Una vez en mi habitación, Liam me depositó sobre la cama, puso la bandeja de comida frente a mí, la cual observé con desconfianza, y él se sentó tranquilamente a mis pies también sobre la cama. —No voy a volver a ponerte suero, pero tampoco te voy a obligar a comer, deseo que lo hagas por voluntad propia — habló lento y pausado — va a ser tu decisión a partir de ahora, tu responsabilidad. Comprendía muy bien lo que estaba haciendo, era hábil e inteligente, no me estaba dando opciones, sin suero debía ingerir comida o lentamente me debilitaría hasta que no hubiera vuelta atrás. —¿Piensas que esto lo hago con mala intención, no? — a estas alturas todavía no entendía como seguía a mi lado, ya debería de haberme abandonado a mi suerte, pero no, se mantenía estoico junto a mí. —Si creyera e

