Julio Los nervios me habían invadido una vez que habíamos despegado desde la ciudad de México, muchos pensamientos llegaron a mí cuando recordé que vería a Nabila de nuevo. Ella estaría viajando a Toronto en un par de días más con el pretexto de visitar a su hermano menor, quien era ahora mi cuñado. —¿Cuándo le vas a decir a Zaid que estás cortejando a su hermana?—me exalté cuando escuché la voz de Luis a mi espalda, cubrí de inmediato la pantalla de mi celular, tensé mi mandíbula y negué. Mi hermano se levantó por completo de su asiento para tomarlo al otro lado del pasillo pero quedando frente a mí. —Sabes que podrías meterte en problemas, Julio. —Ella tiene que arreglar primero unos temas con su familia, quiere prepararlos. —¿Entonces si te vas a cambiar de religión solo por e

