Esa semana estuvo atareada. Las reseñas de algunos reconocidos críticos literarios comenzaron a salir. Moira le dijo que, si su primera novela con ellos tenía esas buenas calificaciones, todo iba a ser cuatro o cinco veces más grande con la que había entregado recientemente. Su amiga estaba muy emocionada; alegaba que pocas veces se podía ver de cerca el surgimiento de una promesa literaria como lo era ella. «Sí, gracias, échale más nervios a la cosa, como si no me sintiera supremamente nerviosa», pensó, pero sonrió y no dijo nada; no podía parecer una zorra malagradecida. El martes apareció en una estación de radio, acompañada de un asistente de la editorial que manejaba la agenda pre-lanzamiento. Los chicos habían escrito todo el domingo, pero desde el inicio del lunes, ella solo apare

