En un principio la humanidad vivió bajo la normalidad, como animales se mataban unos con otros. Seres queridos llegaban y se iban en el ciclo natural de la vida, así como los pueblos crecían, se convertían en reinos, mataban sus enemigos y luego caían en el completo olvido. El mundo vivía pendiente de la vida y la muerte hasta que apareció la piedra de la oscuridad.
Un hechicero bajo de las montañas prohibidas portando un anillo de increíble belleza, absorbente de luz. Pronto, el hechicero dio la oportunidad de traer por un instante a la vida de los seres queridos para darle a las personas un último instante. De todos los reinos del continente viajaron ladrones, piratas, mercenarios, reyes y consejeros en con fines codiciosos, buscando la revelación de antiguos reyes que habían erigido el poder. Entonces algo salió mal, la incompetencia del hombre permitió el nacimiento de los latentes, seres que se negaron a regresar del abismo de la muerte
Pronto, las malas intenciones de los latentes se hacían visibles. Crearon ejércitos de muertos sin voluntad y los llevaron a buscar la piedra de la oscuridad y gobernar para siempre el mundo de los vivos. Así, el Gran Rey busco la ayuda de hechiceros de todo el continente, forjó el más grande ejército y entrenó a los mejores campeones, gigantes de una fuerza descomunal. Aun cuando esto no fue suficiente, recluto al primer hechicero quien yacía vivo en una caverna quien presto a corregir su propio error abrió la brecha al abismo pactando con los demonios carceleros el regreso de los muertos a sus tumbas.
La guerra fue sangrienta, los muertos regresaban como latentes y perdían cada vez más la chispa de lo que una vez fue conciencia. El Gran Rey atacó entonces con sus caballeros y arrincono las almas de los condenados en el abismo, los demonios con sus grandes hachas absorbieron y devoraron los cuerpos. Los hechiceros sellaron las almas y así, tras mil días y mil noches de intenso hostigamiento ellos regresaron a la profundidad del abismo del que habían salido.
Sin embargo, la brecha entre ambos mundos jamás se cerró, el hechicero desapareció y con él la piedra de la oscuridad. Los demonios por su parte, engañados fueron desterrados a la sombra del abismo, despojados de todo su poder mágico, donde esperan eternamente carentes del poder que una vez les dio el mundo de los muertos.
Al fin, el abismo fue olvidado, relegado a los tristes cuentos de viejos que recordaban épocas que jamás habían vivido a la incredulidad de jóvenes más vigorosos. Sin embargo, nadie se atrevía a entrar a la oscuridad del bosque maldito donde no había plata viva ni animal al acecho. Nadie regresaba de visitar la oscuridad. Pero alguien regresó.
Arrastrándose entre el barro, el caballero de una oscura armadura llega al asentamiento de la montaña. Las barricadas puestas de forma desigual y la madera nueva indicaban que no servían en la práctica para mucho, tal vez uno o dos ataques por parte de bandidos habían dejado reducidos a esos muros improvisados en una empalizada que sería tumbada por un ventarrón. Así con fatiga, sin memora, con la boca con un sabor amargo, con el peso de una escandalosa armadura y dos espadas cae rendido viendo el sol, sus extremidades ya no ardían, solo le pesaban. Al fin y al cabo, no es mucho lo que se puede gatear con un brazo roto y dos piernas a disfuncionales.
De lo que ocurre desde que se cegó con el sol hasta lo que ocurrió cuando se despertó en una oscura y habitación sin ventilación no sabe nada. Encadenado como un animal lo único que es capaz de ver son las ratas devorando un trozo de carne seca y una sopa verdosa. El caballero no recuerda nada, pero esta seguro que esto es cualquier cosa que lo que le pasó alguna vez.
- ¿Es un hombre? Parece más un gollem gigante, no es posible que exista un hombre de tal tamaño y capaz de moverse forrado por esa cantidad de hierro- exclamó orgullosamente el campesino que lo encontró mientras buscaba setas en las afueras de la empalizada.
Para desarmar al Gollem gigante hizo falta de casi 3 horas picando las correíllas oxidadas y la fabricación de una grúa improvisada que le sacara la coraza a aquel sujeto. El olor a sudor se veía opacado por la intensa peste que despedía el hierro pegado a la piel luego que la tela que lo protegía estuviera prácticamente deshecha. Algo no pudo pasar por algo, tenía la marca del sol, era un despreciable soldado. Nadie era capaz de matarlo, pero tampoco había razones para ayudarlo y destinar energías, comida y cuidado médico a alguien como él. En la armadura, difusa se podía observar la inscripción “Somos la legión del bosque maldito, llevamos la luz a la oscuridad de la noche, somos la esperanza de los vivos”
El hombre yacía al sol quemante a la salida del asentamiento, el hombre no mostraba el menor signo de vida más que una lenta y trabajosa respiración y su podredumbre hacía que ni la misma carroña tuviera ganas de acercarse. Un hombre yacía al sol y un hombre lo encontró. Un hombre no era capaz de cargarlo, así que un hombre convenció a la gente que lo ayudara a llevarlo a su casa, él se haría cargo si nadie más lo deseaba. El compromiso fue cuidarlo por sus propios medios, jamás dejar que saliera a ver la luz del sol de nuevo y no pedir la ayuda de nadie más para su cuidado. Un hombre acepto y lo lavo, lo entablilló y lo amarro a un poste en el sótano de su casa. Así un hombre, que era el médico del asentamiento vio despertar al gollem, lo vio en medio de la sombra sonreír al ver una rata gigante comer su cena, vio a un gollem rendido que a la sorpresa suya no se movió y se resignó a quedarse donde estaba tras sobrevivir casi un mes dormido y sin comer.
El caballero fue capaz de advertir la presencia de una diminuta figura sentada a su lado, un hombre joven y menudo que lo miraba con la fascinación con la que un niño vería a las abejas bailando. No importaba ahora podía descansar.
-Disculpe, pero cómo llegó usted a este sitió, estamos en lo más profundo de las montañas para evitar que cualquier pueda encontrarnos- Dijo el medico
El caballero no respondió, sonreía al ver la rata tragando ese plato de comida, cuantas ganas tenia de aplastarla entre sus dedos. Podía, sabía que era capaz de destruir ese madero y salir, pero había algo más que el peso del grillete que le impedía moverse, una fuerza superior que no le permitía mover sus músculos incluso para hablar, solo deseaba dormir, pero ni eso lograba.
-Amigo, comprenda que tiene que hablar conmigo o con alguien ¿Se quiere quedar para siempre acá encerrado, con una eterna oscuridad?
Eternidad, si el menudo hombre supiera lo que es la eternidad no sería capaz de nombrar esa palabra. Qué habría de cambiar que lo dejase salir. ¿Para qué, qué de bueno tendría el mundo exterior?
-Ey, no soy bueno con estas cosas, supongo que no soy bueno con la tortura, pero debe haber algo que quiera, alguien a quien buscar, yo qué sé- Pero el caballero bajo la mirada veía la rata y no respondía
El medico creía que el gollem tal vez era mudo o no entendía su idioma. El gollem llevaba sin comer un mes desde que llegó, sin contar los días que habría permanecido en el exterior. Esto no importaba, al menos ahora tenía la compañía de un mudo.
-No puedo hacer nada si usted no quiere hablar, pero por lo menos, trate de comer, suficiente hay para mí, como para la rata y usted, volveré después- El gollem no se inmutó
Pasaron los días y el gollem apenas se movía, parecía una estatua a punto de desmoronarse. Aunque el medico trataba de conversar, cada vez había menos palabras que decir, menos ocurrencias que inventar y se le empezó a terminar la esperanza que el gigante sobreviviese así.
-No hay nada que pueda yo hacer por usted, ni nada que me desee pedir, esto no va a ningún lado. En fin, logré recuperar esto entre las cosas que le quitamos al desvestirlo, solo trate de no escapar con un collar, ja- En su cabeza sonaba mejor la broma.
El menudo hombre no se callaba y en la oscuridad no logro distinguir el objeto que le había lanzado hasta que la luz de una antorcha le mostró la piedra roja, lo recordó. No volvería allá, jamás. Tenía que escapar lo más lejos posible, el abismo vendrá, el abismo los absorbió a todos. Lloró
- Vaya, si parece que sí está vivo - El menudo hombre se puso contra la reja improvisada hecha de cáñamo
-Qué si me pasa algo, qué si me pasa algo, le diré lo que me pasa- El caballero tenía una imponente voz, pero su garganta estaba seca. Intentó, pero no tenía nada que vomitar- Le diré lo que me pasa, tengo miedo, y este miedo me perseguirá por el resto de mi vida- Llorando cayó al suelo teniendo cuidado de no romper sus ataduras
-Un gigante como usted, a qué le tendría miedo
-Lo he visto- Miles de imágenes profundas llegaron a su mente, el olor a la putrefacción, a la muerte, a la sangre. El sonido, no podía sacarlo de su mente, los gritos de dolor, de tortura, de fallecimiento.
- ¡Lo vi, allí está, es la oscuridad, vi el infierno, de allá vengo y el infierno me persigue, el infierno vendrá y nos engullirá a todos! - El caballero rompió el cáñamo y se lo enterró en el costado. El estruendo derrumbo la celda subterránea y despertó en medio de la noche a los habitantes del tranquilo asentamiento.