29. El doctor Roche me esperaba detrás de su amplio escritorio marmolado, todo un lujo hoy en día, pero resultaba acorde a la elegancia del duplex. El doctor tiene un corte estilo militar y usa una camisa blanca desabrochada para darle un aire causal. —Hola Martin, soy el doctor Héctor Roche. Antes de empezar ¿se te apetece un poco de agua? —Agua, sí por favor —contesté rápidamente como si se tratase de oro puro. —Toma asiente y ponte cómodo. —¿En cuál…? —pregunto, mirando los dos sofás. —En el que quieras. Me siento en el sillón con ruedas frente a él. —Gracias. Y como no se me ocurría nada que decirle comenzaba a jugar girando de acá para allá como si fuera un nene de diez o de nueve. Grandioso Martin, me decía por dentro, no sabes lo que ha debido pagar tu padre para que

