El rubio comenzaba a sentirse bastante nervioso y aprehensivo. Los fanáticos empezaban a llegar y muchos no paraban de mirar en dirección a ellos, específicamente a las tetas de Ría. —¡Eh, morena! Lindas tetas —exclamó alguien al pasar; tenía la pinta de un estudiante universitario. —Gracias, son de mi novio —respondió ella con malicia y los ojos entornados. El chico miró alternativamente a los dos hombres, que lo observaban con cara de pocos amigos y reculó, bajando los escalones más rápido, perdiéndose entre la marea de gente—. Cabrón* —murmuró. Sacó su teléfono celular y revisó las fotos publicadas; comenzó a mostrarles los comentarios a los dos y tradujo algunos de ellos. Todos eran bastante explícitos con respecto a ambos. —Viejas calenturientas —se mofó—. Todos esos que son subid

