35. Cuando terminó de bajar se torció el tobillo, pero no se detuvo por nada. Se fue alejando de casa como si se tratase de una cárcel de gran peligrosidad al que no deseaba regresar jamás. A unos paso de la casa de la vecina Tarotista, se detuvo y se revisó que no tuviera heridas abiertas. Por suerte para él solo era dolor y nada más, nada que no pudiera controlar. Sacó su celular. Brad le había mandado un mensaje: “Qué onda Simón. ¿Se te apetece ir a ver el entrenamiento nocturno del equipo de fútbol?” “Puedo faltar hoy y vamos a donde quieras ir” Simón leía por quinta vez los mensajes y se disponía a contestar, pero la vecina salía de su casa y le vio. —Martincito… ¿Qué te ha pasado? Simón se giró hacia ella. No quería detenerse por ella pero la vecina no parecía darse cuenta qu

