CAPÍTULO 4: REGRESO

1791 Palabras
POV LIAM —Muchacho tu pasaporte — me repite el oficial de migraciones. —Si claro — digo entregándoselo. Me había distraído en la fila de migraciones del aeropuerto de LAX, siete meses habían pasado desde que me fui con el corazón completamente destrozado. Había cortado comunicación con toda persona que no fuera mi familia y hasta mis conversaciones con ellos eran escuetas. Una vez hecho el papeleo de migraciones salgo para encontrarme con Emily, nadie sabía de mi regreso, solo ella. —Liam!!! — grita cuando me ve y corre a abrazarme. —Hola sis — saludo feliz de abrazarla. —Te extrañé mucho — dice. —Yo también — le replico. —¿Cómo estuvo el viaje? — pregunta. —Bien, un poco largo, pero por suerte dormí casi todo el trayecto — respondo. —Vamos, que no veo la hora de que papa y mama te vean llegar, quiero ver sus caras — toma una de mis maletas para ayudarme. Nos dirigimos a su coche y salimos del aeropuerto. Ella estaba bastante emocionada, hablaba sin parar, me puso al tanto de todo lo sucedido en la casa durante mi ausencia, yo la escuchaba sin decir nada. Era pasado el mediodía de un domingo de finales de febrero, así que cuando llegáramos a casa seguramente íbamos a encontrar a todos en la mesa almorzando. Emily estaciono en la cochera y entramos por la escalera de servicio para que nadie me viera, esta daba a la cocina y de ahí, ella entró en el comedor donde efectivamente estaban todos, yo me escondí detrás de la puerta. —Buenos días, familia — saluda Em mientras yo sigo escondido. —Hola cariño, ¿Dónde estabas? Te ves muy contenta — dice mi madre. —Tuve que salir a recoger un paquete, nada importante — responde mi hermana mofándose de mí. —Para ser nada relevante te ves demasiado feliz — habla mi padre. La verdad el escuchar sus voces me di cuenta de todo lo que los había extrañado, irme había sido la mejor decisión que había tomado, pero eso implico perderme muchos meses de la compañía de ellos. —Así que soy un paquete nada importante — digo mientras salgo de mi escondite entrando al comedor — ¿ustedes que opinan? — los miro a todos y sus caras son impagables. —Liam!!! — gritan todos al unísono. —Cariño, te extrañé demasiado — mi madre es la primera en llegar hasta mí. —Yo también madre — la apretó con todas mi fuerza contra mi cuerpo. —¿Por qué no nos dijiste que volvías? — reprocha Beth. —Quería que fuera una sorpresa — explico. —Espero no vuelvas a irte — se acerca mi padre y también me estrecha con fuerza contra él. El resto de mis hermanos también abandona sus asientos para abrazarme y reprocharme que no les dijera nada de mi regreso. Pasamos el almuerzo entre bromas y risas, mis hermanas pequeñas habían hecho un gran cambio, ya no parecían niñas, se habían convertido en adolescentes, era impresionante ver todo lo que había cambiado en estos siete meses, como así también lo que había quedado exactamente igual. Pase una semana disfrutando con mi familia, no llame a ninguno de mis amigos y mucho menos a Serena, tampoco quise salir de casa. En el hospital había pedido licencia, pero pronto tendría que retomar una rutina. El voluntariado me había ayudado a encontrar mi verdadera pasión, me iba a especializar en pediatría, estar junto a todos esos niños fue revelador para mí. Trataba de no pensar en ella, pero la habitación contigua a la mía era un recuerdo constante de Jenn y de lo que no fue, cada vez que salía de mi cuarto y pasaba frente a esa puerta estaba tentado de entrar, pero era demasiado doloroso. Era sábado por la mañana, estaba corriendo al costado del lago en la casa y suena mi móvil, en la pantalla veo un número extraño, pero igual atiendo. —Hola — contesto. —Hola — escucho una voz conocida. Me quedo en silencio impactado al reconocer de quien se trataba. —Soy Érica — dice dubitativa. —Lo sé — es lo único que se me ocurre decir. —Me enteré de que estás de vuelta en el país — comenta. —Se supone que nadie lo sabía — me enojaba un poco la situación. —Ya sabes cómo se corren las noticias — bromea. —¿Qué quieres Érica? — pregunto sin rodeos. —Quería saber si esta noche podríamos ir a cenar y hablar un poco — oferta. —No creo que sea buena idea —¿de qué diablos podríamos hablar? Me pregunto para mí mismo. —Yo considero que sí, el otro día vi a tu ex con un tipo, así que supuse que todos los rumores eran ciertos y pensé que nos debíamos una charla. En ese momento todo mi mundo se viene abajo, ella había hecho ese comentario sabiendo muy bien lo que hacía, la paz que había obtenido al alejarme se esfumó como un rayo, dejando una extraña sensación en todo mi cuerpo. Érica acababa de hacer realidad la peor de todas mis pesadillas: Jenn había seguido con su vida, había pasado página. —Está bien — acepté. —¿De verdad? — se sorprende ella. —Sí, paso por ti a las nueve —confirmo — Adiós. Si Jenn ya estaba con otro, ¿Por qué yo no podía arreglar las cosas con Érica?, sabía que solo estaba actuando por despecho, pero acababa de volver a sentir en mi corazón la misma desolación que ese día en que ella me dejo y no quería estar así, necesitaba hacer algo rápido. El día fue bastante raro después de esa llamada, lo que había logrado en estos siete meses, desaparición en cinco minutos, los cinco minutos que duro esa llamada. Siete meses me costó aceptar que Jenn no era parte de mi vida ya, siete meses tratando de no pensar en ella y en nada más que cinco minutos regreso a mí como una daga que se clavó en el medio de mi pecho. Eran las ocho de la tarde y ya estaba listo para salir al encuentro con Érica, pero al pasar por el cuarto que había sido de Jenn, entre sin dudarlo. Estaba igual que como ella lo había dejado, únicamente que no tenía su aroma, me acerque a la cama y tome uno de los almohadones para ver si olían a ella, pero no. —Todavía es raro no encontrarla aquí — mi madre interrumpe mis pensamientos. —Lo sé — dejo el almohadón nuevamente en la cama. —La extraño mucho — comenta. —También yo — admito por primera vez. A mi madre no podía mentirle y en algún momento iba a tener que hablar con ella de este tema, así que era innecesario evitarlo. —Ustedes la siguen viendo — era una afirmación, no una pregunta. —Así es — confirma — quiso alejarse de nosotros, pero no se lo permitimos. —¿Qué fue lo que hizo? — la conocía demasiado como para saber que alguna locura se le había ocurrido. —Quiso dejar la empresa, pero tu padre no se lo permitió, tus hermanas y yo la vemos tres veces a la semana, espero no te moleste — ella habla con pesar, es como si estuviera entre dos de sus hijos. —Claro que no madre, me alegra que sigan viéndola, ella los quiere mucho y me pone feliz que ustedes a ella también — en todo momento mi voz era casi inexpresiva, aunque sé que mi madre podía notar mi dolor —Liam… — comienza a hablar, pero la interrumpo. —Debo irme madre — me acerco y beso su frente. —Cuídate — me pide. Cuando llego a la puerta me detengo, hay una pregunta que quiero hacerle, pero me da miedo la respuesta. —¿Ella está feliz? — estoy de espaldas a mi madre, no me animo a mirarla a la cara. —No podría asegurarlo, pero con el paso de los meses la vi mejor. La respuesta fue exactamente lo que esperaba de mi madre, ella no me iba a decir la verdad. —Hasta luego madre — me retiro. Paso por Érica y nos dirigimos al restaurante donde ella había hecho la reserva, la verdad que era una situación bastante incómoda, me sentía raro al mirar el asiento del copiloto y no ver a Jenn. El lugar era elegante y refinado, todo ahí dentro gritaba dinero, muy típico de ella. Estaba bastante abarrotado de gente, así que tuvimos que esperar en una barra hasta que nos dieran la mesa, estaba intentando escuchar lo que hablaba Érica, pero distraído por unas risas que concia a la perfección, sin siquiera ser consciente de lo que estaba haciendo me disculpé con ella y caminé hacia ese sonido. Mientras me voy acercando comienzo a divisar dos rostros demasiado familiares para mí, Serena y Leonard, no podía ver a quienes estaban frente a ellos, ya que eran sillones con espaldar alto. Me acerco lo suficiente para que ellos puedan verme. —Liam!!! — grita Serena mientras se para a abrazarme. —Bro, que sorpresa volver a verte — Leonard imita a su novia. Respondo a sus abrazos y reconozco que ellos también me hicieron mucha falta, pero mi mutismo se debía a la simple razón de que sabía muy bien con lo que me iba a encontrar cuando girara hacia sus acompañantes. —¿Cuándo volviste? — interroga Serena. —Hace una semana — respondo. Tomo coraje y giro para verla, ahí estaba Jenn, junto a un primo de Leonard, lo reconocí de inmediato, era un estúpido de primera que nunca me había caído bien. —Jennifer, Mike — saludo con un asentimiento de cabeza. —Hola — dicen ellos al unísono. Estaba hermosa, se había cortado el cabello por arriba de los hombros, un corte recto que le quedaba a la perfección, la miraba fijo, no podía sacar mis ojos de ella, Jenn bajo la cabeza y observaba el piso. —Debemos vernos y ponernos al día — dice Leonard haciendo que aparte mi mirada hacia el de nuevo. —Claro, cuando quieras. —Liam, amor nuestra mesa esta lista — nos interrumpe Érica. Noto la cara de sorpresa de Serena al verla y mucho más al llamarme de esa manera, sin pensarlo, mira a Jenn, quien ni se inmutó, seguía con la vista en el piso.
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