La explosión sacudió varias hectáreas a la redonda y del sitio se alzó una gran nube de humo de diversos colores a medida que la criatura continuaba retorciéndose entre las llamas. Los demás seres podridos se adherían al fuego y alimentaban aún más la llama que había creado Marcus con la antorcha. El hedor que despedían las llamas era putrefacto y tras quitarse los restos de su chaqueta siguió a vomitar mientras que la debilidad lo derrotaba obligándolo a mirar como las llamas acababan por consumir a los espectros. Sus ánimos habían estado tan al límite que no notó las leves quemaduras en su brazo sino hasta después de haber desparramado lo que quedaba de su ultimo descanso en el suelo.
El podrido se estuvo consumiendo por alrededor de una hora, tiempo que el medico aprovechó para descansar y calentarse en medio de aquel frio bosque. No se atrevía a acercarse a la llama incandescente pues era bastante inestable y en ocasiones crecía peligrosamente, como una advertencia a cualquier ser vivo que tratase de acercarse a la llama. En el tiempo que Marcus se mantuvo observando la llama logró meditar los últimos acontecimientos y percibir las ultimas palpitaciones del bosque. Los árboles parecían comunicarse y expresarle sus últimos deseos por medio de las palpitaciones de raíces y el viento en su rostro.
-No queda mucho tiempo, valiente guerrero-. Como un sentimiento, Marcus percibió lo que le decía el bosque sin la necesidad de palabras-. El bosque está muriendo y la muerte nos consume, no hay tiempo que perder para adentrarse al abismo y parar con la corrosión que nos invade.
-Por qué debería hacerlo, vine en busca de una niña desaparecida, solo quiero irme de acá cuanto antes-. Marcus no hablaba, pero sus sentimientos de duda se expresaban con el bosque
-Aquella a quien buscas fue corrompida por los dioses que residen en lo profundo del abismo. Humano, si tu verdadero deseo es encontrarlas no puede existir duda en tu corazón, tan solo los guerreros elegidos irradian la luz suficiente para resistirse al mal.
-Es decir que me guiaran a encontrarla
-Si tu destino es encontrarla lo harás. La humana fue tentada por Quien no tiene nombre, pues cualquier mención hacía ella es inútil. Tu empresa, sin embargo, va más allá de encontrar a una humana perdida. Las tierras que ahora pisas fueron el último bastión contra las fuerzas del mal, ahora los espectros han escapado y es tu deber detenerlos
-Cómo podré hacer eso, soy un simple humano.
-Debes hacerlo, solo tú, quien guarda la luz en su interior es capaz de combatir contra el ser que porta la oscuridad. Pero ten cuidado, viajero, la oscuridad afecta aún más a aquellos quienes portan la luz y deberás enfrentarte de frente ante el enemigo que no puede ser visto-.
-Qué pasará con ustedes ahora
-Nuestro destino ya estaba escrito desde el principio de los tiempos. Aquello a lo que los humanos llamaron el bosque maldito de la cede de la antigua legión de los bosques malditos, de aquellos que juraron proteger al mundo de los vivos de la corrosión del abismo. Sin embargo, ellos fueron consumidos y ahora vagan en forma de monstruos a lo largo de los bosques
-Aquellos que lograron resistir a la oscuridad y murieron conservando parte de su humanidad vagan todavía por estos lares buscando curar su maldición. Pero ten cuidado en quien confiar, no todos aquellos quienes continúan como humanos estarán prestos a darte ayuda.
- ¿Mi amigo, el hombre alto, vino por este mismo camino y apareció en las puertas de nuestra aldea, continua con vida?
-Muchas preguntas que hacen no podemos responder. La vida y la muerte no funcionan de la misma manera en este sitio. Las bestias regresan de entre las cenizas y los espectros se reaniman sin importar las heridas.
-Lo siento, no he sabido comunicarme, Galem el gigante, ¿se encuentra cerca de acá?
-Aquel humano al que llamas amigo, el comandante de la legión del bosque se encuentra más adelante en tu camino. Él y la mujer humana, quienes aún no están malditos te ayudaran en tu viaje. Pero te lo advertimos, cerrar la brecha entre este y el otro mundo requiere el más grande precio ¿lo entiendes?
-Lo entiendo
-Entonces, más allá de los límites de estos bosques encontraras la ciudad amurallada que se encuentra en un interminable sitio por parte de los no muertos. A las puertas de sus murallas está el asentamiento de los demonios, lugar de los carceleros del abismo, pero me temo que ahora está deshabitado. Ve allí y encuentra la manera de llegar a Gatehell, lugar que te llevará al abismo y donde encontraras a los últimos guardianes de la luz. Pero antes busca al Rey que descansa en la última vigilia por el elegido.
-No lo entiendo, todo esto son leyendas de hace siglos
-Los humanos creen tener control sobre el tiempo, pero el tiempo no existe en el abismo y ahora las tierras malditas son parte del abismo.
-No entiendo
-Lo entenderás. No nos quedan más energías para seguir peleando, estamos muriendo y estas tierras lo saben. Por favor, ve con ellos y completa la misión que tratamos de llevar a cabo. Encuentra a la legión y sabrás que hacer. Es momento de la despedida y que los dioses quien tus pasos guerrero.
La madera de los últimos arboles termino por pudrirse por completo y el tronco en que se recortaba Marcus segregó una sustancia verdosa que se regó por los hombros del médico.
-Toma esta sustancia, es lo último que podemos hacer por ti. Cambia el destino de los vivos. adiós.
Marcus tomó parte de la viscosa sustancia y la aplico en sus quemaduras, las cuales sanaron de inmediato, por lo que procedió a aplicar la pomada en su muslo. La herida se irritó al instante haciéndolo retorcerse de dolor y una larva negra, de la misma textura de la criatura podrida, salió de su herida convirtiéndose en cenizas al contacto con el viento.
El medico no comprendía con totalidad lo que le dijo el bosque, pero sabía que lo que quedaba era esperar a su perseguidora e ir en busca del gigante. El bosque no se lo dijo, pero Frigila estaba perdida y la oscuridad tal vez la había consumido, pero quería hurgar entre los planes de la Diosa sin nombre. Si las leyendas eran ciertas pronto tendría que toparse con sus propios miedos.
Al fin los últimos arboles terminaron muriendo y las llamas se extinguieron por completo. De nuevo el frio amenazaba con congelarlo ante la falta de ropajes que le protegieran contra las inclemencias del clima. Solo quedó equiparse los restos de ropa, provisiones y armas que habían quedado de su pelea contra el podrido. Con su espíritu renovado se preparó a seguir con su camino, sin dudas, sin malos recuerdos. No quería que nada lo consumiese en el abismo.
Su caminar fue lento y pesado, no porque se encontrará herido sino porque sabía que su perseguidor aún se encontraba rastreando sus pasos a unas cuantas horas de distancia por lo que viejos pensamientos regresaron a su mente. Recuerdos dolorosos que el paso del tiempo le había prometido remover de su cabeza, pero la holganza de su mente traía de nuevo con insistencia. Cuerpos quemados y apilados enterrados bajo finas capas de tierra le trajeron recuerdos de su infancia, cuando dejo de ser el pequeño Bron.
Al despertar de su letargo en medio de pesadillas de golpes, gritos, sangre y confusión, le fue imposible moverse por el peso de sus vecinos y amigos que se encontraban sobre él. Todo era oscuridad, y a pesar del mal olor de los muertos que llevaban ya unas cuantas horas reposando en la fosa común, Bron fue capaz de mantener algo de compostura. Con dificultad, gracias a su delgado cuerpo, fue capaz de liberar sus brazos y tocar su rostro. Estaba untado de sangre, aunque no estaba seguro si era la suya o la de alguien más.
Sus ojos se lograron adaptar a las pocas filtraciones de luz notando los rostros cadavéricos de aquellos que no habían tenido la misma suerte de sobrevivir en medio del caos de la ciudad. Le era difícil respirar y trató de liberarse por varios minutos, al fin sus fuerzas cayeron rendidas y la luz del ambiente fue desapareciendo lentamente. No había esperanza de salir con vida, aquellos que estaban sobre él lo miraban como diciendo -Eres el siguiente, te estamos esperando-. No había lagrimas que derramar, pues la falta de oxígeno y el dolor eran más importantes por ahora.
Pasaron las horas que parecieron siglos y su cuerpo seguía aplastándose por el peso. Le era imposible seguirse moviendo y la espera se hacía cada vez más larga. No supo por cuánto tiempo estuvo allí y la espera lo desesperó. A su mente llegaron las cosas que jamás sería capaz de hacer ahora que estaba condenado a la muerte. Jamás conocería a una mujer ni disfrutaría de aquello que se hacía con ellas y que su madre había llegado a contarle en alguna ocasión. Jamás llegaría a hacer lo que los aventureros hacían en los libros, jamás conocería las bestias de oriente ni los pequeños insectos de las selvas. Jamás se convertiría en médico y algún día el mundo se olvidaría que siquiera existió.
Todos estos pensamientos cruzaron por su mente como una película rebobinada que por horas le hizo reflexionar de su propia vida. Odió a su padre, odió a sus hermanas, odió a su madre y a toda la corte de hipócritas que se reunían semanalmente con su padre y le preguntaban al joven por su crecimiento con las armas. Odió a todo el mundo, a aquellos que se encontraban sobre él y que ahora le arrebataban la vida que no fue capaz de vivir.
Después de un tiempo los perdonó a todos. A su padre que tenía miedo de sí mismo, que no fue jamás lo suficientemente valiente para mirarle a los ojos a un niño débil. Perdonó a sus hermanas que no tenían la culpa de haber robado el amor de su madre. Perdonó a su madre que pasó de él creyendo que estaría bien. Perdonó a la corte porque simplemente trataban de cuidar su posición y ser amables con él. Perdonó a los muertos que se encontraban en el momento y lugar inadecuado, igual que él.
Después de todos estos pensamientos estuvo más que preparado a morir. Pero la muerte era caprichosa y no llegaba. Supuso que morir era similar a dormir y trató de hacerlo. No era tan difícil, al fin y al cabo, el aire se estaba acabando y su nana siempre le dijo que solo aquellos quienes han vivido bien y les espera la riqueza del más allá eran capaces de morir mientras dormían. Sus ojos ce cerraron y poco a poco sintió que sus últimas energías de iban con las exhalaciones.
Sin embargo, un alud de luz cayó sobre sus ojos y lo encegueció por completo. Unos brazos firmes lo tomaron y lo sacaron arrojándolo lejos como si fuera un montón de tierra. Al contacto con el frio de la madrugada el dolor de su hombro dislocado lo hizo reaccionar y chilló de dolor. Los hombres que lo sacaron de la fosa de los muertos gritaron y al instante sacaron sus machetes para defenderse del espectro que había regresado a la vida.
No era conveniente decirles su nombre a unos saqueadores de tumbas, así que recordó a uno de los caballeros andantes de las viejas historias.
-No me hagan daño, soy Marcus, un niño del pueblo. Si me dejan vivir haré lo posible por compensarlos.
Desde aquel día fue tomado como esclavo y vendido de un lugar a otro. Estaba muerto y no había motivos por los que Bron tuviera que volver a la vida.
El perseguidor por fin alcanzó a Marcus y lo redujo desde lo alto de la copa de un tronco maloliente.