—¡¡Por todos los jodidos dioses literarios, Victoria Smith!! —chilló Moira cuando le abrió la puerta—. ¿Cómo escribiste ese maldito final? —Entró sin esperar una invitación, se detuvo en medio de la sala y olisqueó el aire. Soltó una risita traviesa. —Lo que me sorprende es que me hayan respondido tan pronto —dijo Ría cerrando la puerta. —Bueno, la editora tenía la orden de que ese manuscrito era prioridad, y pues cuando lo recibió en su bandeja le avisó a Carter que iba a leerlo —le explicó. Se dirigió a la nevera y soltó una exclamación—. ¿Pretendes que te dé un coma diabético? De arriba abajo todo estaba lleno de dulces, latas de refrescos, cajas de jugos, envases de budines de distintos sabores, crema chantillí y demás. —¿Dónde tienes las cervezas? —Se volvió con gesto severo—. No

