El cambio en la mente de Adam era muy notable después de haber depositado la primera parte del dinero al hospital. Sabía que ahora no podían hacerle nada a su madre. —¿Cuándo iremos a verla?—le pregunté emocionada. Cada vez eran más los días que pasaba en su apartamento. Anne seguía sin querer dejar a su padre pero yo no tenía nada que me atara a aquel ático vacío, y prefería mil veces pasar mis tardes libres en los brazos de Adam, o riéndonos a carcajadas en la soledad de su hogar. Algunos de mis artículos personales comenzaban a quedarse allí, aunque estaba mucho más lejos de Harvard de lo que me gustaría. —Después de tu presentación, ¿de acuerdo? Ahora no puedes pensar en otra cosa. —Tengo que concentrarme en otra cosa. He trabajado en esta línea de investigación desde hace siet

