El rubio estaba amodorrado; entre los efectos de la hierba y lo intenso que fue todo, había agotado toda su energía. Estar los tres era como correr una jodida maratón, pero una muy buena, porque nada podía hacerte sentir mejor contigo mismo que hacer a una mujer correrse más de dos veces. La situación se puso densa entre ellos; ninguno de los dos pudo contenerse de ser cariñoso con Ría, aunque era mentira, ambos habían sido dulces antes, amables, pero esa vez, ¡Dios! No había que ser un genio; habían traspasado la delgada línea que separaba el sexo de hacer el amor. Se sentía cómodo en la alfombra y era lo bastante mullida para que su espalda no se lastimara después. Así que cerró los ojos, porque no quería sentir la pesada y penetrante mirada de su compañero en ese momento, que segurame

