—¿Quién quiere un trago? —preguntó el rubio, mientras se desviaban de nuevo a los vestidores—. Ahora que desocupaste tu vejiga, ¿te gustaría una cerveza? —inquirió el rubio, mirando burlonamente a Ría. —Sabes, la cerveza me da ganas de hacer pipí, pero te reto a una de chupitos… vas a caer, niñito… vas a caer —advirtió ella con malicia. —No puedes invitar a beber al hijo de un irlandés de ese modo, Princesa —soltó con una risita maligna—. No cuando has vivido más de diez años de celebraciones de San Patricio. —¿San Patricio? ¡Ja! —soltó Ría con chanza—. Ustedes, gringuitos,* creyéndose la gran vaina… Apuesto lo que quieras a que solo te emborrachas con cerveza y un par de vasos de bourbon, ¿a que sí? —lo retó—. En cambio, en Venezuela, a los quince, ya te has vuelto mierda con ron o aní

