Sus palabras resonaron en el ambiente, cargadas de una ira contenida que helaba la sangre. Hans giró lentamente el rostro hacia Emily, quien estaba completamente pálida. ―Ella se encargó de desaparecerte… Ella…―dijo, levantándose de golpe. La silla salió despedida hacia atrás, estrellándose contra el piso de mármol con un ruido seco que rompió el silencio. ―¡Ella intentó venderte como si no valieras nada! ¡Te drogaron, te desnudaron y te pusieron a la venta! Emily dejó escapar un jadeo ahogado. Sus manos volaron a cubrir su boca mientras las lágrimas rodaban sin control por sus mejillas. Aquella pesadilla que la había atormentado no era un simple sueño: era un recuerdo, un fragmento de la cruel realidad. Levantó la mirada hacia Hans, cuyo rostro estaba encendido de furia. Parecía que iba

