¿Nada personal?

4047 Palabras
Estuvimos fumando un buen rato, riendo. Independientemente de nuestro trato, Adam se estaba convirtiendo en uno de los mejores amigos que había tenido. Cuando se hubo acabado el contenido de la pipa, regresamos a la pista de baile pero nuestros amigos no estaban. —Demasiado para "no nos separaremos" —Espero estén cuidando a Anne—dije con preocupación. —Michael lo hará, tenlo por seguro. Iba a contestar algo más, pero Adam ya tenía las manos en mi cadera, tratando de buscar cómo meterlas a pesar de mi ajustada falda. —Vamos a otro lado, nena. No aguanto más. —Adam, nuestros amigos… Su mano jugueteaba con el elástico de mis medias. ¡Estábamos en medio de la pista de baile! —Los buscamos después. Hablaba con autoridad, demandante como siempre que quería sexo. Me dió un azote en el culo por lo que apuré mi bebida y lo tomé de la mano para salir de aquel buque lleno de personas enfiestadas. Apenas salimos a la plataforma, Adam comenzó a besarme con pasión, tirando de mi labio inferior. —Adam...estamos a la intemperie. —¿Dónde? Señalé uno de los buques que estaba más abajo, también abandonado y Adam no perdió el tiempo para cargarme en volandas y llevarme a él. Debido al alcohol y a lo que habíamos fumado, veía como todo brillaba aún más a mi alrededor y me sentía completamente relajada. Llegamos al buque y Adam no perdió tiempo para empujarme contra la pared, enrollando la falda en mi cintura. —Eres mi droga—confesó—¡Ya no puedo estar sin follarte! Amaba cuando Adam hablaba durante el sexo, no podía negarlo. Gemí cuando sentí como rompió las medias negras que yo traía puestas. —Me la pusiste difícil—se frotaba contra mí mientras yo le besaba el cuello. Habíamos encontrado los puntos débiles el uno del otro y no dudábamos en aprovecharlos. —¿Qué quieres, nena? —A tí. Adam tomó mis manos y las levantó para dejarlas encima de mi cabeza. Jaloneó mi blusa para dejar mis pechos al descubierto. Me giró, haciendo que mi cabeza quedara contra la pared, cosa que aprovechó para abrir mis piernas. Bajó mi ropa interior de un tirón, para después pasar sus dedos por mi interior, casi sin tocarme. Gemí y pegué las piernas. Estaba completamente excitada. —Te gusta la idea de hacerlo en un lugar público, ¿eh? Giré la cabeza para callarlo con un beso. Me soltó una mano, que aproveché para masturbarlo, mientras él usaba mi excitación para meter un dedo en mi culo. —¿Lo quieres aquí? Me mordí el labio mientras asentía con la cabeza. Eso fue suficiente para Adam, que me penetró con un dedo, usando mis propios jugos como lubricante, mientras yo me retorcía abajo de él. Su dedo en mi trasero bombeaba incesantemente. Cuando sintió que estaba suficientemente lista, asegurándose que no fuera a lastimarme, comenzó a introducir su m*****o. Al principio, me dolió, ya que era demasiado grande. Adam se dió cuenta de esto y se dedicó a besarme el cuello, mientras sus manos tiraban fuertemente de mis senos. Sentía un nuevo dolor con eso, pero me hacia distraerme. —Eres preciosa. Eres perfecta para mí. —¡Tú eres lo que yo quería! Las palabras me salieron como un gemido, pues Adam me había penetrado completamente por el culo, mientras sus dedos se encargaban de acariciar mi intimidad. Introduciéndose en ella una y otra vez. Ambos gemíamos y gritábamos el nombre del otro, hasta que nos corrimos al mismo tiempo. Gracias a lo que consumimos, nuestros reflejos eran lentos y las sensaciones estaban a flor de piel. Nunca había sentido un orgasmo como aquel. Adam salió de mí y yo me giré para besarlo, pero él me sorprendió tomándome de los glúteos y sentándome sobre una barra de metal. —¡Está fría!—chillé. Como era su nueva costumbre, me calló con un beso. Mis manos encontraron su m*****o, que comenzaba a endurecerse de nuevo. Estuvimos besándonos por muchos minutos, yo sentía que el tiempo pasaba demasiado lento, pero si por mi hubiera sido, me quedaba en medio de ese estupor orgásmico para siempre. —Amo tus besos... —Podría besarte por siempre, nena. Adam bajó la mirada a mis senos, parecía un hombre hambriento. —¿Te he dicho que estos están hechas para mí?—dijo dándole un tirón a mis pezones. Nunca pensé que aquel hombre tan buen mozo fuera capaz de hablar tan sucio en la cama. Dirigió su boca a mis pezones, jugando con ellos mientras los besaba. Yo me entretenía en masturbarlo y revolver su cabello. —Me gusta tu cabello largo...—confesé. —¿Y la barba?—preguntó levantando la cara. —Esa me excita. —Tomo nota. ¿Sabes, nena? Quiero todo contigo. El aire se me fue por unos instantes ante aquella confesión, pero le eché la culpa a lo relajado que se sentía en ese momento, por lo que seguí acariciándolo al tiempo que él me besaba el cuello. —Lele...—Adam parecía recobrar la lucidez, mientras yo tomaba su m*****o para acariciar mi c******s con él—No traemos condones. Estaba demasiado metida en la situación como para preocuparme por eso. —Después me hago cargo de eso. —¿Segura? Lo besé de nuevo, cosa que fue suficiente para que él me penetrara de golpe. Los dos gemimos al contacto. Adam tenía una de mis piernas en sus manos, lo que me permitió dejarme caer hacia atrás, yo solo me dedicaba a disfrutar. Mi ropa estaba enrollada alrededor de mi cintura, mientras todo mi cuerpo vibraba de placer. Adam acariciaba mi pierna en contraste a la fuerza con la que me penetraba. Me tomó del cabello y me acercó a él para besarlo. —Lele—gritó antes de salirse de mí para correrse. Como yo no había llegado al orgasmo, sonrió de lado mientras su depositaba un beso en mi frente para después bajar a mi centro. Tomó mi c******s entre sus labios y lo succionó haciendo que yo gritara. —¿Hay alguien aquí? Los dos nos quedamos quietos al escuchar que una voz decía aquello, seguida de unos aporreos a la puerta del buque en el que estábamos metidos. Adam levantó el rostro de en medio de mis piernas. —¡HAY ALGUIEN ALLÍ!—repitieron. Era una voz desconocida, cosa que nos alivió. No quería que alguno de nuestros amigos nos encontrara en esa posición. La mano del rubio cubrió mi boca, mientras me hacia señas de que no hiciera ruido. Probé mi sabor en su mano, cosa que hizo que él sonriera. Introdujo un dedo en mi intimidad. No pude evitar soltar un chillido.  —¡ABRAN! Se acercó a mi oído, mientras sus dedos jugueteaban conmigo.  —No hagas ruido, Lele… Nunca había odiado tanto a nadie como a Adam Harris en ese momento. La excitación crecía en mí interior al tiempo que su rostro se escondía en mi cuello donde dejaba húmedos besos. Dos podían jugar ese mismo juego y yo podía sentir en mi abdomen que Adam se estaba excitando.  —Parece que no soy la única que está disfrutando esto.  En respuesta, Adam soltó un gemido que me erizó la piel. En lugar de disminuir, sentía como el efecto de las drogas aumentaba por la adrenalina que corría en nuestras venas. Seguimos masturbándonos mutuamente mientras tocaban la puerta con fuerza, prácticamente la aporreaban con la intención de tirarla.  —Creo que no hay nadie aquí, Tim.  Suspiramos cuando dejamos de escuchar el ruido. Nos habían dejado solos.  —¿Continuamos?—dijo Adam con las manos aún en mi interior.  —Pensé que nunca habíamos parado. Con una sonrisa de lado, volví a bajar su cabeza hasta encontrarse en medio de mis piernas. Definitivamente ese hombre tenía maestría en dar un oral. Sentía su lengua por mis pliegues, provocándome escalofríos, de vez en cuando sus labios succionaban mi c******s. Era tanto lo que sentía que no me importó gritar cuando me corrí. Adam siguió jugando conmigo hasta que bajé del éxtasis.  —Adam…¡ADAM! El rubio no me escuchaba, estaba manoseándose totalmente excitado lamiendo mi intimidad. Con cuidado, lo separé de mi, atrayéndolo a mi rostro pero él se quedó besando mis senos. Ambos estábamos en un punto de placer indefinible.  —Adam, cariño.  Vi cómo se relamía los labios cuando se corría, con la cabeza en mi pecho y sus piernas entre las mías. Abrió los ojos y me dedicó una preciosa sonrisa.  —Nena… Me bajé de la mesa, tambaleándome. Adam me ayudó a acomodarme el vestido, acariciándome mientras lo hacía.  —No empieces—lo amenacé divertida.  —Te gustó que estuvieran a punto de atraparnos. —“A punto” es la clave—le di un beso en los labios mientras le subía la bragueta del pantalón—Vamos a buscar a nuestros amigos.  —Mejor nos quedemos aquí.  Lo miré de mala manera, pero él solo me abrazó. No atiné a decir nada, pues no lo esperaba. En general, después de follar, Adam y yo nos quedábamos charlando de cosas de amigos, separados, sentados frente a frente con una taza de té o simplemente me iba a casa, dejándolo solo. No era normal que quisiera tener más contacto del necesario para follar.  —Cariño, nos van a empezar a buscar.  Mi mente comenzó a pensar con un poco más de claridad. Los efectos de todo lo que consumimos iban de bajada. ¡Había llamado “cariño” a Adam Harris! No lo había dicho con el mismo tono de siempre, lo había dicho para referirme a él como alguien especial. Como lo haría con una pareja ¡Mierda! ¡Mierda! ¡MIERDA! Tenía que pensar en algo rápidamente para salirme de aquel embrollo. Como pude, logré articular una palabra.  —Me encanta cuando hablas en español, Lele.  —Ya sabes que puedo hacer otras cosas con la lengua. Ambos reímos, liberando un poco de la tensión s****l que quedaba. Quise separarme de él, pero cada que yo lo intentaba él volvía a abrazarme. Desde la fiesta en la bodega, me había dado cuenta que Adam borracho era un hombre extremadamente cariñoso, al que le encantaba estar tocándome todo el tiempo. No iba a negar que me encantaba eso. A mi antiguo novio no le gustaba abrazarme, el contacto estaba limitado al sexo, igual con los amantes que tuve en la preparatoria. Adam era diferente a cualquier hombre que hubiera conocido.  —¿Vas a dejarme ir? —No pienso soltarte, nena.  Sonreí de lado, acurrucándome más en su pecho. Discretamente inhalé su aroma, mientras él besaba mi cabeza. Quería decirle muchas cosas, pero no me atrevía. No podía enamorarme en tan pocas semanas, mejor dicho, no podía enamorarme nunca. Cerré los ojos, forzándome a recordar que volvería en poco menos de dos años a México. No había cabida para Adam Harris en mi vida, él solo era un amigo que follaba muy bien.  —¿En qué piensas?—me preguntó, tratado de alisar los nudos que se habían hecho en mi cabello.  —En qué debemos salir de aquí o nos van a buscar.  —No es cierto—dijo Adam. —¿Ah no?  —Cuando estás pensando algo así de superficial no frunces el ceño—tocó mí frente con delicadeza.  ¿Qué estaba pasando? Ni siquiera yo me había dado cuenta de eso.  —Claro que no, yo no frunzo nada que me arrugo.  —Lo que usted diga, señorita Santillan.  Seguía sin soltarme, pero ahora parecía bastante pensativo. Toqué su mentón varias veces antes de hablar. —Tú eres el que está pensando algo.  —Me gustaría tener una relación—dijo bajito Adam. Definitivamente no volvería a drogarme, me hacía escuchar cosas que no eran.  —¿Cómo es la cosa? —¿Me matarás si te digo que quiero tener una relación? Sentí que mi corazón se rompía. Adam Harris estaba pensando en tener una relación, seguramente había encontrado a alguna chica bonita o simplemente decidió que necesitaba tener la vida bonita que soñó con Dalilah Jones. —¿Por qué te mataría? Es normal que quieras eso en algún punto de tu vida, además, ambos habíamos quedado que esto se terminaba cuando uno se enamorara de alguien más.  Tomó mi rostro entre sus manos. Había algo extraño en su mirada. —No lo entiendes, Lele. Quiero una relación contigo. Quisiera no tener que escondernos todo el tiempo. Sé que no fue lo que nos acordamos pero me haces desear hacer cosas normales.  Ni siquiera pude hacer un chiste.  —Tengo miedo—susurré. Dios, me estaba volviendo una mujer patética, de esas que aparecían en las teleseries que a veces veía mi madre. —Yo también, Lele. Tengo mucho miedo de todo esto.  Nos quedamos en silencio por un momento, respirando profundamente.  —¡ADAM! ¡LELE! —¡MIERDA!—dijimos los dos al mismo tiempo.  Ahora sí nos estaban buscando. Adam negó con la cabeza y, asegurándose que no se notara tanto que acabábamos de follar, me tomó de la mano para salir de la bodega. Caminamos tomados de la mano hasta la entrada del buque principal de la fiesta, donde nos separamos para entrar cada uno por su lado. —¿Dónde estabas?  Me topé directamente con Anne, que estaba riendo en una condición parecida a la mía. Parecía que yo no era la única que se estaba divirtiendo.  —Por allí, buscando el baño. —¿Por una hora? —¿Te divertiste?—contraataqué. Estaba muy satisfecha de ver cómo se había puesto colorada. ¡JA! Había logrado sacar a Anne Brown de su coraza. ¡Punto para mí! Bueno, realmente era un punto para Alexei Ramirez que nos había invitado a la fiesta.  —¿Y los demás?  —En la pista de baile.  —¿Qué estamos esperando para unirnos a ellos?  Adam ya estaba con ellos, tomando de una enorme copa de cerveza que brillaba con tonos fosforescentes. No tenía ni la menor idea de lo que se tomaba en esta fiesta pero quería volver a vivirlo. Alex tenía más energía de la usual, sí era posible, y saltaba alrededor de Nina que cerraba los ojos tratando de no marearse. William la veía con preocupación.  —¡TE HA GUSTADO! ¡TE HA GUSTADO! ¡TE HA GUSTADO!  —Si, pero, para Alexei que me mareo—apretó los dientes—hermano idiota Michael me sonrió, haciendo espacio para nosotras en la pequeña rueda que formaron. Anne se paró junto a él, pero no se atrevía a pegarse más. Margot se reía sin control.  —¡Lele!—me pasó una copa de lo que estaba tomando—¡Le decía a Adam que debe conseguirse una chica como tú! No una mustia como mi hermana… Alcancé a ver los ojos de Margot, también estaban dilatados.  —¿Qué diablos tomaron?  —Cuadritos—me dijo William.  Eso explicaba muchas cosas, el LSD aceleraba al organismo y quitaba las inhibiciones.  —¿Ya les dijeron que son idiotas? Mis amigos que no estaban bajo los efectos del ácido, asintieron con la cabeza. —Creo que es mejor irnos ya—dijo William. —Pero, Willy, mi amor—se quejó Nina—¡Nos estamos divirtiendo! ¡Oh, oh! Nina se iba a arrepentir de esta noche. Por la sorpresa en los ojos del moreno, supe que la había entendido.  —Creo que es momento de irnos de aquí, Nina. La voz de William sonaba dura, por lo que Nina solo cerró los ojos y asintió con la cabeza.  —No me siento bien—-dijo en voz chillona.  Margot la tomó de la mano, ambas se sentían sumamente nerviosas. Agradecí a todos los dioses del universo que yo solo consumía las drogas que conocía. Ni loca me iba a meter algo nuevo, aunque me daba la sensación de que, si lo hacia esa noche, Adam se encargaría de que no me pasara nada.  —No me quiero ir. Dios, había olvidado a Alexei. Me acerqué a él, dejando que el resto de mis amigos condujeran a Margot y Nina hasta la salida.  —¿Por qué?—le pregunté ladeando la cabeza.  —Aquí uno puede olvidar sus problemas.  —Podemos olvidarlos en casa—sonreí—La noche no tiene que terminar aquí, solo debemos ir a un lugar más seguro. Piensa en tu hermana.  —Ash—hizo una mueca de fastidio—No deberías ser tan buena amiga, Lele… —Lo sé.  Me dedicó una sonrisa y se alejó corriendo, gritándole a mis amigos que yo había tenido una idea. Adam se había alejado con Margot, pues su amiga amenazaba con regresar a hablar con un muchacho con el que había compartido algunas copas. Con la charla a gritos de mis tres amigos, me guié para salir de aquel lugar. Caminaba directamente a la salida, cuando alguien alzó mi vestido, dejando las medias rotas al descubierto.  —Puedo romperte más esas medias—dijo la voz ruda de un hombre.  No sabía quién era, pero estaba totalmente drogado. Yo sabía muy bien como defenderme, pero no pude evitar asustarme y soltar varios gritos e improrerios en español, haciendo que voltearan a vernos. Me miraba con lujuría y parecía estar a punto de abalanzarse sobre mí. Antes de que me tomara por la muñeca, Adam se puso delante de mí. Mis amigos se habían dado la vuelta al escuchar un grito mío que ni siquiera recuerdo como salió de mis labios.  —¿Qué te pasa?—dijo el otro hombre—¿No quieres compartir? Seguro es una prostituta ilegal—se burló del hombre—¿Has escuchado como habla en español? Ni siquiera lo hace en el idioma de Nueva York, no se enterará de lo que hagamos con ella.  Como respuesta, Adam le soltó un puñetazo directamente al rostro. Me había apartado de la pelea, pero el otro hombre seguía viéndome directamente la ropa interior. Me sentía sumamente sucia, por lo que me apuré a acomodarme el vestido.  —¡Déjala en paz!  Adam estaba fuera de sí. Lo atacó, golpeándolo con fiereza. Era bastante bueno para pelear, eso no se ponía en duda, pero las drogas hacían mas fuerte a su oponente. Michael se apresuró a separarlos, pues William sostenía a Nina que miraba a todos lados con los ojos muy abiertos.  —Vámonos ya, colega. Incluso Michael parecía asustado de la actitud de Adam, que seguía golpeando a aquel hombre aunque estaba en el suelo. Supe qué era yo la que tenía que hacer algo para conseguir que nos fuéramos de una vez. Mandé al carajo todo lo que habíamos dicho acerca de que nadie debía enterarse de nuestras relación en ese momento, tenía que evitar que se metería en un problema. —Adam…—dije en un susurro, pero fue suficiente para que se separara del otro hombre—Vámonos ya, corazón, no quiero estar aquí.  Me sentía sumamente vulnerable, con los ojos llenos de lágrimas. Adam se quitó su chaqueta y me la puso, abrazándome fuertemente. Solté uno o dos gruesos lagrimones que hicieron que Adam se encogiera a mi lado, acariciando mi mejilla y besándome en la cabeza repetidamente.  —Lo que tu digas, bonita—susurro.  El otro hombre caminaba hacia nosotros, pero sus amigos lo contuvieron. Tenía el rostro lleno de golpes, mientras que Adam solo los tenía en las manos. No me dejó de abrazar hasta que llegamos a la camioneta de Alex. Nuestros amigos estaban tan impactados por lo que acaba de ocurrir que nadie dijo nada al vernos caminar sin soltarnos de la mano.  —Yo conduciré—dijo Michael.  Asentimos con la cabeza. Los ánimos habían cambiado mucho por lo que pasó. Anne se sentó en el asiento del copiloto, mientras que el resto nos acomodamos en la parte trasera. Alex se sentó en medio, Nina en las piernas de William, con Margot, y yo en las de Adam.  —¿Estás bien?—le pregunté a Adam, acariciando su mejilla golpeada. —Claro que estoy bien, Lele—Adam me acariciaba el cabello—Mi problema ahora es que estes bien tú. —No me pasó nada.  —No quiero que te quedes con esa impresión de los hombres americanos.  Negué con la cabeza.  —Creo que he conocido al mejor de todos. —Espero no decepcionarte.  —¿Quién te ha dicho que eres tú?  Soltó una carcajada y yo celebré mi victoria. Odiaba verlo tan preocupado.  —No voy a descansar hasta que mi chica sepa que soy el mejor de todos—me dijo en el oído.  Me estremecí. Si tan solo supiera que para mí ya era lo mejor que me había pasado en la vida. Me había llamado su chica, Adam había asumido que yo estaba aceptando intentar algo con él fuera de las habitaciones donde follábamos y yo no sabía que decirle. En mi mente había un enorme reloj de péndulo marcando el tiempo que faltara para que yo regresara a México.  —¿A dónde iremos?  La pregunta salió de los labios de Anne, que veía nerviosa por la ventana. Hasta cierto punto la comprendía, pues habíamos venido de una fiesta que no era precisamente legal, pero en ese momento no me importaba. Yo estaba bastante cómoda en los brazos de Adam, quien se dedicaba a acariciarme el cabello mientras jugaba con el teléfono celular.  —Podríamos ir a nuestro departamento.  La débil voz de Nina hacia que me diera cuenta que los efectos de las drogas estaban bajando.  —¿De verdad?—Alex alzó una ceja—¡Nunca me dejas llevar a nadie!  —Son nuestros amigos—señaló a todos—¡De ambos! No es la primera vez que van. —¡Está bien!—el gemelo hizo un mohín. —Oigan…recuerden que nunca se cómo llegar.  Nina sonrió de lado y le pasó el móvil a Michael, quien encendió el navegador. Aprovechando el silencio, Anne puso algo de música para amenizar el camino.  —¿Se divirtieron?—preguntó Alex.  —La verdad sí—contesté.  —¿A pesar de todo? Adam y yo nos quedamos viendo, alcé una ceja retadora pero él solo me besó en la mejilla, haciendo que todos en el automóvil enmudecieran para después comenzar a burlarse de nosotros. Escondí el rostro mientras Adam se soltaba una larga cantidad de vulgaridades con sus amigos.Llegamos al apartamento de los gemelos, que estaba casi a la salida de la ciudad, en poco tiempo. El estar tan cerca me hacia darme cuenta del porque Alex conocía bien este lugar. ¡Era su barrio! El edificio estaba en bastante mal estado, pero cuando entramos al apartamento nos dimos cuenta de que se trataba de un lugar bien cuidado. Tenía la mano de Nina en todos lados. Las paredes estaban desnudas, a excepción de dos fotografías: una de los gemelos y una de Nina.  —¡Te ves muy bella en esta imagen!  Adam se quedó callado ante lo que decía William.  —Es mi madre—susurró Nina.  Notaba una tristeza en mi amiga al decir eso, William la abrazó por los hombros, algo sonrojado, mientras besaba su cabello.  —Lo siento.  —No pasa nada, es bonito ver que me parezco a ella.  —No tanto cuando me regañas como lo hacia mamá.  Alex salió con varias botellas de un alcohol barato para repartirlas entre nosotros. Eso hizo que Nina sonriera, moviendo los ojos de la fotografía de su madre. Pensé en la mía, que se encontraba a tantos kilómetros de mí. A pesar de que veíamos el mundo de manera casi opuesta y de que solía llevarse mejor con Camila que conmigo, no concebía mi mundo sin ella.  —¡Siéntanse como en casa!  Los gemelos nos hacían sentir bienvenidos. Nos sentamos en los sillones dispares de su sala, compartiendo la botella de licor. Me sentía mejor en ese ambiente, donde estábamos relajados y en confianza. 
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