28. Me puse en pie. Simón desvió los ojos y me di cuenta que era porque yo estaba desnudo. Me cubrí con lo que pude. Giré hacia mi cama y descubrí que dormía sobre mi toalla, la tomé y me cubrí con ella. —Lo siento —le dije aún con la voz rasposa. —No hay lío. Me dirigía algo tambaleante hacia el baño. —¿Necesitas que te ayude? —No, pero gracias. Me fui hacia el baño. Me miré en el espejo. Mi cara era una pena, estaba demacrado y pálido, era como uno se pone luego de que se ha dado una gran farra. Abrí el grifo y dejé caer el agua sin tocarla. Era tan surrealista todo... Sin darme cuenta había empezado a lavarme la cara con agua fría mientras trataba de pensar sobre todo lo que me había dicho mi hermano. ¿Había sufrido una crisis? Puede que sí. Nadie puede guardarse tanto dolor

