bc

La Profecía de los Dioses Antiguos...

book_age16+
315
SEGUIR
1.1K
LEER
misterio
mitología
like
intro-logo
Descripción

En un Egipto dominado por un falso salvador, dos jóvenes cargan con un destino que no recuerdan.

Ella sueña con templos en ruinas y con un hombre al que nunca ha conocido.

Él escucha una voz que lo llama desde las arenas del desierto.

Lo que ignoran es que no son simples humanos: son la reencarnación de Isis y Osiris, los antiguos dioses traicionados y destruidos por Seth, quien ahora gobierna el reino oculto tras el título de "El Elegido".

Separados desde su nacimiento para protegerlos, crecen en mundos opuestos. Pero el pasado comienza a despertar en forma de visiones, profecías prohibidas y una atracción imposible de resistir.

Seth hará todo por impedir su reencuentro, porque sabe que si recuerdan quiénes fueron... su reinado terminará.

Entre conspiraciones, magia antigua y un amor que desafía al tiempo, Isis y Osiris deberán decidir si aceptan su destino o si rompen el ciclo de muerte y traición que los une desde la eternidad.

Porque algunos amores no mueren.

Solo esperan volver a encontrarse.

chap-preview
Vista previa gratis
El peso de la corona y la sangré
Recuerdos del pasado I El aire del balcón del palacio de granito estaba impregnado de mirra y lotos. El perfume era tan intenso que parecía querer ocultar la verdad: Egipto, bajo el sol implacable, no era un reino, sino una jaula de oro. —Tienes que entenderlo, Seth. De una vez por todas. Mi voz sonó firme, aunque mis manos temblaban bajo los brazaletes. Me giré hacia él. Su figura era un muro contra el cielo azul, sus ojos tormentosos, una mezcla imposible de furia y adoración. —Confundiste mi amor —continué, obligándome a sostener su mirada—. Lo que siento por ti es la lealtad de una hermana. Tú lo transformaste en obsesión. Y esa obsesión nos está destruyendo a ambos. Seth avanzó un paso. El aire se volvió más pesado, como si su divinidad quemara la atmósfera. —Estamos destinados, Isis —gruñó, y su voz sonó como un trueno lejano—. Los hilos de la vida nos tejieron juntos antes de que el primer grano de arena cayera en el Nilo. —Eso es lo que tú creíste y solo te lo imaginaste en tu mente. El destino no se fuerza, Seth —respondí, cansada—. ¿Crees que porque compartimos sangre puedes decidir mi vida? ¿Crees que mandas en mi corazón? Un silencio tenso nos envolvió. Recordé los siglos de lucha interna: el odio inicial hacia Osiris, impuesto como mi esposo por los dioses mayores. Lo odié porque no tuve elección. Pero el odio se transformó en amor, lento como el Nilo en sequía, inevitable como la marea. Seth lo sabía. Y lo odiaba. —Es verdad —dijo con una calma helada, que hasta a mí me asustó un segundo—. Sé que no tengo tu amor. Sé que mi hermano ha sembrado su semilla en tu corazón. Pero no pierdes nada con intentarlo y darte cuenta de que solo a mí me amas y siempre me amaste, que Osiris con engaños obtuvo lo que siempre tendría que haber sido mío. Se acercó. Sus dedos rozaron mi barbilla con una ternura peligrosa y sus ojos me dijeron tantas cosas en un segundo. —Eres infeliz, Isis. Este matrimonio es y va a ser una farsa desde el momento en que te cases con él. Yo puedo darte libertad. Vámonos lejos. Una vida sencilla, sin coronas ni templos. Yo tengo amor suficiente para los dos. Por un instante, la visión me tentó: una cabaña junto a un río desconocido, noches sin profecías, sin peso divino. La tentación ardió en mi pecho. Pero la realidad fue más fuerte. Seth no quería una vida humana: quería poseer a una diosa. Y su ambición condenaría al mundo. —No —susurré, apartando su mano de mi cara—. No puedo condenar a la humanidad por un capricho y por algo que jamás va a pasar. Su rostro se endureció. —Está bien. Te daré tiempo. Pero recuerda: mi paciencia tiene un límite. Como hombre, puedo esperar. Como Dios... mi espera será el precio que el mundo pagará. Lo vi alejarse, su capa ondeando como una amenaza. Corrí a mis aposentos, con el corazón golpeando contra mis costillas. No sabía que en aquel balcón acababa de sellar mi destino. El fin de una era de luz. El comienzo de una era de sombras y sangre está por comenzar con una sola decisión. *** En el templo de Karnak, los sacerdotes murmuraban entre columnas gigantes. Habían visto la tensión en el palacio, y temían que el equilibrio divino se quebrara. —El dios Seth no se resignará —dijo el sumo sacerdote, con voz grave—. Su ambición es más fuerte que la arena del desierto. —¿Y qué hay de Isis? —preguntó otro—. ¿Podrá resistir la tentación? El silencio fue la única respuesta. ** En las calles de Tebas, los rumores corrían como fuego. Los campesinos hablaban de un dios que prometía libertad, de un hermano que desafiaba al trono. Algunos lo veneraban, otros le temían. —Dicen que Seth quiere arrebatarle la corona a Osiris —susurró una mujer, mientras llenaba su cántaro en el Nilo. —Dicen que Isis duda —respondió otra—. Y si ella vacila, ¿qué será de nosotros? La sombra (Osiris) A veces observo a Isis desde las columnas, donde la luz no me alcanza. Los hombres murmuran que nuestra unión es una abominación, pero no comprenden: somos dos mitades de una misma eternidad. Todo poder exige un precio. Todo gran amor está condenado. Cuando la veo con Seth, no me sorprende. Conozco su hambre, su ambición, su sed por ella. Lo que me aterra no es su traición... es mi propio destino. Si Isis se aparta de mi lado, no habrá dios ni hombre capaz de contener la oscuridad que yo mismo desataré. Porque un rey sin su reina no es más que un monstruo con corona. El sueño de Isis Esa noche, el incienso ardía en mi aposento como si quisiera ahogar mis pensamientos. Me recosté, pero el sueño llegó cargado de sombras. El Nilo apareció ante mí, inmenso, pero sus aguas ya no eran doradas: estaban teñidas de rojo. Los lotos flotaban marchitos, y en la orilla, los cuerpos de hombres y dioses se confundían con la arena. Una voz resonó en el viento: —El equilibrio se rompe. La corona pesa más que la sangre. Vi a Osiris de pie, con la mirada fija en mí. Su rostro estaba cubierto por una sombra que no era suya. Tras él, Seth se alzaba como un gigante, con ojos ardientes y una sonrisa que partía la noche en dos. —El destino no se detiene —susurró la voz—. Lo que fue escrito volverá a cumplirse. Intenté correr hacia Osiris, pero mis pies se hundían en la arena. Cada paso era un grano de eternidad que me arrastraba hacia abajo. Seth extendió la mano, y el cielo se quebró en mil relámpagos. Entonces, los dioses mayores aparecieron como figuras de piedra. Sus ojos eran estrellas apagadas. Uno de ellos habló: —Isis, hija del cielo, tu elección decidirá el precio que pagará la humanidad. El Nilo rugió como un animal herido. La sangre se mezcló con las aguas, y comprendí que aquel sueño no era una ilusión: era una advertencia. Desperté con un grito ahogado, el corazón golpeando contra mis costillas. El incienso aún ardía, pero el aire estaba helado. Afuera, el río murmuraba como si repitiera las palabras del sueño.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Wolf Academy. Y la maldición de los Alfas

read
3.4K
bc

La verdadera mate del Alfa

read
33.1K
bc

La alfa Danna, reina de los lobos sin humanidad y los lobos desterrados

read
83.2K
bc

Una Luna Alfa solitaria.

read
9.9K
bc

La Venganza De La Ex-Luna

read
3.5K
bc

Príncipe Reagan

read
20.2K
bc

La Esclava Del Lobo Alfa

read
11.9K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook