Marcus parecía no solo ser buen rastreador, sino que también era alguien muy rápido. Al cabo de varias millas de persecución le era más difícil seguirle el paso pues en lugar de reducir la velocidad por el cansancio parecía que apretaba y aumentaba la distancia considerablemente. Ella nunca había sido muy diestra en moverse en zonas boscosas, en su juventud vivió en la ciudad y su figura siempre la confundió fácilmente con la gente que se apiñaba en las calles y las plazas de mercado si quería perseguir alguna persona. Además, el peso de su equipo, aunque ligero, le estaba sacando una buena tajada y el cansancio estaba por vencerla.
Pasaron varias horas de persecución y los tenues pasos del médico se seguían escuchando en el silencio del bosque. No le fue fácil darse cuenta, pues su atención estaba centrada en otras cosas, que el silencio del bosque era verdaderamente incomodo, como si algo la acechara entre los matorrales. Los árboles parecían más oscuros y la luz de la luna se filtraba con dificultad entre las ramas. Bajo estas condiciones le sería verdaderamente difícil alcanzar a los otros dos de la compañía, que, por el sonido que se escuchaba, se debían encontrar aún a mucho tiempo de distancia. No se desesperó en ningún momento, pero la soledad la empezaba a poner ansiosa y a pesar de sus habilidades sabía que le sería muy difícil continuar a solas. Su búsqueda se supone que sería algo personal, pero ahora que sabía que no estaba sola sitió apuros por tomar el paso.
A medida que avanzaba la persecución su respiración se hacía más difícil y el frio helado de la madrugada entraba por sus pulmones como si de cientos de cuchillas se tratase. El mareo y la sangre en su boca la estaban dominando y decidió que por rápido que tratase de avanzar, si el medico no frenaba le sería imposible alcanzarlo, necesitaba estar en condiciones para rastrearlo y aprovechar la mejor oportunidad para restarle tiempo. Si lograba poner atención podría seguir el sonido de los pasos del joven y dirigirse en esa dirección.
En lo alto de una gruesa rama de un árbol se paró a descansar y disfrutar de la única comida que había ingerido en muchas horas, tanto trabajo y preocupaciones le habían hecho olvidarse de sí misma y las fuerzas no eran infinitas para siempre. Por suerte lo que había en la mochila era nutritivo y hasta esperar recuperar las fuerzas no se movería. Las cosas pasaron tan rápido, se había despedido de tantas personas en un abrir y cerrar de ojos y dejado atrás tantas cosas de su pasado una vez más. Solo que ahora tenía gente en la que confiaba plenamente y las preocupaciones le pesaban menos que antes. Todo esto recorrió su cabeza y estuvo a punto que el sueño la dominase.
Un ruido se empezó a escuchar entre la maleza, aunque no pudo diferenciar que era aquello que lo producía debido a la oscura madrugada. Asomándose dificultosamente pudo observar la figura de una persona corriendo mientras se estrellaba entre los árboles. El aliento del sujeto era pesado y se ahogaba entre jadeos y gritos de auxilio que apenas se podían escuchar. Estuvo tentada en ir a ayudar a la persona que parecía escapar, pero su experiencia le decía que era aún más importante esperar. De entre los matorrales salió a toda velocidad la figura de una bestia que chillaba como un cerdo enfurecido, podría haberse confundido con un jabalí, pero sus ojos estaban encendidos en una llama roja que brillaba entre las tinieblas.
El animal se estrelló contra el árbol en que la mujer descansaba apunto de desestabilizarla, pero hábilmente se aferró al árbol que crujió y soltó cientos de hojas y ramas más pequeñas. El jabalí se tropezó y cayo por un momento, pero reinicio su violenta persecución del sujeto que parecía correr como una tortuga ante la alta velocidad del animal. Al cabo de unos metros el cerdo se abalanzó y logro impactar por la espalda al humano que salió volando y dio a parar contra un tronco. Con dificultad intentó ponerse de pie y el jabalí reinició su marcha hacia la figura del hombre.
El cerdo alcanzo a recorrer unos metros cuando un ser cayó del cielo y le enterró hábilmente un estoque en la cabeza. El sonido fue tan seco y silencioso que la figura que se levantaba con dificultad apenas pudo notar que el animal había caído y esperó impacientemente con un machete en la mano su triste final. Sin embargo, la figura que cayó del cielo le preguntó:
- ¿Todo está bien? Lamento no llegar antes-. Comentó Irina que no había perdido con los años sus dotes de asesinato aéreo. -Parece que te has quedado sin habla.
-Por favor no me hagan daño. Por favor, tengo una familia que alimentar, tengan piedad conmigo se los ruego-. La voz parecía ser la de un hombre, pero las lágrimas y las suplicas se escuchaban como los gruñidos de un mono.
-No he venido a matar a ningún ser humano, solo pasaba por acá y me di cuenta de que la bestia lo estaba persiguiendo, de resto me tiene sin cuidado
Pero el hombre no paraba de llorar y agarrarla de las piernas rogando piedad por su vida. La imagen del sujeto rogando por sobrevivir le trajo ingratos recuerdos y le causó molestia ver lo patético que podía llegar a verse alguien en tal situación. Jamás le gustó aquella forma en la que los seres humanos tratan de sobrevivir, dejando de lado su dignidad. Era mejor morir que perder el orgullo, en su opinión. Pero no había razones para descargar su ira y frustración acumulada en un sujeto que apenas si podía hablar.
-Suelta mi pide, hombre. No he venido a matarte-. El hombre continuó llorando y aferrándose a su pantalón-. Que me sueltes maldición no entiendes, sé un hombre y deja de llorar que me desesperas-. En medio de la descarga de ira le asestó una patada en la cara que le tumbó unos cuantos dientes.
El hombre permaneció tirado en el tronco sin reaccionar a pesar de que conservaba el conocimiento. No siguió llorando, pero desde su sitio miraba la figura de la mujer imponente que se alzaba sobre él, y el dolor por los dientes perdidos le impidieron seguir hablando. Tal vez por las lágrimas o el agotamiento, el rostro del hombre era pálido y esquelético. Los rizos de su cabello llegaban hasta sus pómulos y los ojos se asemejaban al de los perros cuando envejecen. Su expresión solo demostraba terror y algo en su mirada mostraba un sentimiento que no era de este mundo.
-Lo lamentó, perdí los nervios y en ocasiones y lugares como estos es difícil mantener la cordura-. Se arrodillo para mirarlo a la cara y ofrecerle un poco de agua-. Por cierto, solo soy una viajera, pero si me dices qué está pasando puede que llegue a ayudarte.
El hombre la miro fijamente a los ojos y cuando parecía que le iba a contestar con coherencia, murió. No hubo ningún ultimo exhalo ni tampoco un una última voluntad, simplemente cerró los ojos y dejo de respirar. Por alguna extraña razón, Irina tuvo la impresión de que el hombre ya estaba acostumbrado y en sus últimos momentos había recuperado la poca cordura que conservaba. Sin más que pesar Irina cerro sus ojos y pensó en abrir una tumba para él, pero el tiempo apremiaba y los pasos de Marcus se habían detenido hacía unos minutos. Con suerte estaría descansando, pero si estaba tratando de perderla sería un problema.
A unos pasos se escucharon los sonidos veloces de unas grebas y el rechinar de la armadura de alguien. A penas tuvo tiempo cuando la figura se abalanzó en su dirección con una espada en su mano y un elegante escudo, sin embargo, ella no era su objetivo sino algo a su espalda. El guerrero asesto un espadazo y le enterró la reluciente cuchilla al hombre que hasta hacía unos momentos parecía encontrarse muerto. A pesar de esto, el caballero no se detuvo y con zapatazos le rompió los brazos e hizo añicos su cabeza. Otro caballero, aún más gigante y corpulento que el primero llego por la espalda de Irina y la redujo en el suelo sin el mínimo esfuerzo.
- ¿Quién eres y que es lo que buscas por estos sitios? No son lugares comunes para que los peregrinos vengan a rezar a los dioses-. El caballero, que se encontraba por completo acorazado y con una armadura reluciente y una capa azul, le preguntó.
-Suéltenme, yo solo lo rescaté del animal ese, no tengo idea de qué era lo que estaba escapando-. Respondió Irina que a pesar de sus esfuerzos no podía moverse.
-Eso lo sabemos, era de nosotros quien huía ese pobre miserable, pero mi pregunta no fue esa, si no quieres terminar igual que él será mejor que nos respondas ahora.
-No sé qué es lo que esperan que les cuente, vine en busca de mi hija desaparecida eso es todo.
El segundo caballero empezó a reír a carcajadas y contestó:
-Nada de lo que se pierda en este lugar volverá a ser encontrado jamás, si es cierto lo que dices entonces ella está no tiene salvación. Sigue mi consejo lárgate de acá-. A pesar de su respuesta el caballero, que parecía seguir órdenes del primero, no la soltó.
-Oye, no seas grosero, la pobre debe estar muy preocupada por su hija-. El caballero de la capa azul no parecía para nada compadecido, por el contrario, su tono sarcástico se acentuó -Parece que aún no estás maldita como nosotros o como ese fenómeno ¿Cómo lo has logrado, si todo lo que está acá intenta matarte en cualquier momento?
-No sé de lo que me están hablando, solo estaba de paso, no tengo nada que ver con ustedes. Si me dejan ir no le diré a nadie lo que ha pasado-.
-Y qué se supone que ha pasado acá, señora-. Dijo divertido el caballero de la capa.
-Que han matado entre dos caballeros a un solo hombre desarmado y herido. Yo creía que los caballeros tenían al menos una pizca de orgullo como para rebajarse a ser unos simples verdugos.
-Vaya, con que la señora nos salió erudita y conocedora de los códigos de los señores. Para su información, mi señora, acá no estamos en el mundo exterior. Acá las cosas que creímos verdaderas no existen-. El caballero pareció ofendido, se quitó el yelmo y les dio la espalda – No parece peligrosa, suéltala.
Irina se abalanzó sobre el caballero que se había retirado el yelmo y colocó un cuchillo en su cuello. A pesar de estar expuesto el caballero no se inmuto, no doblo la espalda ni perdió la calma en ningún momento. El otro caballero, que portaba una armadura más oscura y desgastada no se movió.
-Pues parece que sí soy peligrosa después de todo. Por qué matar un hombre indefenso, dime si te queda algo de orgullo-. Se lo dijo al oído, pero con gritos para que ambos pudieran escuchar.
-Por los movimientos puedo inferir que eras una asesina o cazarrecompensas, siempre fueron muy hábiles con la daga y al jugar sin honor.
-Vaya increíbles palabras para alguien que no le da oportunidad a un aldeano de defenderse y que se cubre en su totalidad con acero.
-Bueno, pretendía mirarla a los ojos cuando me quite el casco, pero tal parece que nuestra conversación no va a ser tan diplomática-. El caballero reanudó su tono sarcástico – Por cierto, de nada por quitarle al no muerto de encima, ellos siempre regresan.
-Qué se supone que significa eso
-Significa lo que significa. Llevamos mucho tiempo recorriendo esos sitios y nos hemos acostumbrado a esas alimañas. Es mejor reducirlos por completo a que regresen. Lo explicaría mejor sin una daga en el cuello, pero si desea enterrar el acero mi compañero acabará con usted sin piedad.
Irina soltó al caballero, pero conservó el estoque en su otra mano. Era más liviana y podría salir huyendo si corría lo suficientemente rápido.
-Por cierto, mi nombre es Carim y mi compañero es Arbel. Vinimos a estos bosques para recolectar información sobre la tiniebla, pero nuestros pasos cayeron en desgracia y ahora estamos malditos, al igual que ese miserable.
-Qué se supone que es esa maldición de la que hablan, no estoy acá para que me hablen en trabalenguas.
-Lo sentimos-. Respondió Arbel -Sabemos que esto es algo complicado de entender, y al igual que usted éramos muy escéptico para creerlo en un principio. Una estupidez que nos llevó a la desgracia.
-Nuestras vidas están limitadas, no hay nada más allá de la muerte más que la oscuridad y la tiniebla infinita. Nuestras almas van hasta el infierno y allá permanecen como una gran sopa. Pero no en el abismo, las almas regresan y reaniman los cuerpos -Complementó Carim
-Nosotros morimos por el ataque de unos espectros y ahora no podemos salir de este bosque maldito ni de las fronteras de la oscuridad, somos latentes errantes buscando respuestas- Dijo el de la armadura corroída mientras examinaba el cuerpo del jabalí.
-Escuchamos por otros caballeros y aventureros que cayeron en la misma desgracia y que conservan el sentido, que podemos recuperar nuestra humanidad y terminar este sufrimiento si llegamos hasta el reino que se esconde entre el bosque- Continuó el caballero de la capa azul -Aquel hombre por el que nos reprocha era un caníbal que nos encontramos y que pertenece a un pequeño asentamiento en el bosque, lo rematamos a él y a sus acompañantes.
- ¿Se supone que debo creer la versión de sus historias? - respondió incrédula Irina.
-No debe hacerlo, pero no hay remedio. Hacemos lo que podemos por sobrevivir y conservar nuestra humanidad. Acá todo quiere eliminarte y entre los malditos nos sabemos identificar. Si desea continuar su viaje hágalo, pero le advertimos que los peligros que hay más allá no es para personas débiles de corazón- Contestó Carim
-Nunca saldremos de acá y ya lo aceptamos, no sabes lo que es el sufrimiento de que pasen los años y no podamos morir por estar encerrados entre la oscuridad. Por favor tenga mucho cuidado. - Añadió Arbel
Una explosión se escuchó en la profundidad del bosque y la luz de las llamas distrajeron a los caballeros quienes tomaron, sin decir alguna palabra, dirección hacia ese sitio.
-A dónde van, qué se supone que significa esa maldición de la que hablan.
-Para nosotros no hay esperanza, puede que para que usted exista, pero nosotros estamos robándole espacio a los vivos. Anhelamos encontrar el calor del último suspiro, llevamos años sin sentir el fuego. Corra mientras pueda y salve a sus seres queridos antes que sea tarde-. El caballero desvío su mirada y caminó, sin volver hablar, hacia la llamarada del bosque.