantalla de su celular y no llegaba el mensaje que necesitaba para volar. —Señora Dubois, el avión está listo. Cuando usted lo ordene, daré las indicaciones al piloto. —ella levantó la mirada y miró al hombre de seguridad. —Dame un par de minutos, —el hombre afirmó y esperó afuera del auto, para que Anne tuviese privacidad. La pantalla del celular se encendió y apareció el nombre de Heinrich Müller. Una sonrisa apareció en sus labios. Deslizó el botón verde para contestar la llamada. —Vaya, ya te habías tardado. —No suelo hablar con los traidores. —Oh, ¿Entonces a que se debe tu llamada? —Le has pedido un favor a uno de mis hombres de seguridad, quiero saber, ¿Para qué? Anne torció su labio, según había contactado a uno

