Quieres

4995 Palabras
La ronda dos de aquel día le siguió a la tres y a la cuatro. Parecía que, con solo habernos confesado que nos deseábamos, Adam y yo habíamos abierto la puerta al afrodisiaco más potente del universo. Simplemente no podíamos quitarnos las manos de encima. —Tengo que irme, Harris. —Un rato más—Adam me tenía atrapada por la cintura, mientras yo intentaba, en vano, escapar hacia la puerta—Te llevo en la motocicleta. Eso era tentador, pero uno de los dos debía ser el prudente en este acuerdo. Habíamos pasado toda la tarde encerrados en su apartamento, teniendo sexo en cualquier superficie plana en la que pudimos. Ahora, yo tenía que avanzar en mi proyecto y Adam debía trabajar. —¿No debías ir al laboratorio hoy? Me logré soltar de él, pero al ver un puchero dibujado en su rostro, no pude evitar abrazarlo. Estaba solamente en calzoncillos, mientras yo había logrado vestirme por completo. —Diré que estoy enfermo. —No quiero que evadas tus responsabilidades. ¿Qué clase de amiga sería? —Una que folla muy bien. Golpeé su bíceps con mi puño, haciendo que me viera algo ofendido. Esperaba que conforme los días pasaran, yo dejara de sonrojarme tanto cuando él hiciera esa clase de comentarios. —En serio debo irme. —¿Te veré mañana? —Claro que sí, en clases—le saqué la lengua. —Lele...—su voz sonaba como la de un niño castigado. —Adam, no es que no esté disfrutando de esto. Pero como adultos que somos debemos de pretender que seguimos obedeciendo nuestras responsabilidades. —De acuerdo—dijo derrotado—Pero con una condición... —¿Cuál? —Usted y yo señorita, debemos hacerlo en uno de nuestros laboratorios antes de que acabe el mes. —¡Pervertido! Reí a carcajadas, antes de tomarlo por el cuello para besarlo. Una vez que se quedó perdido en el beso, salí corriendo. Escuché su exclamación a lo lejos, pero yo ya estaba usando en el elevador. En cuanto se cerró, me pegué a una de sus paredes, pues las piernas no me respondía. Aún estaba sorprendida por lo que acababa de pasar.Nunca pensé que algo así pudiera pasarme a mí, que el hombre en el que había posado la mirada hubiera estado en la misma sintonía que yo. Novios formales había tenido relativamente pocos, por lo que no era de extrañar que estos acuerdos me funcionaran mucho mejor que nada y, por lo visto, a Adam también le hacían bien también. Salí de su casa después de despedirme del portero y caminé por las calles de Brooklyn. Pensé en llamar a Camila, pero decidí que este sería mi pequeño secreto. Una parte de mí tenía terror de que mi hermana me juzgara, porque en otras ocasiones lo había hecho, aunque fuese con la intención de protegerme. Camila era la única que conocía mi corazón a ciencia cierta, pero eso la hacia meterse en mi vida cuando lo creía conveniente. Nueva York era un nuevo comienzo para mi, así que no dejaría a nadie juzgar mis decisiones. Las semanas fueron pasando, mientras Adam y yo seguíamos uno encima del otro. No sé como logramos hacer que parecía que no pasaba nada entre nosotros. Yo seguía entrenando para la presentación de fin de semestre, deliberadamente ignorando los intentos de Dylan Vanderbilt porque saliéramos. —Vamos, Santillan. Solo un café. —Lo siento Dylan, en verdad tengo que trabajar. —Mi madre te maltrata—farfulló molesto—Yo solo soy un pobre hombre que necesita un poco de cafeína. Alcé una ceja. —¿Qué no hay una máquina de café por aquí? Dylan hizo una mueca de asco. —No tienes ni la menor idea de lo que es un buen café. —Lo siento, pero no. No soy mucho de café, prefiero un té o una soda.  —Entonces te invito a ir por un té. Necesitamos salir de aquí. —Tú eres el que está aburrido, Dylan. No yo. Sonreí cuando lo vi salir derrotado. Era cierto que yo debía trabajo pendiente pero también había quedado de verme con Adam al salir y no quería perder tiempo. Después de todo, tuvimos dificultades para encontrar un horario en el que nos siguiéramos viendo a escondidas que no implicara follar en el baño de la escuela, por ahora. Terminé media hora después y bajé las escaleras sin cambiarme de ropa, despidiéndome de la profesora Anne. —¿Lista? Adam me esperaba junto a la motocicleta, con una sonrisa ladeada. Le respondí con un asentimiento de la cabeza, él tomó mis cosas y las estaba guardando. —¡Lele Santillan! ¡ASÍ TE QUERÍA ENCONTRAR! Me llevó la mano al pecho, sobresaltándome. Nina estaba detrás de mí, viéndonos a los dos con sospecha. —¡Nina!—grité—¡Me asustaste! ¡Carajo! La aludida seguía sonriendo. —No te he visto en toda la semana. —Tengo un proyecto que presentar. —Eso puede esperar, ¿qué hace Harris con tus cosas? —Debo ir al laboratorio, así que le daré un aventón. Lo quedé viendo, ¿desde cuándo era tan buen mentiroso? Me encogí de hombros, sin responder nada, dando a entender que era cierto. Nina pareció creernos, porque no dijo nada más. —Entonces van para Central Park. Ambos asentimos, quizá demasiado rápido, con la cabeza. —Excelente, así podremos comer con los demás. Alex dijo que tenía algo importante que decirnos. —¡Dios!—exclamó Adam—¡Tu hermano embarazó a alguien! —Ahora está saliendo con un muchacho del Bronx, así que dudo que sea eso. Los tres nos reímos. —Entonces, ¿vienen? No podríamos decirle que no, porque empezarían a sospechar y desde el principio habíamos dejado muy en claro que no queríamos que nuestros amigos supieran de lo nuestro. Parte de mí tenía miedo de que no me aceptarán, además de que creía que Adam seguía sintiendo algo por Dalilah Jones. No podía negar que eso me dolía, pero tenía que atenerme a las consecuencias de lo que yo misma había aceptado. Ser amigos con beneficios, implicaba que yo no tenía derecho a meterme en su vida pasada o él en la mía, además de que quedamos que en cuanto uno de nosotros se enamorara, dejaríamos todos. Eso me partiría el corazón, lo sabía desde ahora, pero yo era una experta en pretender que ni eso, ni nada, me importaba. —¡Vamos!—anunció Adam—He estado tan ocupado que no he podido ver a nadie. Claro, ocupado empotrándome contra su pared. Era testigo de que le había cancelado a William y Michael en más de una ocasión para pasar la tarde en su apartamento. Fuera de aquel lugar, Adam y yo no nos veíamos, así que sería divertido pasar un rato juntos como amigos, porque eso éramos. Amigos por fuera, amantes por dentro. —¡Claro qué iremos!—declaré—¡Me merezco un descanso! —Nos lo merecemos. Dejamos la motocicleta de Adam en el estacionamiento y nos apresuramos a caminar, porque Nina anunció que tenía hambre. La morena iba caminando en medio de nosotros, parloteando sin cesar sobre todo lo que haría al final del semestre. En menos de lo que esperábamos, habíamos llegado a la cafetería de Alex. En los meses que llevaba en Nueva York, me volví amante de eses pequeño restaurante escondido entre los árboles de Central Park. Me recordaba a una película de mi infancia, donde una niña callada y huraña, como yo, encontraba lo especial de la vida escondido en un jardín secreto. Suspiré al recordar eso. —¿Y ese suspiro?—me preguntó Nina. —Creo que me estoy enamorando de Nueva York. Adam me dedicó una sonrisa, que estaba empezando a creer reservaba solo para mí y entramos a la cafetería. El club de Adam, como había empezado a llamarlos cariñosamente, se encontraban sentados en una mesa en el rincón. —¡Hasta que llegas, Nina! —Es que encontré compañía—dijo la chica señalándonos. —¡Hola chicos! —¡Gracias a Dios!—William se llevó las manos al pecho, dejándose caer en el piso. Ahora todos nos miraban—¡Llevas tanto tiempo desaparecido que ya iba a reportarte como P.E.A.? —¿P.E.A?—los miré sin comprender, mientras Adam baja la mirada algo avergonzado. —Perdido en acción—indicó Michael—Estos tarados amenazaban con reportarse el uno al otro cuando se iban a emborrachar en la estación en Irak. —Pensé que Adam era el responsable de ustedes—mencionó Margot—Pero creo que estaba equivocada. —¡Claro que soy responsable!—se defendió Adam. —Si tú lo dices—dijeron Michael y William al unísono, mientras todos a su alrededor reíamos. Margot me hizo un espacio para que me sentara junto a ella. No pude evitar notar que Dalilah no se encontraba. Nina me salvó de parecer chismosa, cuando fue ella la que preguntó. —¿Y Dalilah? —Tuvo una reunión de trabajo. Suspiré aliviada, sintiéndome más cómoda ahora que no estaba con nosotros. Nina estaba por sentarse cuando Alex le tiró un delantal al rostro. —¡A trabajar! ¡Que no vives solo de esa cara bonita! —Podría—dijo la morena encogiéndose de hombros. —¡Ni te atrevas! Nina solo se rió, pero se levantó de la mesa y poniéndose el delantal, comenzó a tomar nuestras ordenes. Pedí una ensalada y una malteada para compensar, mientras escuchaba con asombro la enorme cantidad de comida que pedían los chicos, acompañada por supuesto de cervezas. Con los americanos me estaba acostumbrado a la cerveza, pronto ni me haría falta el tequila. Después de llevar la orden a la cocina, Nina volvió a sentarse con nosotros.Tuvimos una larga conversación, poniéndonos al corriente de las semanas que no nos habíamos visto. Me sorprendí al darme cuenta que desde el día de la bodega, Adam tampoco veía a sus amigos. Intentábamos pasar la mayor parte de la charla con todos para que no se notara que habíamos coincidido en esos días más de lo normal, hasta que Margot le preguntó directamente a Adam. —¿Con quién has estado todo este tiempo?—lo cuestionó Margot. —Solo con mi soledad. —Y yo soy virgen. —¡Margot! —Pensé que decíamos mentiras—la rubia se encogió de hombros—¿Dónde o quien estabas? Te ves diferente, como en paz. —El trabajo, rubia. El trabajo me da paz. —A mí no me engañas. Estas saliendo con alguien. Adam se puso al a defensiva. —¿Y eso sería un problema? Parpadeé varias veces, intentando darle un sentido a esas palabras. Bebí de mi cerveza para distraerme. —Sabes que soy la primera persona que quiero que sigas con tu vida. Además, mi hermana necesita verte con alguien más para entender que lo suyo no tiene solución. —¡Déjalo en paz, rubia!—William entró al rescate de su mejor amigo—Sabes que Addie nos contaría si estuviera saliendo con alguien. —¡Por supuesto que sí! Adam Harris era el peor mentiroso que había conocido en mi vida y, sin embargo, sus amigos le habían creído. Eso solo me dejaba dos opciones, o de verdad no quería que se meterían en su vida, como me había dicho, o tenía vergüenza de que supieran que se acostaba conmigo. Esperaba que fuera la segunda. Parecía ser suficiente para que lo dejaran de molestar, pero entonces Nina fue contra mí. —¿Y tú, latina pelirroja? ¿Dónde te has metido? Con tal de evitar sus miradas, me concentré en deshacerme el apretado moño de para dejar suelto mi cabello. Me lo estaba dejando crecer, un poco para cambiar y un poco porque Adam me había dicho que le gustaban las mujeres de cabello largo. No, definitivamente no me estaba enamorando. —Trabajando sin cesar. Recuerda que debo dar una clase para cumplir con lo que me piden en el posgrado. —¡Tu vida es bastante aburrida! Alcé una ceja, si tan solo supieran todo lo que había vivido en México. Era lindo que ellos me imaginaran como una chica dulce e inocente, cuando no sabían que era lo que escondía detrás. —¿Qué te puedo decir? Vine a estudiar y eso estoy tratando de hacer. —Debo presentarte a alguien. —¿Para qué o qué?—Adam saltó, poniéndose rígido. —Para que deje esa vida aburrida de monja. —Cuidado con las monjas, Nina—bromeó William—¿Qué no viste la película de terror que han hecho sobre ellas? —Eso ni siquiera se acerca a la realidad. —Claro que no—confirmó William—Son mil veces peores. —¿Las conoces de algo?—pregunté con curiosidad. —Adam, las Jones y yo estudiamos en una escuela religiosa, donde esos seres eran las profesoras—reprimió un escalofrío, haciéndome reír. —No dejes que te engañe, Lele—esta vez la que habló fue Margot—Eran muy lindas, pero William nunca ha sabido seguir las reglas. —¿Y qué hacías en el ejercito? —¡Cuidar a Addie, que más! En respuesta a eso, Adam le aventó un pedazo de corteza de pan que le había quitado a su sándwich. Los tres amigos empezaron una mini guerra de comida, que acabó con Margot tomándome de la mano para salir de allí. —Iremos al baño, mientras deciden dejar de ser los sobrinos del Pato Donald. —¡No me dejen!—suplicó Nina, antes de levantarse con nosotras. Las tres nos fuimos a los sanitarios, mientras Adam intentaba quitarse un pedazo de lechuga con mayonesa del cabello. Se veía bastante guapo ahora que estaba dejando atrás el corte militar. —Lele, yo quería hablar contigo... Margot dijo eso mientras Nina salía del sanitario a ayudar a Alex que estaba gritando su nombre. No sabía que hacer, así que asentí con la cabeza. —Quería pedirte una disculpa. —¿A mí?—de verdad estaba sorprendida—¿Por qué? —Por lo que pasó el día que nos conocimos. A veces cuando pasó demasiado tiempo con Dalilah me empiezo a comportar como ella. No pude evitar sonreírle, pensando en Camila. —Suele pasar con las hermanas menores. La mía puede parecer una mini yo, pero somos más opuesta que el día y la noche. —Suponiendo que tu eres la noche. Negué con la cabeza. —Esa es mi hermanita. Ella asegura que es la oscuridad. —Se nota que la extrañas mucho. —Con toda el alma—sonreí con tristeza—Pero era el momento de separarnos y que cada una buscara su vida en otro lugar. Además, ella está por casarse. Espero me no sea traicionera y se case antes de que yo vuelva. —Tenías una linda vida en México. —Aún la tengo, aunque ya no esté allá. —Piensas volver. Por un instante, dudé acerca de lo que respondería pensando en Adam Harris. Negué para mi misma, porque él no significaba nada en mi futuro. —Claro que sí. Tengo aún una plaza en la Universidad que no pienso desperdiciar. —Aún me parece asombroso que esté conociendo a una científica como tú. Me sonrojé. —Estás cordialmente invitada a verme bailar cuando quieras. Margot asintió emocionada. —¡Te tomaré la palabra! Y te invitaré un café después. Estaba haciendo amigos, puntos para Celeste Santillán. Mi hermana estaría bastante orgullosa de mí. —¡Me encantaría! —Entonces, ¿me disculpas? —¡Por supuesto que si, Margot! Borrón y cuenta nueva. Seguimos conversando un rato más, hasta que Nina entró peleando acerca de que Alexei no sabía hacer cuentas. —¡LOS HERMANOS SON IMBÉCILES! —Dios gracias al universo porque tengo hermana—sonreí. —A veces ellas también son idiotas. Miré a Margot con la ceja alzada, pero la rubia solo se encogió de hombros. —Creo que todas las personas, sobre todo a las que tienes que tolerar porque llevan tu sangre. —Yo llevo tolerando al trío maravilla de Adam, Michael y Wick desde la infancia y no llevan mi sangre—dijo Margot con cariño. —Es bonita la amistad que tienen—susurré. —Son como mis hermanos de algún modo. Hemos pasado mucho tiempo y demasiadas cosas que nada, ni nadie, va a poder quitar. —Y en eso te doy la razón. Me pasa con Franco. —¿Quién?—Nina me veía con interés. —Franco Dávila es mi mejor amigo desde la escuela. Crecimos juntos y aunque a veces no lo tolero, no sé que sería mi vida sin él. —¿Nunca tuvieron nada? —¿Tú tuviste algo con Michael, William o Adam?—contraataqué. Margot negó con la cabeza. —No, ni quiero. —¿Ni con William?—Nina estaba repentinamente interesada en la conversación. —William es una persona importante para mí, pero somos demasiado diferentes para ser algo. Nina estaba apunto de contestarle algo cuando se escuchó que aporreaban la puerta. —¡Llevan mucho tiempo encerradas allí! ¡NO SÉ QUE HACEN PERO NO ME INVITAN! Era la voz de William. Parecía que no había escuchado nuestra conversación por lo que sonreímos aliviadas. —¿Quieres hablar de tampones y copas menstruales? Nina batió las pestañas cuando dijo eso, abriendo la puerta. La cara de William era indescriptible. —Paso, gracias. —Ay, Willy—dije con una sonrisa—¿Te imponen las cosas de mujeres? William me vio ofendido. —No me digas "Willy", Lely. Bufé. Odiaba ese apodo que me hacia sentir tan infantil. —No te atrevas. —Mejor no te metas con ella, Wick. Que por todo lo que sabemos podría ser una espía ultraviolenta. Adam se había unido a nuestra conversación, milagrosamente limpio de todo lo que se habían tirado con sus amigos. Los cinco caminamos a la mesa donde Michael nos esperaba, para volver a ocupar nuestros lugares. —Exacto—dije alzando una ceja—No me conoces, William. —Quiero conocerte. Me era bastante fácil coquetear con él, no lo podía negar. Además, me encantaba ver la cara de Adam, porque no podía negar que estaba celoso. Definitivamente, seguiría esas conversaciones inofensivas, mientras a Nina no le molestaran. —¡Chicos! ¡Chicos! ¡Chicos! Ya estábamos sentados en la mesa, mientras que Alex se acercaba a la mesa. No entendía como ese chico podía tener tanta energía. —¿Qué pasa, Alex? —¡Me acaban de invitar a un rave! No quiero ir solo, ¿vienen? No tengo muchos más amigos que ustedes. —¿Gracias?—dijo Michael alzando una ceja. Honestamente no sabía que era eso, así que decidí que lo mejor sería preguntarle al chico para saber en lo que nos estaba metiendo. —Creo que tendrás que explicarnos que es eso Alex, porque nunca lo he escuchado. El chico de pelo blanco parpadeó sorprendido. —¿Nunca has ido a un rave? —No, en México no tenemos. —Oh mi pequeña e inocente, camarada. Por supuesto que tienen y son de los mejores. —Hermano—interrumpió Nina—Tendrás que explicarles que son y dejar que decidan si ir. Alexei golpeó el piso, como haciendo un berrinche. —Era más divertido si no sabían. —¡ALEX!—exclamamos todos. —Esta bien, les explicaré. Un rave es una fiesta clandestina con música electrónica, luces neón, sustancias un tanto ilegales, alcohol y más cosas que se organizan que se organizan en lugares abandonados. Existen desde 1970 y son lo máximo para divertirse. Nos miramos los unos a los otros, sorprendidos por eso. —¿En serio quieres ir a eso? —¡Son increíbles!—dijo Alexcon un tono festivo. —¡Son ilegales!—imitó Michael Robinson. —Deben darle una oportunidad. —¿Y si nos arrestan? —Te recuerdo que soy una latina con visa de estudiante. Te aseguro que si como un chocolate y lo abro del lado incorrecto me deportan. Adam me vio con mala cara. —Eso no puede pasar. —Se nota que nunca has sido extranjero, cariño—dije con burla. —Independientemente de lo que diga Lele y su delirio de persecución—dijo William—No es buena idea meternos en esas cosas Alex. —¡Chicos! Ya he ido muchas veces y no nos pasará nada! —¿QUÉ?—la exclamación de Nina retumbó por toda la cafetería. —¡Cómo si no supieras lo que hago cuando no estamos juntos! —¿Y SI TE ARRESTAN? ¿QUÉ VA A DECIR EL TÍO ERIK? —¡A ese viejo no le importamos, Nina! ¡Él se quería quedar con nuestra madre y nosotros somos el premio de consolación! Los gemelos respiraban fuertemente, viéndose a los ojos. Nina se dió la vuelta y salió hacia el parque, dando un portazo. Alex se metió a la cocina, dejándonos solos en la mesa. —¿Qué acaba de pasar? —No tengo ni idea—dijo William. Los presentes vimos a Adam esperando que él nos diera una respuesta, pero simplemente se encogió de hombros. —Nina no habla mucho de su pasado... —Lo único que sé es que ellos tienen un trauma terrible con la muerte de su madre—intervino William—pero no me corresponde decirlo. —En eso tienes razón, William. Cambiamos de tema, hablando de las diferentes fiestas a las que habíamos ido. Yo no perdí tiempo en contarles como eran las fiestas en las famosas playas de México Adam, William y Michael nos dieron un relato detallado de como eran las fiestas de las tropas, mientras Margot se dedicaba a observar. —¿Entonces eso de que les llevaban bailarinas como en las películas no es cierto? Adam negó con la cabeza, aún riendo. —Desgraciadamente no, para eso tenemos que ir al primer prostíbulo que tengamos a mano. —¡WILLIAM! Sus amigos lo habían golpeado en la cabeza al mismo tiempo, haciendo que el hombre soltara un quejido de dolor. —¡Es broma, par de aburridos! No necesitábamos esas cosas cuando estaban las chicas del batallón. Abrí los ojos perpleja. —Siempre hay modo de saciar las ganas—Adam me miró con lujuría cuando dijo aquello. —Y que lo digas... Seguíamos hablando cuando Nina entró, se notaba que había llorado a pesar del enorme esfuerzo que hacia porque no se le notara. Se paró frente a la barra y depositó el delantal en ella.  —Nini... —Iré contigo a la maldita fiesta, Alejandro. Por primera y última vez. No quiero que te metas en problemas. —Hermana... —Te veré en casa—se dirigió a nosotros antes de tomar sus cosas—Nos vemos luego chicos. No pudimos responderle porque ya iba a la puerta. Para mi sorpresa, William salió tras ella, después de depositar algunos billetes en la mesa para pagar su comida. Margot los siguió con la mirada con una leve sonrisa. —Espero que consiga calmarla. Son unos idiotas al no estar juntos. Michael se había quedado bastante pensativo. —Tenemos que acompañar a Nina. Me da miedo lo que pueda pasar si pelea en ese lugar con su hermano. Margot, Adam y yo asentimos con la cabeza. —¡Hey Alex!—llamé al chico con una idea en la cabeza—¿Crees que pueda llevar a alguien al rave? Alex me vió con los ojos llenos de emoción. —¡Por supuesto, linda! ¡Cuántos más mejor! —¿A quién piensas llevar, Santillan? ¿Eran celos los que detectaba en Adam Harris? Sonreí, tomando mis cosas porque ya era hora de despedirme antes de hablar. —A una amiga que creo que les caerá bien. Ví con diversión como Adam soltaba todo el aire contenido. Después de despedirnos de Alex, salimos juntos con Margot y Michael para irnos a casa. Estábamos bastante entretenidos en la charla que pronto nos encontrábamos en el metro. Yo aún debía caminar al brownstone, pero ellos irían hasta Brooklyn. —¿Vienes, Adam? El rubio negó con la cabeza. —Lo siento chicos, dejé la motocicleta en la escuela. Los veo luego. Cuando se fueron, Adam y yo caminamos en silencio a la salida del Central Park. Antes de que yo me fuera, Adam me plantó un beso de lleno en los labios. —Te veo el fin de semana, nena. La semana fue terriblemente larga, porque tenía mucho trabajo y no había visto a Adam. Me costó bastante, pero logré convencer a Anne de que viniera a la fiesta. —Soy abogada, Santillan. No me puedo meter en algo ilegal. —¡Justo por eso te necesito! Anne negó con la cabeza, ambas nos estábamos vistiendo en su amplia recámara. Alex nos había escrito un mensaje donde daba las especificaciones acerca de cómo ir a la fiesta, además de que no debíamos llevar automóvil porque él nos recogería en la salida de una estación de metro. —¡Si pasa algo me la pagarás! —Te prometo que no. Salimos poco antes de la hora indicada y charlamos hasta encontrarnos con los gemelos Ramirez. A pesar de que Anne y yo no coincidíamos muchas veces en la casa, habíamos tenido el tiempo suficiente de charlar y ser amigas. Así fue como supe que ella había sido adoptada por el señor Ollivier cuando este se casó con su madre, pero que debido a su trabajo se cambió el apellido para no tener problemas, usando como profesional el apellido de soltera de su madre. Después de todo, ella era una exitosa abogada y el señor Ollivier era el fiscal del estado. —¡Hola chicos! —¡Lele!—Alex me abrazó y Nina me saludó con un beso en la mejilla—¿Ella es tu invitada? —Así es—sonreí—Les presentó a Anne Brown. —Un gusto, mi nombre es Nina Ramírez y él es mi hermano Alex. —Solo nos queda esperar a los demás, espero que no tarden mucho. El primero en llegar fue Michael, que de inmediato le dedicó una sonrisa coqueta a Anne. William hizo lo mismo en su momento, pero mi amiga lo ignoró. Aplaudí internamente, a Anne le había gustado Michael Robinson. —¡Llegamos! —Oigan, ¿y Dalilah?—dijo William imitando una caricatura y riendo de su propio chiste. —Mi hermana dijo que ella no saca de la cárcel. —Mejor para nosotros—murmuró Alex. —¡OYE!—se quejó Margot. —¿Qué quieres que te diga Margot? Sabes que no nos llevamos bien. —¿Y eso?—pregunté. —También piensa que es mala influencia—apuntó William. Bufé, pero no dije nada.  Pensé que sería su perdida al aislarse voluntariamente de sus amigos, por lo que decidí no comentar nada, además de que no me correspondía. —¿Nos vamos? Seguimos a Alex mientras íbamos en nuestra conversación, que pronto era bastante animada.  —Creo que no entraremos en mi camioneta—confesó. —¿Entonces? —Las chicas pueden ir sentadas en los regazos de los chicos...o ya vemos como nos acomodamos. Le cedimos el asiento del copiloto a Nina, que accedió a compartirlo con Anne para que ella no se sintiera tan incómoda con los chicos que apenas conocía. Michael, Wick y Adam se acomodaron en el asiento trasero, para que Margot y yo nos sentásemos encima de ellos. Adam no perdió tiempo para agarrarme por la cintura y sentarme en su regazo. Michael había hecho lo mismo con Margot, dejando a Wick con los brazos cruzados. —Hola, nena—susurró Adam en mi oido. Me estremecí, pues la semana que habíamos pasado sin vernos se me hizo eterna. Alex encendió la maquinaria y avanzamos por varias calles oscuras y desconocidas. Todo el tiempo, Adam se dedicó a dibujar patrones sin sentidos sobre mis piernas, que estaban cubiertas con unas medias de seda negra.Finalmente, cuando ya no podía soportar más la tensión s****l que se vivía en ese ambiente. Llegamos. Bajamos de la camioneta y comenzamos a andar. Por lo poco que se podía distinguir en la oscuridad, estábamos cerca del rio Hudson. No había tenido la oportunidad de conocer esto. —¿A dónde vamos, Alex?—Nina iba caminando un poco asustada, colgada del brazo de su hermano. —¡Al cementerio de buques! Anne palideció al instante. —¿Cementerio? Entramos a un enorme buque, después de que Alex nos convenciera de que aquel lugar era seguro y no nos hundiríamos. —¡Es impresionante! —¡Se los dije! —Creo que lo mejor es que no nos separemos—anunció Michael. —¡Sírvanse algo!—Alex apareció de la nada, con un vasito de color rojo. —¡Lele! ¡Tequila! Nina venía caminando hacia mí, con las mejillas coloradas. Alzaba una botella de un conocido tequila como si se tratara de un trofeo y, sin darme tiempo de reaccionar me hizo abrir la boca para recibir un trago. —¡YA HACIA FALTA!—anuncié. —¡Y QUE LO DIGAS! —Ven...—Adam tiró de mi mano, sacándome de la pista—Quiero que pruebes algo. Traía cara de pícaro y los ojos enrojecidos. Me tendió una extraña pipa y comprendí enseguida. —¿No quieres? Pensé en darte brownies pero no sé si sea tu primera vez y no quiero que te pongas mal. —No es la primera—confesé, fumando de aquella pipa y sintiendo el sabor característico de su contenido envolverme la garganta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR