Y si quizá deba estar enojada, pero… Ver esos ojos y esa cara llena de preocupación por no darse cuenta de que he cambiado de look no me permite estar enojada. Como sea con una sonrisa en mis labios y mis ganas de caminar a su lado hacen que lo tome del brazo llevándolo hacia afuera, de ahí apoyada de su brazo ambos caminamos por el anochecer y mientras rodeábamos parte de la hacienda platicamos un poco hasta llegar el punto de no poder caminar, eso es porque aún no me acostumbrado a mi nueva pierna es decir una después de ese tremendo golpe que se llevó la antigua. Aún estoy sorprendida de que gracias a Dios tengo mi pierna. En fin, solo me dedico a detener mis pasos y recargarme en ese barandal el cual es de caballos. — ¿Estas bien? —cuestiona con amabilidad. —Si. Estoy bien es solo

