Habían pasado diez años desde la que pequeña Glasia escuchaba las historias de su madre en la villa brumosa, ahora ella se había convertido en toda una mujer de 18 años de edad. Como todo, la edad adulta había llegado trayendo sus propios problemas.
Glasia era una chica anormalmente bella, tanto que su belleza parecía completamente antinatural, las delicadas facciones de su rostro y su figura parecían haber sido esculpidas por algún artesano, el delicado brillo en su lacio cabello de color n***o era casi hipnótico que, junto a sus alucinantes ojos de tono amatista era capaz de robarle el aliento a cualquiera que la viera.
Desde el primer día estaba claro que su anormalmente buena apariencia solo le traería problemas. Después de todo, ella había escuchado numerosas historias de chicas bellas siendo secuestradas y vendidas a los señores feudales, por lo que decidió usar una mascara tras ver las reacciones de las personas que la vieron cuando llegó a la ciudad. La máscara en cuestión era una mascara blanca con la forma de un zorro.
A diferencia de su madre y su abuela, ella dejo la villa y decidió seguir los pasos de su padre antes que ella, fue por eso que ella se convirtió en aventurera. Glasia era una habilidosa aventurera y a pesar de que ocupaba los rangos bajos de la jerarquía junto con su grupo ella todavía era una maga muy competente.
Su grupo se llamaba “Silver Shield”, tristemente no era un grupo particularmente destacado pese a sus numerosas hazañas completadas. Simplemente era inevitable que no fueran tan conocidos al ser un grupo de aventureros en el rango D.
Si clasificación no era muy alta, solo por encima del rango E y el rango F. Básicamente no eran nada memorable, pero tampoco eran principiantes.
Ella y su grupo residían en una de las principales ciudades del reino humano, una pintoresca ciudad llamada Amurg. En realidad, Amurg no era un lugar particularmente grande, pero todas las ciudades que contaran con una iglesia, un puesto de guardia y un gremio de aventureros se consideraban como ciudades. Por lo demás, uno podía ver casas de madera de estilo colonial y una o dos propiedades de piedra pertenecientes a familias nobles.
En el centro de la ciudad era fácilmente visible la iglesia al ser el edificio más grande con diferencia y justo frente a ella el gremio de aventureros que también funcionaba como taberna, ahí era donde se encontraba Glasia sentada en una mesa junto con sus dos compañeros de grupo, Osmar y Selina.
—Uhm… me pregunto qué misión deberíamos tomar —mencionó un pensativa Glacia mientras que sujetaba una jarra repleta de agua y apoyaba su mejilla sobre la mesa con aburrimiento —No hay tantas misiones de rango D en el tablero y las que hay están bastante lejos…
—¿No es esta una buena oportunidad para que regreses momentáneamente a tu pueblo? —sugirió Osmar mientras dejaba caer pesadamente su jarra de cerveza sobre la mesa —Ya llevas dos años con nosotros y en todo ese tiempo no has vuelto a tu hogar ni una sola vez, ¿no? A diferencia de Selina y yo, tengo entendido que tú todavía tienes familia.
Osmar era un hombre con un físico impresionante y 188 centímetros de altura respaldando so osco comportamiento. Portaba una armadura pesada característica de alguien acostumbrado a recibir mucho daño en batalla, su cabello era corto con un tono dorado y sus ojos azules.
Por otro lado, Selina también llevaba una mascara que solo tapaba su boca y una indumentaria ligera cintrada en la movilidad, unas pocas cadenas decoraban su cuerpo que era ligeramente visible a través de la cota de malla ligera que protege su pecho. Por lo demás, su cabello era castaño oscuro y sus ojos de color verde.
Glasia por su lado, portaba su característica mascara de zorro y una túnica gris bastante holgada, la cual estaba pensada más en ocultar su cuerpo que en protegerla, por lo que se veía un tanto graciosa al llevar ropas que le quedaban grandes.
—Sí, pero tardaría una semana en llegar hasta allá, aparte no es como que mi madre estuviese muy feliz con mi decisión de convertirme en aventurera y dejar la villa, ¿sabes?
—Así que solo quieres evitar discutir con ella, eh.
—Así es —Respondió Glasia antes de empezar a pasar su dedo por el borde de su baso a modo de juego.
—Si todavía tienes familia deberías ir a visitarlos en lugar de ser una niña caprichosa —dijo Selina con disgusto sin ocultar su molestia ni un poco.
—Vamos, no seas así Selina. Cada persona tiene sus propias circunstancias —menciono Osmar para suavizar la conversación. Después de todo, esa pequeña discusión de alguna manera era culpa suya.
—Como digas —Selina parecido perder el interés y empezó a ver el lugar.
—Entonces, ¿deberíamos revisar las peticiones en el tablero nuevamente? —preguntó Osmar a sus compañeras.
—Esa parece una buena sugerencia, tampoco es que tengamos nada mejor que hacer —tras decir esas palabras Glasia se levantó de su asiento y se dirigió al tablero, mientras sus compañeros hacían lo propio.
Tras unos cuantos pasos las tres siluetas se alinearon frente al tablero de peticiones y empezaron a buscar algo que no estuviera demasiado lejos de la ciudad.
—Mira, tal parece que a las afueras hay un Behemoth que debe ser cazado pera mantener segura la propiedad de uno de los nobles de la ciudad —Osmar encontró un anuncio que llamó su atención.
—Vamos, esa es una misión rango A para tres grupos, moriríamos si participáramos.
—Podríamos unirnos a dos grupos rango A y aumentar así nuestro rango y posibilidades de éxito.
—No lo creo, esos tipos jamás lo aceptarían. Además, no puedes saltarte la normativa del Gremio. Solo podemos aceptar misiones un rango por encima de nuestra clasificación bajo nuestro propio riesgo — Selina dio una rotunda negativa a la sugerencia de Osmar —Uhm… —luego pareció que algo llamó su atención —Un grupo de bandidos ha sido visto en las cercanías del Valle de la luna… ¿no es así donde vive tu familia? Aparte parece que hay otra solicitud para subyugar un Wendigo por esa misma zona… ¿No es una buena oportunidad para hacer una misión y ver si tu familia está bien?
—Está decidido, tomaremos la misión de los bandidos — Osmar prácticamente lo decidió unilateralmente.
—¿No pedirán mi opinión? —mencionó Glasia algo molesta.
—No, tengo ganas de conocer el lugar en el que creciste —respondió Osmar —Además. hay rumores que por ahí hay unas ruinas y podríamos encontrar algo interesante en ese sitio.
—Ni te molestes Osmar, en esas ruinas no hay nada.
—Olvidé que creciste ahí. Como sea, de todas formas, quiero conocer ese sitio.
—Ah, como quieran. Sin embargo, les prohíbo ir a mi casa.
—Vamos no seas tan mezquina, Glasia.
—¡Cállate Osmar!
Como fuere, el objetivo había sido seleccionado y en el corazón de Glasia más que inquietud, había incomodidad. Después de todo no había vuelto a su casa desde hace dos años y tampoco es que el lugar estuviese tan lejos.
En el mundo de los aventureros una semana de viaje era incluso algo razonable, el problema es que como Glasia se había peleado con su madre no savia como mirarla a la cara y más cuando su madre le entregó varias monedas de oro antes de que se marchara para que pudiera vivir.
Fue solo después de llegar a la ciudad que Glasia descubrió que las 40 monedas de oro que su madre le había entregado eran en realidad vienes muy valiosos al darse cuenta que un grupo de aventureros de rango D solo podrían reunir esa cantidad tras dos años de duro trabajo.
Ella sentía algo de vergüenza al darse cuenta que sin el dinero que le había dado su madre probablemente no hubiese podido salir adelante por su cuenta.
Ellos se unieron a uno de los carros de comercio para que los llevara. Esta no era una practica poco común, ya que los comerciantes siempre estaban contentos de tener protección prácticamente gratuita y brindar a los aventureros algo de espacio en sus carros y un poco de comida, era un bajo precio por la seguridad que estos últimos proporcionaban.
El carro se veía como una carreta de madera bastante grande que con la fuerza de cuatro caballos jalaba la gran cantidad de bienes que solían transportar los comerciantes que regularmente eran acompañados por varios grupos de aventureros que fuesen en una dirección afín para cumplir sus misiones asignadas.
Básicamente era un acuerdo no escrito entre ambas partes para cumplir sus respectivos propósitos. Por supuesto este acuerdo tenía vacíos legales y había habido varios incidentes, por ejemplo, bandidos fingiendo ser aventureros y cosas por el estilo. No obstante, todavía valía la pena el riesgo y por eso ese sistema seguía manteniéndose.
Así Glasia y su grupo se subieron al carro en el que pasarían una semana antes de llegar a su destino.
—Ahora que lo pienso, ¿qué deberíamos hacer si nos topamos con el Wendigo? —preguntó una reflexiva Glasia.
—No lo sé, esas criaturas llevan una poderosa maldición y si te lastiman pueden convertirte en uno de ellos también… Supongo que si no tenemos opción lo enfrentaremos, pero nuestras habilidades no son adecuadas para algo así. Por ese motivo evitaremos que eso pase tanto como sea posible.
—Ese me parece un buen plan a seguir —secundó Selina.
—Está bien, lo entiendo. Evitar el Wendigo y cazar a los bandidos, lo tengo.
Glasia preparó su inquieto corazón y luego como si fuese algún hechizo, la inactividad durante el vieje hizo que le entrara sueño y tomó una de muchas siestas que tomaría durante el viaje.
Por lo demás, el viaje transcurrió sin complicaciones hasta que llegaron a las cercanías del valle de la luna. Lastimosamente el comerciante no se dirigía a ese sitio, por lo que en un lugar relativamente cercano a la villa brumosa fue donde se despidieron del carro de comercio y se prepararon para una caminata de ocho horas hasta su destino.
Así el día transcurrió mientras hablaban de todo tipo de temas sin importancia y ese fue el caso hasta que la noche empezó a bajar su dulce manto sobre la tierra y finalmente algo que no habían notado por la luz del día finalmente fue visible.
Desde la villa en el que vivía la madre de Glasia eran visibles una gran cantidad de llamas lo cual solo podría significar malas noticias.
—G-Glasia… —dijo Osmar dubitativo al ver esa luz característica a la distancia —Corrígeme si me equivoco, pero… ¿Este es tiempo para algún festival en la villa brumosa?
—No, ¿por qué lo preguntas? —Glasia preguntó algo extrañada.
—Mira —Osmar señalo la dirección de la luz —Eso es fuego…
—¡¿Qué?! ¡No puede ser! ¡Mamá! —Glasia gritó eso antes de echarse a correr desesperadamente hacia el lugar.
Su corazón palpitaba más y más completamente lleno de malos pensamientos. Lo único que podía hacer Glasia mientras corría era pedirles a los dioses que su madre estuviese bien.